Orgullo, lágrimas y fervor en Desfile del 16 de Septiembre

Familias enteras se dieron cita en las calles que conducen al Zócalo de la CDMX para presenciar el tradicional desfile militar este 16 de septiembre.

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Desfile del 16 de septiembre del 2025.
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El Centro Histórico de la Ciudad de México (CDMX) amaneció este 16 de septiembre vestido de fiesta y patriotismo. Desde muy temprano, familias enteras se dieron cita en las calles que conducen al Zócalo capitalino para presenciar el tradicional desfile militar.

No faltaron las banderas ondeando en lo alto, los sombreros charros, los niños vestidos de verde olivo y los aplausos que se confundían con el redoble de tambores. Para muchos, la cita no fue sencilla, hubo quienes viajaron desde otros estados solo para ver marchar a sus hijos, sobrinos o nietos.

La señora Magdalena Roque llegó puntual y, con los ojos brillosos, confesó: “La emoción de ver a mi hija en un desfile más es indescriptible, me llena tanto de orgullo, cada año la venimos a ver, gracias a Dios. En mi pecho no cabe tanta alegría”. A unos metros, Rodrigo Juárez, padre orgulloso de una cadete, recordaba su propia historia en la Fuerza Aérea: “Se siente algo muy bonito en el corazón y en el alma… ahora ella quiso seguir mis pasos”.

La emoción también cruzó fronteras familiares, desde Veracruz viajó la señora Imelda Silverio para acompañar a su hija Jenny, cadete de la Escuela de Intendencia que desfiló por primera vez.

Es lo máximo, es una emoción muy fuerte, muy bonita… hasta mandamos a hacer playeras y traemos una lona”, dijo sonriendo, mientras a su lado, la abuela María del Carmen Silverio sostenía con fuerza la mirada para no llorar: “Antes ella decía que quería estar del otro lado, y yo le respondía que mis ojitos nunca la verían. Hoy, gracias a Dios, sí la veo marchar entre tantísima gente”.

Pero no solo los familiares de los cadetes pusieron color a la mañana, cientos de niños llegaron caracterizados como pequeños soldados, marinos o integrantes de la Guardia Nacional, entre ellos, unos gemelos de apenas dos años lucieron trajes confeccionados por su propia madre, Alín, quien orgullosa dijo: “Mi papá fue militar y cada año venimos, ahora yo misma les hice sus uniformes, recordando lo que aprendí en corte y confección”.

Más adelante, un niño de cinco años, Santiago, levantaba la voz entre la multitud: “Yo quiero estar en las Fuerzas Especiales”, dijo con la inocencia de quien sueña en grande.

El fervor se extendía también entre los propios participantes, la Suplente de Caballería Diana Camila Juárez, originaria de Tuxtla Gutiérrez, celebraba su quinto desfile consecutivo: “Es un orgullo, somos voceras de todo el pueblo de México y sobre todo de las mujeres. Desde la madrugada nos preparamos, detallamos los vehículos, cuidamos todo para que salga perfecto”.

Por su parte, el soldado de Caballería Christopher Cruz, quien venía desde Puebla, vivía la experiencia por primera vez: “Se siente la emoción, el cariño de la gente. Para representar a las Fuerzas Armadas se necesita disciplina, pero sobre todo amor en el corazón”, aseguró, antes de invitar a los jóvenes a unirse al Ejército.

Así, entre recuerdos familiares, sueños infantiles y el paso firme de los contingentes militares, el desfile del 16 de septiembre volvió a demostrar que no solo es un acto de disciplina castrense, sino también un espejo del orgullo de miles de familias mexicanas que ven en esas filas una parte de su propia historia.

*mvg*