Lo dado y lo construido1 (VI)

Ni la economía personal ni el matrimonio son elementos clave de la emancipación, y menos femenina, porque de ser no es, no existe y si existe no libera del todo.

Súpermujer: Obsesión No. 3 

Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad

no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.

 Mariano José de Larra

La libertad es, sin lugar a dudas, el derecho humano más importante que tenemos, aunque no todos podamos ejercerlo y aunque no todos se sientan poseedores del mismo.

Ser libre tiene muchas y muy variadas connotaciones. La libertad, decía Kant2, es autonomía o autodeterminación de los seres racionales. Kant nunca negó la existencia de la libertad, ni siquiera dudó de ella, la calificó como hecho indubitable, aunque inexplicable. Es más, la colocó siempre con base en un sistema teórico y práctico. Y no se equivocó… todos sabemos lo que es la libertad y su valor, aunque no todos sepamos el aspecto práctico de la misma, es decir, ejercer la libertad.

Las mujeres son especialistas en no haber podido llevar a la práctica lo que por derecho natural les compete. En la mayoría de los casos, no por ellas, sino por lo que su libertad podría generar para otros. ¡Los tiempos han cambiado! Sin embargo, la libertad femenina tiene aún un rostro aparente, no real, poco desarrollado. La razón posiblemente esté arraigada en ese sentido de subordinación permanente, que de cierta forma permite mantener las posiciones y la agnosia colectiva.

La libertad que hoy se vive en diferentes ámbitos alcanza las primeras bocanadas de aire. El siglo XIX la gestó y el XX le ha dado vida. Esperemos tome menos tiempo para que la libertad de las mujeres se emancipe. Porque esta libertad debe aún madurar.

El término emancipación femenina refiere a la liberación de la mujer, concepto creado a partir de la historia, la sociología, la antropología y las ciencias sociales y hace referencia al proceso histórico mediante el cual las mujeres han reivindicado los derechos humanos que durante siglos se les negaron.

Emancipación es la acción de emancipar o emanciparse. Según la Real Academia de la Lengua Española, esto significa: Libertar de la patria potestad, de la tutela o de la servidumbre; o bien, liberarse de cualquier clase de subordinación o dependencia.

Generalmente hemos escuchado de este término en materia jurídica, y sí, la emancipación surge en el derecho romano, haciendo referencia a la liberación de un esclavo por voluntad de su dueño. En la legislación civil federal mexicana la emancipación se encuadra en el supuesto de los hijos menores de edad que contraen nupcias antes de la mayoría de edad. Lo interesante  es, en primera instancia, que para las leyes de nuestro país el matrimonio emancipa… es decir libera (¿?).

La filosofía señala a la emancipación como el proceso de liberación de la humanidad de toda suerte de vínculos: religiosos, políticos, económicos, que impiden la plena realización de los individuos3. Este concepto se utilizó en la era moderna como estandarte del progreso. Progreso que para los pensadores y filósofos posmodernos se quedó en proceso incompleto, tanto como incompleta sigue la idea de la emancipación femenina, esa que sigue a la infinita espera de completarse algún día.

Lo cierto es que la mujer se ha emancipado en parte y sólo algunas. La emancipación requiere, para existir, traer consigo una liberación con respecto de una subordinación o dependencia, exige también liberarse de ciertos

vínculos que impiden la realización personal plena. Visto así, pareciese como si el desarrollo de la libertad de las mujeres se encontrase supeditado a una serie de renuncias voluntarias hacia todo aquello que han venido creyendo que son y no son, o viviendo como no han querido vivir y viven. En cierta forma coincide que las mujeres que han logrado emancipar su libertad o, mejor dicho, ser libres, en primera instancia lo han hecho a partir de sí mismas, creyendo en lo que ellas a su parecer consideran que son y viviendo como quieren vivir.

La emancipación de estas mujeres ha sido resultado de la reinterpretación de su propia vida, han llevado a la práctica la teoría, pues la libertad nace de la elección entre dos bienes y estas mujeres han elegido el autoconocimiento y la autodeterminación en lugar de llenar las expectativas de todos y todo aquello que dictaba su ser, estar y vivir. Estas mujeres han elegido cuestionarse las imposiciones, romper con preceptos culturales, renovarse y renovar el mundo en el que viven. Han encontrado un instante para ser en función de sí mismas y no de los otros.

Estas mujeres emanciparon su libertad, liberándola del silencio, de la pausa, y creyendo en ellas por sobre todas las cosas, para estas mujeres la emancipación de su libertad comenzó en el momento en que eligieron tomar por derecho su vida y vivirla al margen de lo impuesto, de lo que se pudiera o no decir de ellas, perdieron el miedo a ser cuestionadas, rebatidas y asumieron la responsabilidad de su elección.

Es entonces simplista pensar que la emancipación es cosa únicamente de las economías personales o del matrimonio, como si un contrato te hiciese madurar. La independencia no depende de las economías, las economías son parte fundamental de la independencia y de la libertad y no siempre. Es por tanto simplista señalar que la emancipación femenina existe una vez que ésta tiene la capacidad de mantenerse, o bien la oportunidad o el destino de casarse. Si no tiene libertad de pensamiento y libre elección, no será libre.

