Socializar el riesgo por un interés particular 

Por ejemplo, en el tercer trimestre de 2017 el tipo de cambio del peso argentino y el peso mexicano frente al dólar era similar, ambas monedas se cotizaban en 18 pesos por dólar

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A pesar de que la pandemia ha llevado a México y al mundo a la peor crisis económica de la era moderna el sistema financiero mexicano ha logrado resistir y el país no ha experimentado un problema de solvencia e incluso la moneda ha podido beneficiarse de la debilidad del dólar. Uno de los pilares que explican dicha fortaleza es el Banco de México que desde que obtuvo su autonomía en abril de 1994 ha logrado construir un gran prestigio y solidez internacional y desde entonces hasta ahora no había tenido una intromisión. El asunto no es menor, si México se refleja en el espejo de Argentina una de las grandes diferencias que se encontrará es que mientras el banco central mexicano ha tenido tan sólo cuatro gobernadores, en el país sudamericano han tenido más de diez, lo que refleja que los presidentes de aquella nación no han sabido resistir la tentación de intervenir en la política monetaria y los resultados están a la vista. Por ejemplo, en el tercer trimestre de 2017 el tipo de cambio del peso argentino y el peso mexicano frente al dólar era similar, ambas monedas se cotizaban en 18 pesos por dólar. Hoy el dólar en Argentina se cotiza en 146 pesos mientras que en México se ha estado cotizando alrededor de 20 pesos. La inflación de Argentina en estos años ha estado en doble dígito, llegando hasta 53 por ciento a tasa anual en 2019, en México no preocupamos cuando anda arriba del 4 por ciento. Hasta ayer el Banco de México no había tenido interferencias con su misión y aunque la intromisión en su misión no se da por la política monetaria si pone en peligro su prestigio por un objetivo no muy claro. 

La justificación que supuestamente mueve la iniciativa para que el Banco de México integre a las reservas internacionales los dólares en efectivo que hay en nuestro país es atender a los migrantes que tienen problemas para cambiar los dólares que traen a México, sin embargo, dicho argumento tiene muchos puntos flacos. Más allá de los números que ha compartido el Banco de México y que han sido respaldados por la Asociación de Bancos y que plasman que el problema afecta tan sólo al 1 por ciento del volumen de las remesas se podrían fortalecer los mecanismos que actualmente tiene la banca comercial en México para recibir la divisa estadounidense en acuerdo con los corresponsales cambiarios. ¿Cuál sería el problema de fortalecer dicha cooperación? El contraargumento no aparece entre los legisladores. ¿Qué tal utilizar la tecnología para la trazabilidad e incluso bajar la comisión de las remesas desde allá? Si se quisiera ser disruptivo habría que ver opciones como Bitso, que es la mayor plataforma de criptomonedas en América Latina, el miércoles que platiqué con su fundador me decía que ellos ya han transaccionado mil millones de dólares de remesas en lo que va del año. En la parte técnica tampoco hay argumentos de los  senadores.   

Si el objetivo fuera hacer justicia a los mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos habría que entrar al tema de las comisiones por remesas o garantizar que cuando los paisanos regresen a México no sean extorsionados y robados, tanto por autoridades como por criminales y que por lo tanto prefieran mandar el dinero desde allá pagando comisión que apostar a ocultarlo en el calcetín.  

El motor de la reforma que pone en riesgo el prestigio del Banco de México tiene un motor distinto y no es el turismo, hasta ahora no he visto a las organizaciones turísticas involucradas en el tema. El motor de la iniciativa es otro, alguna entidad o entidades que se han quedado con dólares porque perdieron la capacidad y confianza de su corresponsal, obvio esa entidad no es una organización criminal, esa entidad tiene una evidente capacidad de cabildeo. Un dicho muy común es que en tiempos de crisis se socializan las pérdidas mientras que las ganancias son privadas, en este caso se socializa el riesgo por intereses privados.  

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