Un barrio de periodistas

En 1778 el virrey de la Nueva España, Antonio María de Bucareli, inauguró la avenida que todavía lleva su nombre; ahí se construyeron tres glorietas y Excélsior se expandió

thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería

CIUDAD DE MÉXICO.

Cascos de caballos y crujidos de carretas rompen el silencio en el llamado Paseo Nuevo, avenida que iniciaba justo en los Arcos de Belén y terminaba en la primera glorieta de Paseo de la Reforma, donde la bulla y los toros hacían la fiesta dominical en el llamado Coliseo Nuevo. Es el año de 1778, cuando por órdenes del virrey de la Nueva España Antonio María de Bucareli se inauguró dicha vía, donde las mujeres de alcurnia circulaban en carruajes, mientras los hombres lo hacían a caballo.

A dicha avenida se le cambió el nombre a Paseo de Bucareli y le crecieron tres glorietas, cada una con su respectiva fuente. Fue hasta 1910 cuando en una de dichas glorietas se mandó construir el Reloj Chino, obsequio por parte del gobierno de aquel país para conmemorar el Centenario del inicio de la guerra por la Independencia en México.

En 1924 comenzó la construcción de un edificio en Bucareli 18. A estos rumbos se agregaría un vecino llamado Excélsior. El Periódico de la Vida Nacional había nacido en 1917 y, tras sus inicios en las viejas calles de Colón e Insurgentes, y después en Artículo 123, por fin tenía un lugar en Bucareli.

Después de Excélsior, en 1952, llegaría otro vecino que también se hizo clásico. El café La Habana.

Lo cuenta el señor Ricardo Mendoza, empleado de la cafetería: “¿Cómo se fundó La Habana? un español que trabajaba en La Habana, Cuba, vino a México. Por los rumbos existían varias tabacaleras con trabajadores cubanos. Así que El Centavo (así le decían al dueño por tener un cuerpo compacto) entendió que La Habana les caería bien a los tabacaleros cubanos.”

Por el café la Habana han pasado personajes memorables como Fidel Castro y el Che Guevara. También Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Jesús Palillo Martínez, Renato Leduc, Roberto Bolaño; además de un sinnúmero de políticos y artistas.

“El café La Habana se convirtió en una pasarela para políticos y artistas, pues sabían que por aquí merodeaban los periodistas y fotógrafos y querían brillar en las páginas de los diarios. No ser olvidados”.

También se convirtió en el lugar preferido de los periodistas. “Todos los reporteros venían para intercambiar noticias, pasarse tips y esperar que se asomara algún personaje famoso”.

Con la llegada de Excélsior y otros diarios del rumbo, la calle de Bucareli se convirtió también en el punto de encuentro para repartidores y voceadores. Vivir de madrugada con la rotativa a todo lo que da y los repartidores y voceadores esperando los ejemplares de El Periódico de la Vida Nacional.

María del Carmen Contreras es voceadora en la esquina de Bucareli y Juárez desde los años 60. “Este puesto de periódicos era atendido primero por mi padre, Raúl Contreras Suárez. Le decían el Camarón. Yo regresaba de la escuela y me ponía a ayudarle a mi papá. Después, y hasta la fecha, me quedé atendiendo el puesto”.

Puntos de referencia

En 1852 llegó un personaje que se hizo eterno en la Glorieta de Reforma. “Desde que yo tengo uso de razón, estaba la glorieta del Caballito, la efigie de Carlos IV, la que ahora está en Tacuba”, dice doña Carmen.

El Caballito había trotado por el Zócalo capitalino, luego por la Universidad y se detenía a las orillas de Bucareli, mucho antes de la aparición del edificio de la Lotería Nacional, construida en 1946.

A unos metros de distancia, frente a Excélsior, se encontraba el Frontón Nacional; más tarde se convertió en la Arena Nacional de lucha libre y, en los años 40, se transformó en la entrada principal del legendario cine Palacio Chino.

María del Carmen recuerda que “el cine era visitado por mucha gente; nosotros no podíamos dejar de venir ni los domingos porque con la venta de carteleras teníamos que trabajar”.

Tiempos de Revista de revistas, Jueves de Excélsior, Las Últimas Noticias y la Segunda Edición. De anuncios publicitarios de sombreros Dobbs (desde 39.50 pesos), de radios portátiles marca Philco, de cinco bulbos (a 155 pesos) y Zenith para buró (a 216 pesos).

