Cuando se apaga el último motor: la historia definitiva del Escuadrón 201
México luchó en la Segunda Guerra Mundial a través del Escuadrón 201, que combatió en Filipinas junto a Estados Unidos en 1945; fueron 295 héroes
El sábado 3 de mayo de 2025, en la Casa Hogar para Militares Retirados, ubicada en Jiutepec, Morelos, falleció el último testigo de una epopeya mexicana olvidada por muchos, inolvidable para la historia. El sargento primero retirado César Maximiliano Gutiérrez Marín, último sobreviviente del Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, murió a los 100 años y 7 meses. Con él se apagó la última luz viva de un capítulo glorioso: la participación directa de México en la Segunda Guerra Mundial.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el comandante de la Fuerza Aérea Mexicana, general piloto aviador Óscar René Rubio Sánchez, confirmaron el deceso. “Su vida fue testimonio de amor, valor y lealtad a México”, expresaron en un comunicado. Las Fuerzas Armadas, el Gobierno federal y los descendientes de aquellos hombres que combatieron en el Pacífico guardaron silencio ante el fin de una era. Murió el último Águila Azteca.
El niño de Hermosillo que aprendió a transmitir la guerra
César Maximiliano Gutiérrez Marín nació el 12 de octubre de 1924 en Hermosillo, Sonora. Ingresó a la Escuela Militar de Transmisiones el 20 de julio de 1942, con apenas 17 años, cuando México comenzaba a comprender las dimensiones de un conflicto que ya envolvía al mundo.

El poderoso P-47D Thunderbolt fue el avión de combate del Escuadrón 201 en Filipinas
Fue allí donde se formó como operador de radio, especialista en transmisiones tácticas, parte clave en el despliegue de cualquier unidad aérea en operaciones de combate. En los años 40, la instrucción para operadores incluía con toda probabilidad dominio del código Morse, uso de frecuencias de onda corta, y protocolos de enlace a larga distancia. Aunque no hay una declaración directa suya al respecto, está documentado que su generación fue entrenada con rigor técnico, con miras a actuar en escenarios de guerra real.
En 1944, ya capacitado, causó alta en el Grupo de Perfeccionamiento de Aeronáutica, unidad que en plena transformación pasaría a formar parte de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM). El destino estaba marcado: el Escuadrón 201 lo esperaba.
Cómo México entró en guerra
El 13 de mayo de 1942, el submarino alemán U-564 torpedeó al buque petrolero Potrero del Llano. Días después, el Faja de Oro corrió la misma suerte. Aquellos torpedos no sólo hundieron barcos: abrieron un frente internacional para México.
El presidente Manuel Ávila Camacho solicitó y obtuvo del Congreso la declaración de guerra contra las potencias del Eje. Así nació la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, y con ella, su escuadrón estelar: el 201, unidad de élite compuesta por 295 voluntarios: pilotos, armeros, técnicos, médicos, mecánicos, operadores de radar, personal de intendencia.
A Gutiérrez Marín se le asignó el puesto de operador de radar en la Sección de Transmisiones. La preparación técnica se realizó en bases militares de Texas: Randolph Field, Foster Field, Majors Field. Allí, los mexicanos aprendieron a operar y mantener el Republic P-47D Thunderbolt, uno de los cazabombarderos más potentes del conflicto.
La guerra: Filipinas, mayo de 1945
El 27 de marzo de 1945, a bordo del buque Fairisle, los integrantes del Escuadrón 201 zarparon desde San Francisco rumbo a Luzón, en las Filipinas. Desembarcaron el 1 de mayo. La unidad fue integrada al 58º Grupo de Caza de la 5ª Fuerza Aérea de Estados Unidos, bajo el mando directo del general Douglas MacArthur.
Durante cinco meses, realizaron 96 misiones de combate, acumularon 2 ml 842 horas de vuelo, lanzaron 957 bombas de mil libras, otras 500 de 500 libras, y dispararon más de 166 mil cartuchos calibre .50. Atacaron posiciones japonesas, realizaron misiones de apoyo aéreo cercano, interdicción, reconocimiento armado e incluso combate directo. También operaron sobre Formosa (Taiwán), en lo que fue uno de los últimos frentes antes de la rendición nipona.
El P-47D Thunderbolt, su avión, era tan pesado como potente: lo apodaban "el yunque volador".
Cinco mexicanos no regresaron:
- Capitán piloto aviador Pablo Luis Rivas Martínez
- Tenientes Héctor Espinosa Galván y José Espinosa Fuentes
- Subtenientes Mario Fernando López Portillo y Fausto Vega Santander
Este último, Vega Santander, poeta y aviador, se convirtió en símbolo eterno del escuadrón. Su juventud, sus versos, su caída, marcaron el imaginario militar del México moderno.
El regreso con gloria
La guerra terminó oficialmente el 2 de septiembre de 1945, con la rendición japonesa. El Escuadrón 201 zarpó de regreso el 24 de octubre y llegó a México el 18 de noviembre. El recibimiento fue apoteósico: Buenavista, en Ciudad de México, se llenó de aplausos. La tropa marchó por Reforma hasta el Palacio Nacional, donde devolvieron la bandera que habían llevado al frente.
