Lola y los alacranes
Le explico a mi tía Lola, casi con frijolitos, peras y manzanas, la diferencia entre seguridad pública y seguridad nacional: “Mire, tía le hablo de usted, si en el condominio donde vive hay alacranes y de vez en cuando pican a alguien, usted y las demás personas y ...
Le explico a mi tía Lola, casi con frijolitos, peras y manzanas, la diferencia entre seguridad pública y seguridad nacional:
“Mire, tía (le hablo de usted), si en el condominio donde vive hay alacranes y de vez en cuando pican a alguien, usted y las demás personas y familias tienen un reto de seguridad. Necesitarán más prevención y más control de espacios públicos. Si los alacranes son tantos que ponen en riesgo el funcionamiento y la existencia misma del condominio, entonces todos, hasta los vecinos, tienen un problema de seguridad nacional”.
Aunque no lo consiga, intento dar a la tía ejemplos claros y contundentes. El tema lo amerita. Pero lo más sencillo se ha convertido en lo más difícil. Sobre todo en asuntos de (in)seguridad.
Quisiéramos caminar por las calles, subir a un taxi y perder el miedo a los policías y ahora a los soldados. Todo esto, sin muchos riesgos de ser asaltados por criminales o terminar cosidos a balazos disparados por quién sabe quién.
¿Tomaron en cuenta nuestros legisladores la seguridad que queremos los ciudadanos?
El objeto de la seguridad pública es la protección de las personas. El de la seguridad nacional, el mantenimiento del orden establecido. Avances y retrocesos se medirán por igual en las calles. En las percepciones. En los medios. Y en las urnas.
El priista Alfonso Navarrete Prida ofrece, anticipa, anuncia: “Pagaremos el costo de aprobar la ley”. Y apoya con su partido que se otorguen más facultades al Presidente para declarar el estado de excepción y la suspensión de garantías en alguna zona o región del país.
En la otra franja, detractores de la Ley de Seguridad Nacional alertan: las nuevas facultades serán utilizadas para reprimir cualquier forma de descontento social. Denuncian que se pretende legalizar la militarización. ¿No es también mucho decir?
La seguridad a secas, la que permite hacer la vida diaria, sigue siendo una calamidad. Para el hombre de la calle habrá avance si el nuevo marco jurídico le aporta más capacitación y temple al mando operativo de las fuerzas federales, sean de la Sedena o la Semar o de cualquier otra fuerza pública en funciones. Si percibe menos errores.
También si le ayuda a la tropa a tener mejor puntería. No es justificable la frecuencia de casos tan lamentables como el reciente de Monterrey donde murió el joven Jorge Otilio Cantú, estúpidamente acribillado porque a sus homicidas les pareció “sospechoso” y a quien, ya muerto, le habían sembrado un arma en su camioneta. ¿Quién juzgará a los siete militares arraigados, un juez civil o un tribunal militar?
MONJE LOCO. Las apuestas se dividen. Si se promulga la reforma política aprobada en comisiones y sale avante del pleno e igual del largo viacrucis legislativo por los 31 congresos estatales antes del 30 junio, para entrar en vigor en 2012, o si la fecha se alarga y se va hasta las elecciones intermedias de 2015. Nadie sabe, nadie supo…
Twitter: @JoseCardenas1
