El volcán Paricutín: esplendorosas imágenes del monstruo de roca

Al paso de las primeras 24 horas se formó un montículo de casi 30 metros de altura. Tres días después duplicó su tamaño

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El volcán Paricutín: esplendorosas imágenes del monstruo de roca

Durante el azaroso surgimiento del volcán Paricutín, Excélsior dio amplia cobertura al histórico acontecimiento, el resultado fue la obtención de grandiosas postales dignas de admirarse.

Parangaricutiro era un municipio de apenas 5 mil habitantes, en su mayoría indígenas purépechas, cuya principal actividad económica se basaba en la agricultura y la ganadería.

Días antes de las primeras señales geológicas del surgimiento del nuevo volcán, se presentaron múltiples sismos de diferentes intensidades en la región. Los pobladores reportaron haber escuchado feroces crujidos provenientes de las profundidades del suelo. 

EL ORIGEN DE UN MONSTRUO

Eran casi las 5 de la tarde del 20 de febrero de 1943; todo transcurría con normalidad en el maizal de Dionisio Pulido, ubicado en los alrededores del pueblo de Paricutín, en el estado de Michoacán, al oeste de México.

De pronto, el señor Pulido notó que se había formado una grieta en el suelo de donde emanaba una intensa columna de humo. Debajo de la tierra se escuchaban ruidos. Crujidos. Como si una extraña fuerza quisiera salir del subsuelo. Apareció una espesa cortina de humo que oscureció el paisaje de la comunidad ocultando el firmamento. 

“Hace erupción un volcán: hay que evacuar todo un pueblo”, así informó Excélsior lo ocurrido en su edición del 21 de febrero.

Con el paso de las horas comenzaron a presentarse pequeñas explosiones. Rocas de diferentes tamaños brotaban y, al mismo tiempo, caían de manera violenta acumulándose al tiempo que los gases salían sin cesar de las fisuras casi convertidas en enormes surcos deformes. Los estruendos subterráneos no cesaban al tiempo que las alteraciones terrestres eran más tangibles.

EL DATO: El volcán Jorullo nació en septiembre de 1759 en una región michoacana, tuvo alrededor de 15 años de actividad y actualmente se encuentra inactivo 

Al paso de las primeras 24 horas se formó un montículo de casi 30 metros de altura. Tres días después duplicó su tamaño y, así fue elevándose gradualmente con el tiempo hasta conformarse una montaña de gran proporción con más de 400 metros de alto. Entre las extensas corrientes de lava podía divisarse el cráter de dimensiones colosales.

El fenómeno natural obligó al desalojo de los pueblos aledaños, reubicándose cientos de indígenas purépechas en diferentes comunidades como Zamora, Uruapan o Los Reyes, incluso en las zonas limítrofes del estado. Otra fuerte cantidad de personas quedaron en calidad de damnificadas al perder sus viviendas y fuentes de trabajo.

Los ríos de lava recorrieron alrededor de 10 kilómetros sobre lo que fueron parcelas de cultivo hasta dejar sepultados los pueblos de Paricutín y San Juan Parangaricutiro en medio de un apocalíptico panorama de devastación formado por roca volcánica, ceniza y fuego.

Gracias a que la manifestación geológica ocurrió de manera lenta, la evacuación pudo llevarse a cabo a tiempo sin pérdidas humanas que lamentar. Poco después los habitantes establecieron una comunidad, posteriormente convertido en municipio, llamado Nuevo San Juan Parangaricutiro. 

EL DATO: Al mismo tiempo, el volcán Popocatépetl entró en actividad al emitir una densa fumarola. La montaña humeante fue observada al momento de arrojar materiales en forma de vapor y ceniza.

El abrupto nacimiento del volcán que, posteriormente llevó el nombre de Paricutín (en purépecha, 'lugar al otro lado'), causó estragos en los estados circundantes a Michoacán. En la Ciudad de México, se registró una serie de sismos y la ceniza tapizó las superficies de varias alcaldías, situación que generó un estado de emergencia en la capital del país. Los temblores se extendieron por varios estados de la República. 