Con el tiempo, El Caballito cambiaría de rumbos. Dejaría, más tarde, su sitio a otro ser de metal y altos vuelos: El Caballito de Sebastián.

Bucareli 18 y la llegada de Scherer

En Bucareli 18 se imprimieron muchas noticias que le dieron la vuelta al mundo: la Segunda Guerra Mundial, la desaparición de Hitler, la Expropiación Petrolera, el Escuadrón 201, la muerte de Pedro Infante, la llegada del hombre a la Luna, el terremoto del 57, cuando el Ángel aterrizó en el piso. También los Juegos Olímpicos en México y el movimiento del 68.

Fue precisamente en aquel año cuando a El Periódico de la Vida Nacional llegó Julio Scherer y con él periodistas como Vicente Leñero, Granados Chapa y Ricardo Garibay. Scherer no sólo conformaría un gran equipo, sino que le daría al diario sus mejores años a nivel editorial.

Dicha época se detendría en el 76, cuando el gobierno de Luis Echeverría originó el llamado “golpe a Excélsior”, cuando Scherer y los periodistas se mudaron a otros rumbos, dejando el diario en manos de Regino Díaz Redondo.

Fueron tiempos de capturar la historia en la vieja máquina de escribir Remington; cuando el ruido de los teletipos irrumpía en los talleres mientras el humo de cigarrillo era permitido en las redacciones. Los viejos periodistas aún recuerdan las máquinas, las hojas de papel bond y el carboncillo para las copias. Las grabadoras enormes de casette, los teléfonos locales, la televisión en blanco y negro. Después llegaría el color, aquel invento llamado fax y las computadoras cuadradas y con disco de cartón.

Antes de los años 80, la ahora llamada Esquina de la Información constaba de distintos locales comerciales. Antonio Flores, empleado de rotativas desde 1966, comenta que “existían una taquería, una peluquería, una tienda de discos, billetes de la lotería y una tienda de muebles de oficina en la mera esquina”.

También había una cantina que se llamaba La Mundial. “Entrando a la cantina del lado izquierdo había dos gabinetes que eran exclusivos para personal de la redacción, la barra éramos los de talleres y en la parte interna eran los reporteros que se intercambiaban sus notas”.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho... mambó! “Los viernes cobrábamos y lo primero era tomar una cerveza en La Mundial. Después de ahí se alegraban unos más que otros y agarraban rumbo a la cantina La Reforma que está casi para llegar a la esquina que está en Artículo 123. De ahí otros se transportaban a la esquina de Morelos y Bucareli en la cantina El Universo y al frente, en contra esquina, estaban dos cervecerías. Una se llamaba El Aguazul y otra El Popito”.

No olvida la vecindad del famoso número 30. “Ahí se hacían fiestas, en las cuales en ocasiones algunos de nosotros, como estábamos trabajando, así nos íbamos y nos conocían. Ahí era un nido de pillos. Ahí se asaltaba a mucha gente, los jalaban hacia adentro y les quitaban todo y luego ya las botaban. Ahí para nada entraba la policía”.

Comenta don Antonio que los ladrones del rumbo se metían a dicha vecindad, subían a la azotea y de ahí brincaban a los edificios de al lado, para después dar un brinco a la banqueta de Artículo 123. Algo que terminó en el año 1957, debido a que el temblor que derribó al Ángel de la Independencia también daño varias vecindades —incluida la del famoso número 30—, lo que obligó a derrumbarlas.

Un nuevo comienzo

A mediados de los años 80 comenzó la construcción del edificio de Excélsior en La Esquina de la Información. Desaparecerían los viejos locales y Bucareli seguía transformándose. Adiós a la cantina La Mundial.

Precisamente en aquella década, luego del terremoto del 85, algunos edificios se cayeron y otros quedaron abandonados. Nuevas fachadas, locales en renta y bares que se esfuman.

El Periódico de la Vida Nacional cambiaría varias veces de directivos y, con el tiempo, entraría en crisis. Después llegaron los años del nuevo Excélsior con la unión a Grupo Imagen y la creación de Excélsior TV. Posteriormente, vinieron las mudanzas; El Periódico de la Vida Nacional viajó hacia avenida Universidad.

Antonio Flores trabajó en Excélsior por 50 años y seis meses. La mayoría del tiempo en la rotativa. Y, al igual que El Periódico de la Vida Nacional, abandonó la Esquina de la Información. “Se siente una nostalgia de que no esté Excélsior en Bucareli, pero tiene que progresar, tiene que seguir adelante”. Bucareli continúa transformándose.