Medalla ALDF a José Agustín

Pocos reconocimientos tan merecidos como la Medalla al Mérito que ha decidido otorgar la Asamblea Legislativa del Distrito Federal a José Agustín, quien ha sido el gran cronista de la vida capitalina, al menos de varios aspectos de ella, no sólo de la clase media ...

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

Pocos reconocimientos tan merecidos como la Medalla al Mérito que ha decidido otorgar la Asamblea Legislativa del Distrito Federal a José Agustín, quien ha sido el gran cronista de la vida capitalina, al menos de varios aspectos de ella, no sólo de la clase media narvartiana (de la colonia Narvarte), como alguna vez dijo entre bromas y veras don Fausto Castillo, sino de nuestra juventud urbana. Esa crónica, desarrollada desde la década de los sesenta, ha ganado una vigencia que parece inconmovible. Libros como La tumba o De perfil a más de cuatro décadas de publicados se siguen leyendo con verdadero fervor por la gente que tiene entre 15 y 30 años y releyendo por quienes éramos jóvenes cuando aparecieron esos títulos. El secreto está en que Agustín captó como nadie las inquietudes, dudas y pulsiones de la adolescencia, como lo demuestra el hecho de que su obra de teatro Abolición de la propiedad se siga representando, tanto en la Ciudad de México como en los estados, para beneplácito de un público eminentemente juvenil, con dirección y actuación de muchachos que se ven reflejados en esa pieza. Porque José Agustín Ramírez Gómez Maganda es un retratista del ánimo juvenil, de los deseos de cambio y del eterno afán de cada ser humano por hallar su lugar en el mundo.

La literatura de la Onda y su lenguaje

Pese a que suele considerársele el sumo sacerdote de la literatura de la Onda, José Agustín se ha negado sistemáticamente a ser encuadrado en esa corriente. La característica principal de la Onda era, para quienes sólo veían la superficie, el “escribe como hablas”, la recolección de giros populares, del caló juvenil y de las llamadas groserías, aunque en eso de las “malas palabras” la literatura mexicana tenía camino andado. La oposición de Agustín se derivaba de que Margo Glantz había dividido la producción de los jóvenes escritores de fines de los sesenta en “onda y escritura”, poniendo en el primer cajón a los transgresores y en el otro a los bien portados con el lenguaje. Lo cierto es que el lenguaje de la Onda no era nada más una inclusión mecánica de los giros juveniles, sino una complicada reelaboración consciente del habla popular, un procesamiento idiomático que requería de oído, lecturas y mucho talento, tanto, que esa forma de expresión guarda su vigencia en la parla imberbe y, sobre todo, en los libros de José Agustín, que mantienen una altísima demanda que obliga a los editores a su continua publicación. Es un señor escritor y la medalla es más que merecida. Lo que sigue es el Premio Nacional. Ya es hora de que lo reciba alguien sin ínfulas académicas. Un escritor-escritor.

Grabados y obra de Juan Pablos

Apareció Los grabados en la obra de Juan Pablos. Primer impresor de la Nueva España 1539-1560, libro de la investigadora María Isabel Grañén Porrúa, con prólogo de Clive Griffin y anotaciones de Juan Pascoe. Es un libro que viene a despejar dudas, a enmendar errores y responder no pocas preguntas que se hacen los interesados en la historia mexicana de los impresos. La autora aclara que, contra lo dicho por García Icazbalceta, las prensas de Juan Pablos nunca estuvieron en la esquina de Moneda y Licenciado Verdad, donde la Universidad Autónoma Metropolitana se empeña en mantener la impostura, pues llama a ese inmueble “Casa de la primera Imprenta”. Otro descubrimiento de Grañén Porrúa es que la Relación de espantable terremoto, considerado desde siempre como nuestro primer texto periodístico, no fue impreso aquí, pues no hay otros papeles novohispanos donde aparezcan los mismos motivos tipográficos. Muy ilustrativas resultan las notas de Juan Pascoe, el célebre impresor-investigador. El libro abunda en aportaciones y aclaraciones más que pertinentes, pero con las citadas bastaría para justificar la bellísima edición que lleva el sello del Fondo de Cultura Económica junto al de Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas y el apoyo, suponemos, de la Fundación Alfredo Harp Helú. El diseño del volumen, de gran refinamiento, es de Gonzalo García Barcha, quien contó con la colaboración de José Luis Acosta y de Cristóbal Henestrosa, nuestro mayor experto en tipografías coloniales. Un acierto en todos sentidos.

Breviario…

En el teatro Coyoacán, el próximo viernes a las 11 horas, Héctor Anaya celebra el Día del Niño y sus diez años como escritor de obras infantiles. Estará ahí Mario Iván Martínez y habrá pastel, tamales y otras delicias. *** La exposición 182 Quinceañeras Retratadas por 22 Fotógrafos se inaugura pasado mañana a las 19:45 horas en la Galería Héctor García, de Cumbres de Maltrata 581. *** Anduvo por la Ciudad de México Rubén Matiella, director del Museo de Arte de Sonora, el MUSAS, quien nos informó que esa institución carece de una colección propia. Será bueno que los sonorenses donen obra de valía para ir formando un acervo que buena falta le hace al noroeste del país. *** El sábado murió en esta ciudad la poeta Norma Bazúa (Los Mochis, Sinaloa, 1928), quien estudió letras en la UNAM y publicó una decena de libros, el primero de ellos, De ser, amor y muerte, prologado por Carlos Pellicer. La escritora, quien fue esposa del arquitecto Lorenzo Carrasco y madre de la periodista Marivilia Carrasco, colaboró en revistas y suplementos culturales.

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