El general Francisco Urquizo les había dicho al partir:
“Que esta bandera vuelva con ustedes, desgarrada, quizá, por las balas del enemigo, pero colmada de gloria.”
Gutiérrez Marín recibió la medalla “Servicio en el Lejano Oriente” el 20 de noviembre de 1945. Permaneció en activo hasta el 31 de marzo de 1970. Hombre reservado, jamás faltó a los homenajes anuales. Le hablaba a los jóvenes cadetes con firmeza y sin nostalgia: les contaba lo que se gana cuando se entrega todo, sin pedir nada a cambio.
El legado
El Escuadrón 201 dejó más que pólvora y vuelo. En Tepoztlán, el soldado Ángel Bocanegra pidió una escuela para su comunidad antes de partir. El presidente cumplió: la Escuela “Escuadrón 201” sigue en funciones. Es símbolo de dignidad, educación y memoria.
Desde 2010, la Sedena ha invertido más de 15 millones de pesos en restaurar monumentos, placas, escuelas, en mantener viva una historia que durante años fue postergada. El Monumento a las Águilas Caídas, en Chapultepec, ha sido sede de ceremonias, toques de silencio, salvas de honor, himnos y nombres que no se olvidan.
Los veteranos, mientras vivieron, siguieron activos. Carlos Garduño Núñez, último piloto del escuadrón, falleció en febrero de 2022, a los 102 años. Voló junto a Fausto Vega Santander y nunca dejó de recordar el día en que su compañero no volvió. Asistió a homenajes hasta el final, en silla de ruedas, condecorado y lúcido.
Horacio Castilleja Albarrán, sargento ejemplar, murió en diciembre de 2022, a los 98 años. Fue de los primeros en alzar la voz cuando México parecía olvidar que también tuvo combatientes en Asia. Luis Guzmán Reveles, mecánico aeronáutico, falleció en junio de 2023 en Ciudad de México. Su trabajo en tierra permitió que los Thunderbolt volaran. Ernesto Martínez Trujillo, sargento segundo intendente, murió ese mismo año. Había servido desde 1943. Murió en el Hospital Central Militar, acompañado por la memoria.
Aportes inéditos y semblanza de Gutiérrez Marín
Gracias a los archivos de la Asociación Mexicana de Veteranos de la II Guerra Mundial A.C. y al testimonio de familiares, se conocen ahora detalles poco difundidos sobre la trayectoria de Maximiliano Gutiérrez Marín. Tras concluir el Curso de Sargento Operador el 30 de junio de 1944, ascendió a Sargento Segundo al día siguiente. El 16 de julio fue asignado al Grupo de Perfeccionamiento de Aeronáutica, más tarde denominado Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, que viajó a Estados Unidos para recibir entrenamiento. Ahí cursó una especialidad como Operador de Radar en Boca Ratón Army Airfield, Florida.
Finalizada la guerra, recibió Licencia Ilimitada el 1º de abril de 1946, y su retiro oficial se dio el 31 de marzo de 1970. A lo largo de su vida fue merecedor de condecoraciones significativas: la Medalla “Servicio en el Lejano Oriente”, la “Legión de Honor Mexicana” (como Legionario L-300), la “Condecoración Presidencial de la República de Filipinas” (otorgada en 1953), y la medalla “Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana”, impuesta en 2015 por el entonces presidente Enrique Peña Nieto.
En febrero de 2025, semanas antes de su fallecimiento, recibió un último homenaje por parte de las Fuerzas Armadas. Sus compañeros lo conocían como “Max”, por su carácter alegre, su disposición franca y su histórica participación como integrante de la escolta oficial de la FAEM. Además, en su juventud fue miembro del grupo musical “Los Diablos del Ritmo”, donde cantaba y ejecutaba las maracas y el güiro, revelando una faceta artística que complementa su legado militar con una dimensión profundamente humana.

Homenaje militar al capitán 2/o Luis Guzmán Reveles, veterano del Escuadrón 201
Fueron literalmente los héroes que nos dieron Patria.
El Colegio del Aire, alma mater de la aviación militar mexicana, los recuerda a diario. A mediodía, el silencio es sonoro. Cada 18 de noviembre, se rinde homenaje con pase de lista, toques de silencio y salvas.
Un vuelo sin regreso
El sargento primero César Maximiliano Gutiérrez Marín murió en paz. Fue el último testigo de una historia escrita en alas. Su voz, grabada en entrevistas, actos cívicos y homenajes, sigue viva. Es testimonio de una época en la que México voló por la paz mundial.
Con su muerte se cierra un ciclo. La historia queda en manos de los archivos, los libros, los monumentos… y de quienes sepan contarla. Hoy, el último motor se ha apagado, pero el eco de su vuelo —y el de sus compañeros— seguirá resonando.
A él, a los 295 que dijeron sí, y a los cinco que no regresaron, les debemos mucho más que un homenaje.
Les debemos la memoria.
Que vuele alto el último Águila Azteca. Que esta historia viva con honores, por siempre
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