Ni la economía personal ni el matrimonio son elementos clave de la emancipación y menos femenina porque de ser no es, no existe y si existe no libera del todo.

Seguir hablando de liberación femenina y de emancipación femenina es interesante desde el punto de vista de que hacerlo sugiere que las mujeres siguen subordinadas y dependientes de algo que les impide realizarse. ¿Cuáles y cuántas privaciones viven las mujeres? Es la economía individual, son los padres, sus hombres, sus hijos, las dobles jornadas, la explotación, la violencia, las exigencias… o hasta el aburrimiento de algunas, sus sueños fallidos, o su desidia… pero ahí está implantada la bandera de la liberación y la emancipación femenina en la reivindicación y la conquista de derechos, y a la sombra de la dependencia y la subordinación. Siempre incompleta… siempre en proceso…

En proceso hasta que no asimilemos como sociedad que el esclavo es liberado por voluntad de su dueño, en ejercicio lógico de la génesis del concepto, habremos de resumir, por duro que parezca, que la mujer debe ser liberada por la voluntad de la sociedad, esto implica liberarse incluso de las propias mujeres o del concepto que de ellas se ha venido construyendo.

¿Y cuándo será que surja la voluntad del dueño? ¿Quién es el dueño hoy de las mujeres? Si no las propias mujeres y de no ser así, tendremos que aseverar que hasta la propia emancipación de la libertad femenina es dependiente.

El discurso de la emancipación femenina pareciese ofensivo en la actualidad, pero existe ¡claramente existe! mientras siga existiendo la violencia. La historia del ser humano se ha construido en función del sexo, una serie de vínculos de dependencia y subordinación que afectan directamente a las mujeres, estos vínculos son ideas, conceptos, imágenes, discursos invadidos de silenciosos y hasta insignificantes valores llenos de poder opresor. El machismo pasivo corroe las entrañas de la verdadera libertad de las mujeres y hoy hasta de los mismos hombres.

Todos hemos oído aquello de “yo no soy machista, yo dejo trabajar a mi mujer”. ¿“Dejo”? O las mujeres: “Me dejó salir”; o los hombres: “La llevo de paseo” o “¡Llévame de paseo!”, exigen las mujeres o peor aún: “¡Sácame!” ¿En qué concepto se tienen unos y otras para tener el derecho de dar permisos o disfrazar la dependencia y la insuficiencia en una banal “exigencia”?

La libertad de las mujeres no puede estar sujeta a ninguna condición, dependencia ni subordinación, a nada ni a nadie. La libertad es la ausencia de ataduras, es la capacidad de realización personal al grado máximo, es la conquista de uno mismo. La libertad femenina exige que las mujeres se “emancipen y se liberen” en primera instancia de ese cúmulo de vínculos fantasmas impuestos socialmente y por voluntad propia. La libertad comienza igual que cualquier otro valor, otra idea… en la mente, en el pensamiento, en el empoderamiento del concepto, en su asimilación y en la valentía a toda costa de su ejercicio y defensa.

Si las mujeres no empiezan por ejercitar el concepto de la libertad en sus mentes, lejos estamos de que sea aplicado en sus vidas. Las leyes no son suficientes y la costumbre nos condena con más fuerza, de no ser capaces de comenzar por ellas mismas en la imposición de límites que dejen de situar a la mujer como “incapaz”, poco queda por hacer.

En este espacio se han presentado tres obsesiones de las Súpermujeres. La primera: perfección. La segunda: superarse. La tercera: ser libre. Son obsesiones porque una obsesión es aquello que causa perturbación anímica producto de una idea fija y es también esa idea que con tenaz persistencia asalta la mente. Es vivir fuera de la realidad negar que las mujeres carecen de estas obsesiones, tácita, explícita o como sea que estén, están y existen ahí, en su mente, dónde todo se origina, dónde todo es posible.

Ser Súpermujer es también sólo una idea impuesta que nos ha ganado a la razón y a la voluntad, es también un constructo social y es también una servidumbre y una dependencia. Ser lo mejor que pueda llegar a ser siendo quien es, es lo mejor que puede hacer y será por usted y para usted.

Sólo la razón y la voluntad nos diferencian de los demás seres vivos. Dotados de esas dos cualidades estamos, de todas depende empezar por una misma a emancipar la libertad que nos es propia.

* Egresada de la maestría en Periodismo de la Universidad Anáhuac México Sur. Licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Maestra en Ingeniería en Imagen Pública.

Twitter: @paolaboullosa/Email: paolaboullosa@hotmail.com

1 Este título hace referencia a la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949, de dónde nace su famosa frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

² Nicola Abbagnano. Diccionario de filosofía. Ed. Fondo de Cultura Económica. México, 2007.

³ Dagoberto D. Runes. Diccionario de filosofía. Ed. Tratados y manuales. Grijalbo. Vigésima reimpresión. México, 2004.

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