Rimas de rap que salvan vidas; así la historia de estos jóvenes en Iztapalapa, CDMX
Detrás de ellos existe un trabajo comunitario silencioso pero poderoso: el de La Victoria Emergente A.C., encabezada por Jovany Avilés.

En la Unidad Habitacional Vicente Guerrero, en la alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México donde el eco de las sirenas y la sombra del narcomenudeo se han vuelto parte de la cotidianidad, tres jóvenes decidieron que su destino no estaría marcado por la violencia ni por la droga que consume vidas enteras: cristal, piedra, marihuana y otras sustancias que, en cuestión de meses, pueden arrebatar futuro, sueños y hasta la vida.
Elizabeth Ambriz, Isaías Pérez y Eduardo Sánchez crecieron y se desenvuelven en medio de esta realidad. Calles tomadas por la venta de estupefacientes, grafitis que recuerdan a los que ya no están y esquinas convertidas en escaparate de adicciones.
Su salvavidas fue el rap

Sin embargo, en vez de ceder a la tentación del dinero fácil o al refugio tóxico de las drogas, encontraron un salvavidas en un género musical nacido también de la rebeldía: el rap.
Elizabeth, conocida como Kanna, recuerda con voz firme lo que significó para ella descubrir esta forma de expresión:
En la unidad habitacional Vicente Guerrero, en #Iztapalapa, tres jóvenes decidieron cambiar el rumbo de su vida y el de otros. Al encontrar en el rap un refugio y una herramienta para inspirar a quienes como ellos crecieron entre tentaciones y riesgos.#LoDijoZea @monicanoguera pic.twitter.com/jHOnaYIX40
— imagenzea (@imagenZea) August 27, 2025
“Cuando conocí el rap, pude empezar a gritar mis emociones. Si estaba triste, lo convertía en versos; si estaba feliz, lo transformaba en amor. Mis coros son mi desahogo, mi forma de sanar”.
En la unidad habitacional Vicente Guerrero, en #Iztapalapa, tres jóvenes decidieron cambiar el rumbo de su vida y el de otros. Al encontrar en el rap un refugio y una herramienta para inspirar a quienes como ellos crecieron entre tentaciones y riesgos.#LoDijoZea @monicanoguera pic.twitter.com/jHOnaYIX40
— imagenzea (@imagenZea) August 27, 2025
Para Isaías, o Keops Pérez, el rap es identidad y propósito. Creció viendo cómo muchos de sus amigos caían en el círculo de las drogas, algunos sin retorno. Por eso decidió que su camino debía ser distinto.
“Siempre quise que en mi barrio me conocieran, pero no por andar en malos pasos, sino por lo que hago. El rap me abrió esa puerta y quiero que lo que escribo llegue a otros, que sirva para que más jóvenes sepan que sí se puede elegir distinto”.
Eduardo, LaloKlona, lleva en la piel tatuajes que cuentan parte de su historia. Entre risas y ocurrencias, reconoce que también probó vicios.
“Claro que lo hicimos, todos lo probamos. Pero nos dimos cuenta que ese camino siempre terminaba igual: cárcel, adicciones, muerte. Yo encontré en la música una salida a la soledad, una manera de no repetir la misma historia que ya vimos tantas veces en el barrio”.
La Victoria Emergente A.C

Su transformación no fue casualidad. Detrás de ellos existe un trabajo comunitario silencioso pero poderoso: el de La Victoria Emergente A.C., encabezada por Jovany Avilés.
Esta organización ha acompañado a decenas de jóvenes vulnerables en su búsqueda de identidad, alejándolos de la violencia y las adicciones a través del arte urbano.
“Estos chavos crecen expuestos a la violencia, y su identidad se fragmenta. El rap, el graffiti, el tatuaje, el break dance o el skate son herramientas que les devuelven pertenencia y dignidad. Es el camino para que recuperen a su familia, su comunidad y se vuelvan menos vulnerables ante el crimen”, explica Avilés.
Hoy, en la Vicente Guerrero, los beats resuenan como un acto de resistencia. No es el estruendo de una patrulla ni el silencio oscuro de una balacera, sino la voz de jóvenes que se atreven a contar su verdad rimada.
Cada verso es un recordatorio de que existe otra ruta, lejos de las drogas y la criminalidad, y que la cultura puede arrancar a los barrios del destino que durante años les impusieron.

La historia de Kanna, Keops y LaloKlona no es aislada. Es un ejemplo del esfuerzo que miles de jóvenes hacen para no ser parte de las estadísticas de consumo de cristal, marihuana o piedra, drogas que hoy son la trampa perfecta del crimen organizado para captar y esclavizar a quienes buscan un escape.
En cada escenario improvisado, en cada tarima comunitaria, ellos cantan no solo para sí mismos, sino para los que vienen detrás, para las generaciones que todavía creen que la calle solo ofrece un final.
En Iztapalapa, el rap ya no es solo música: es una herramienta de supervivencia, un grito de libertad y la prueba de que, incluso en los lugares más golpeados por la delincuencia, siempre hay espacio para elegir un nuevo comienzo.
*bb
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