“Haciendo honor al nombre de la población michoacana donde ha brotado un volcán, el Instituto de Geología, después de detenidos estudios, ha creído conveniente bautizar al igniscente recién nacido, con el nombre de “Paricutín”, que se acerca lo más posible al de Parangaricutiro”, puede leerse en los registros periodísticos de este diario. 

EL DATO: Además, en marzo se generó un acta de nacimiento del nuevo volcán, convirtiéndose en el primero en el mundo en contar con un documento de identidad.

Entre los primeros periodos de crecimiento del volcán se presentaron algunas plagas y crisis sanitarias derivadas de la emanación de gases ocasionando el deterioro del ecosistema, así como la flora y la fauna de los alrededores.

La actividad eruptiva del Paricutín no se detuvo por nueve años con diferentes fases con emisión de gases, expulsión de material incandescente y ceniza acompañados de movimientos telúricos a más de 30 km a la redonda. Poco a poco el agrietamiento se convirtió en conductos convirtiéndose la escena en una catástrofe de grandes proporciones desaparecer a las poblaciones. 

El volcán presentó su último evento de reactivación en 1952; una violenta erupción con intensas fumarolas. Después, el Paricutín entró en un estado de inactividad, por lo que, fue catalogado por los expertos como una estructura geológica monogenética, es decir, que desde su nacimiento permaneció un corto periodo activo hasta su declaración como extinto.

LA COBERTURA DE EXCÉLSIOR

Los datos del Archivo Histórico de El Periódico de la Vida Nacional dan cuenta del despliegue informativo emprendido por esta casa editorial para dar a conocer la noticia sobre el esplendoroso surgimiento del volcán.

Excélsior envío a un equipo especial en una expedición para llegar hasta el evento natural. Los reporteros iban equipados con cámaras para captar las mejores imágenes del Paricutín en plena acción volcánica. 

Los osados expedicionarios lograron tomar arriesgadas fotografías a una corta distancia del suceso. El material, también grabado en video, fue utilizado para el noticiero “Actualidades de Excélsior”, que era transmitido en los cines a manera de cápsulas con la mejor información del momento. Además, otros documentos fotográficos se publicaron en los diferentes suplementos de este diario.

“Un volcán apagado, que excita los miembros al movimiento y los ojos a la contemplación de la naturaleza serena, no sé, ciertamente, más que una sombra, un cadáver apagado y frio. Mi mente no puede ir más lejos de eso”, son parte de las palabras de Martín Gómez Palacio, publicadas en una de las ediciones de mayo del semanario Revista de Revistas.

El acervo documental Excélsior deja ver la destrucción causada por el estrepitoso fenómeno natural originado en una de las comunidades purépechas de Michoacán. En las imágenes se observa al grupo de periodistas a pocos metros de la erupción. 

Por otro lado, diferentes fotógrafos de este rotativo se hicieron presentes en el lugar para hacer labor de campo y documentar el proceso geológico que maravilló a propios y extraños por haberse convertido a la postre en el primer volcán cuyo nacimiento, evolución y estado inactivo fue registrado por la ciencia para su estudio.

Los textos de la escritora inglesa, Betty Ross, fueron publicados en páginas de Excélsior. En ellos narra sus vivencias durante su visita a la zona del desastre. Sus crónicas detalladas llenaron el ojo de los lectores por su fina prosa con la que imagina una conversación con el volcán.

“-Te crees mucho, no es verdad, Paricutín?

-Me llamo Águila; eso es lo que mi nombre significa en tarasco.

-¡Vaya muchacho que eres! En tres semanas has crecido más de 200 metros…”, escribió la intelectual el 18 de marzo de 1943.

Hoy en día, el área en que el Paricutín dejó los rastros de su nacimiento, es una zona turística visitada por diferentes expediciones que caminan entre la piedra volcánica para conocer los secretos que esconde el monstruo michoacano. Una de las atracciones más concurridas es la estructura de la antigua Iglesia del Señor de los Milagros que permanece en pie entre la lava.

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«pdg»