Aceptando a los tacones

Aún no logramos descifrar la verdadera cara que Cupido nos pone a las espaldas

Antes que nada, quiero agradecer a mis lectores que, en un hermoso afán de congraciarme como doctora corazón, me envían sus inquietudes y me piden una opinión. Espero ser de ayuda, pues aunque me apasiona el tema de las relaciones amorosas, no tengo la verdad absoluta. De corazón, agradezco su confianza.

Ahora sí, a lo que nos truje; El amor es la gran incógnita del ser humano y, aunque vivimos y convivimos con él continuamente, es la fecha que no logramos descifrar la verdadera cara que Cupido nos pone a las espaldas. Mi experiencia me ha dictado que, pese a todas las fórmulas con las que intentamos sumar y restar el amor, si hay una que debe ser la A en A+B=C es la aceptación. Durante 30 años he cultivado cierta forma de ser, pensar, actuar y reaccionar, eso es lo que nos conforma una personalidad y criterio por encima de donde jamás podemos dejar pasar a nadie por más que amemos. El amor propio es el principal pues, aunque suene trillado, no podemos esperar a que nadie nos ame si nosotros no nos amamos en primera instancia. Con eso claro, con la autoestima no por arriba ni por debajo, sino en su lugar pertinente, podemos comenzar el camino de conjuntar vidas y ver si funciona.

Cuando dos personas deciden unir sus caminos o, viéndolo desde otro ángulo, compartir una ruta de vida a la que los dos aparentemente se dirigen. Buscar enamorarse de un ideal es el error número uno, sobre todo nos sucede a las mujeres. Cuando no aceptamos a la persona tal y como es, sino que buscamos cualidades específicas dentro de un ser que no las tiene, vamos a tener todos los problemas imaginables.

Casi todas hemos enfrentado la siguiente escena:

Cirila: ¿Es que tú por qué eres de tal forma?

Cirilo: Porque así soy y no voy a cambiar.

Aunque la respuesta tiene mucho tinte de hostilidad, también tiene un aspecto justificable. Una persona que nos ama nos acepta tal y como somos, en aras de mejorar la convivencia ambos somos flexibles en algunos aspectos y se pueden cambiar ciertas situaciones, pero la esencia de una persona nunca la podemos cambiar.

El problema de la mitad de los divorcios y agarrones de greña son porque no tenemos la menor idea de escoger, estamos esperando conocer a alguien perfectamente a la misma velocidad y eso es imposible.

No podemos pretender pasar nuestra vida con alguien que no conocemos, no falta el primerizo que se casa en el rush del enamoramiento y comete el peor error de su vida. Actualmente divorciarse o separarse no representa ningún contratiempo, “si no me gusta, pues me separo” y en esa premisa nos basamos para tomar el matrimonio como un juego. Para lograr una buena relación debemos conocer a la persona: sus demonios, sus manías y buscar enamorarnos de ese lado oscuro, tanto o más que de su cara bonita. Yo digo que en el primer matrimonio se aprende y en el segundo se aplica, léase matrimonio al siglo XXI: arrejunte, concubinato etc. Pero después de que nos pasa la nube rosa del amor es cuando comenzamos a evaluar a una persona y, con cabeza fría, decidir si nos conviene según nuestro tipo de vida.

Así que, para concluir, yo los invito a que aprendamos a conocer a la persona que es nuestra pareja antes de visualizarnos a futuro, antes de tomar decisiones a largo plazo, sepamos a quién invitamos a compartir el clóset.

Twitter: @AlasdeOrquidea

FB: alasdeorquidea@gmail.com

Temas: