Antiguo Palacio del Ayuntamiento: la casa del poder y la cultura
Excélsior realizó un recorrido al interior del palacio, considerado la casa del gobierno capitalino desde hace cinco siglos
Ubicado en el primer cuadro de la capital del país, el Palacio del Ayuntamiento es uno de los edificios más antiguos de la Ciudad de México, además, es de los primeros inmuebles públicos del aparato político local desde la Nueva España.
Según los registros históricos del Centro de Documentación Excélsior, el Ayuntamiento capitalino se integró en 1525 con tan solo cuatro miembros activos.
“El edificio tiene una historia de casi 500 años y eso le ha beneficiado porque ha incrementado su belleza, pero nunca ha cambiado su naturaleza, siempre fue pensado para ser la sede del gobierno local hasta el día de hoy”, Jenny de Jesús Díaz.
Después de la caída de Tenochtitlan a mano de los castellanos en 1521, se adoptaron los ayuntamientos como forma de gobierno; los primeros órganos administrativos se instalaron en las casas de Cortés ubicadas sobre lo que fue el Palacio de Axayácatl.
Posteriormente, la sede de la institución edilicia comenzó a construirse por instrucciones de Hernán Cortés en 1527. Desde entonces, el inmueble alberga la oficina principal del Jefe de Gobierno de la ciudad. Los autores de la obra monumental fueron los arquitectos Pedro de Arrieta y José Miguel Álvárez.
Excélsior realizó un recorrido al interior del palacio, considerado la casa del gobierno capitalino desde hace cinco siglos, en compañía de la responsable del Salón de Cabildos del Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de México, Jenny de Jesús Díaz, quien compartió la historia del gran monumento arquitectónico.
Al ingresar se aprecia la magnificencia del recinto. La primera escala es el espacio que durante varios siglos fue utilizado como Cabildo, es decir, donde un conjunto de personas se reunía para tomar decisiones sobre la organización de la entonces naciente urbe.
“La primera sesión en este lugar data de un 10 de mayo de 1532. Las primeras problemáticas que atravesó el Ayuntamiento fueron la reconstrucción de la ciudad, el abastecimiento de agua, las fiestas patronales, la educación de los indígenas, el recibimiento del rey; desde este espacio se ideó, se planeó todo lo que hoy es nuestra Ciudad de México”, explicó Jenny de Jesús.
La decoración del espacio es del siglo XIX. Cada rincón fue intervenido para celebrar las fiestas del centenario de la Independencia de México durante el periodo de Porfirio Díaz.
“El plafón de la parte superior es una obra del artista mexicano Félix Parra, titulada ‘Alegoría a la patria’ o, ‘Alegoría a la Ciudad de México’ de 1893, es una creación a cielo abierto. Parece que los personajes que están plasmados se asoman, observan las decisiones que están tomando síndicos”, mencionó sobre el fresco plasmado en lo alto de la sala.
Su nombre oficial es Salón de Cabildos Francisco Primo de Verdad, en honor al precursor independentista de principios del siglo XIX. La historia dicta que el también abogado y síndico, pronunció por primera vez la iniciativa de lograr la autonomía de la Nueva España de la corona española en el Salón de Cabildos en 1808.
Posteriormente, el emblemático personaje de la historia de México fue hecho prisionero junto con otros miembros del Ayuntamiento para morir ahorcado en el Palacio del Arzobispado en el Centro Histórico de la capital.
Una vez proclamada la independencia, el espacio que alojó el Cabildo continuó en funcionamiento para fines legislativos hasta su remodelación a principios del siglo XX como parte de los festejos del centenario de la gesta independentista.
“El Cabildo deja de funcionar el 1928 cuando desaparecen las municipalidades, surge la regencia y se convirtió en delegaciones, para ser sustituidas por la Asamblea Legislativa. El lugar queda como testimonio de nuestra historia y también es ocupado para eventos de protocolo: entrega de llaves de la Ciudad, recepción de embajadores, presidentes. Es un espacio público que la sociedad puede conocer y apropiarse de su patrimonio”, enfatizó la guía.
LA SALA DE LOS VIRREYES
El siguiente sitio del complejo cultural es la Sala de los Virreyes donde se encuentran los retratos originales de todos los gobernantes de la Nueva España, “hay dos colecciones completas de estos retratos en nuestro país, la que está en el castillo de Chapultepec y esta que tenemos aquí; son pinturas de época de los virreyes, así como fueron en vida están plasmados, son retratos políticos que buscan ser perpetuos”, puntualizó la especialista.
Y continuó, “fueron 61 virreyes durante 300 años de periodo de virreinato. La colección está encabezada por Hernán Cortés, que no fue virrey, pero se le considera como el primer gobernador, el fundador de los ayuntamientos. Después está Antonio de Mendoza, que es quien gobierna más tiempo con 15 años de mandato”.
Cada que un gobernante era retratado se elaboraban dos piezas, una era enviada a lo que hoy es Palacio Nacional, la cual se encuentra hoy en el Castillo de Chapultepec.
Mientras que la otra se quedaba en el Salón de Cabildos como entidad principal del ministerio local, donde se ha mantenido hasta la actualidad.
“Por ejemplo, en esta sala vemos los retratos del siglo XVI, son totalmente de época, de los más conocidos está Antonio de Mendoza, Luis de Velasco (padre), Luis de Velasco (hijo) que va a ser el fundador de la Alameda, Pedro de Moya, que va a ser el primer inquisidor que llega y que ocupa los tres cargos más importantes: inquisidor, virrey y presidente del Consejo de las Indias”, señaló Jenny mientras observaba con detenimiento las pinturas.
Cada sala muestra una época diferente. Los estilos y hasta la vestimenta utilizada por cada retratado busca transmitir algo distinto. La autoconcepción de cada virrey se ve reflejada en su postura, así como mirada o expresiones buscan, como dijo Jenny, “ser perpetuos”.
Desde sus inicios, la construcción sirvió para almacenar granos, había una gran carnicería dentro, además, fungió como cárcel durante un largo periodo. En 1692 se presentó una grave escases de alimentos en la ciudad, las autoridades decidieron repartir las pocas cosechas de trigo únicamente entre españoles. La decisión causó revuelo entre los habitantes indígenas de la capital, quienes exigieron audiencia con el virrey.
Al no tener respuesta, un amplio grupo de inconformes se amotinaron entorno del palacio de gobierno. Lograron ingresar a la fuerza para incendiar el lugar y saquear las reservas de alimentos que se encontraban almacenadas entre los extensos muros.
“El edificio se incendia casi en su totalidad, a partir de ese momento es necesario reconstruirlo, se aprovechan los restos y sobre eso se reconstruye, entonces planta baja y primer piso son del siglo XVIII”.
Por esa misma época una gran inundación azotó a la ciudad, el desastre natural se prolongó por más de cinco años generando destrucción y desolación. La mayoría de los edificios construidos hasta ese momento resultaron severamente dañadas debido al agua que alcanzó arriba de los dos metros de altura.
Ambos sucesos provocaron la reedificación de la casa de la ciudad. “Después viene la celebración del centenario con don Porfirio Díaz y se le manda a añadir otro piso al edificio, así se mantiene, pero se atraviesa la Revolución Mexicana y no se construye. Es hasta los años 30 que se concluye el último nivel”, refirió la experta.
SOBRE RESTOS PREHISPÁNICOS
Las ruinas de lo que alguna vez fue Tenochtitlan yacían entre un panorama de devastación. Los escombros fueron utilizados para levantar otra ciudad en la que se reescribiría una nueva historia. La mayoría de las construcciones que datan de la época llevan entre sus muros los restos de la capital mexica y debajo reposan, inertes, los vestigios de un pasado enterrado.
“Tanto en este edificio como los edificios que están alrededor como la Catedral, se utilizaron los materiales más inmediatos como los restos de las edificaciones prehispánicas de la antigua Tenochtitlan. Aparte eran espacios que ya estaban cimentados y sobre ellos se construyó la nueva ciudad”, expuso la funcionaria.
Y agregó, “Efraín Castro hizo una biografía sobre este lugar basado en las actas de Cabildo, comenta que en la parte poniente hubo un centro ceremonial sobre lo que se construyó el Ayuntamiento sin dar más datos. El predio original abarcaba hasta lo que es el Palacio de Hierro, las autoridades de la Ciudad de México vendieron esos solares a los almacenes”.
“El edificio tiene una historia de casi 500 años y eso le ha beneficiado porque ha incrementado su belleza, pero nunca ha cambiado su naturaleza, siempre fue pensado para ser la sede del gobierno local hasta el día de hoy”, Jenny de Jesús Díaz.
UN ESPACIO CULTURAL
El complejo cuenta con varias áreas destinadas a la cultura y el conocimiento. Una de ellas es la sala de exposiciones temporales, en la que actualmente se exhiben litografías originales de Casimiro Castro y de Pedro Guialdi del siglo XIX de toda la ciudad.
La muestra consta de obras, cuadros, bocetos y representaciones de la ciudad desde el siglo XVI hasta el XIX, todo a partir de la perspectiva del Salón de Cabildos. “Tenemos el imaginario de la Ciudad de México desde cabildos, lo que se pudo haber mirado desde aquí, la ciudad que se pudo haber visto”, pormenorizó.
En algunas de las imágenes se aprecian los cambios significativos que ha sufrido la ciudad con el paso de los años. La formación de las calles más importantes, así como el progreso de construcción de diferentes edificios de la gran urbe. Colegios, escuelas, mercados, oficinas de gobierno, parques, ríos, entre otros lugares que han formado parte de la mancha urbana hasta convertirse en lo que es hoy.
Entre los elementos más destacados se encuentra un facsímil de la primera acta de cabildos que data de 1524; se trata de un listado de los primeros representantes del Ayuntamiento de la época. El documento original se conserva en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.
“El espacio está abierto desde 2007, luego se interrumpió el servicio y en el 2018 ya con esta administración se abre nuevamente a la población y esta exposición se monta para la reapertura del lugar”.
Por otro lado, ofrece una serie de presentaciones especiales con temas enfocados a los movimientos sociales, donde se enfatiza el valor de las demandas acerca del derecho a la ciudad y otras luchas de diferentes sectores que tienen un impacto directo en el ámbito sociocultural. Además, se contempla la visión de diferentes cronistas en relación con los aspectos históricos urbanos de la capital.
UN TESORO CULTURAL
Uno de los sitios de mayor relevancia es el que durante una época fue conocido como ‘La carbonera’, aparentemente por haber sido usado como depósito de carbón o papel carbón en un inicio. Tiempo después fue destinado para contener el archivo del Ayuntamiento.
“La decoración de este espacio data del siglo XX, los vitrales hablan sobre la fundación de México – Tenochtitlan con el mito fundacional del águila y la serpiente. El escudo de armas de la Ciudad de México que va a ser otorgado por Carlos V, también data del siglo XVI. El escudo del porfiriato, basado en el emblema republicano. Toda la balaustrada con la escalera de caracoles está hecha de una sola pieza y es de los años 20”, aclaró la responsable del Salón de Cabildos.
Carlos de Sigüenza y Góngora, un historiador prominente del siglo XVII, quien rescató el archivo del incendio del edificio del Ayuntamiento donde se encontraban durante el motín de 1692.
A principios del siglo XX el acervo documental y el espacio fueron rescatados por el profesor asturiano Francisco Gamoneda, uno de los especialistas en archivos y bibliotecas más prominentes que han incursionado en México.
La memoria histórica de la ciudad fue trasladada al antiguo Palacio de los Condes de Heras y Soto, ubicado en la calle de República de Chile, No.8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la década de los ochentas.
Finalmente, el lugar fue habilitado en 2004 como Centro de Documentación Francisco Gamoneda, especializado en información referente a la historia de la Ciudad de México. Entre su acervo documental cuenta con una valiosa colección de diarios, gacetas, actas, libros, tomos, mapas, monografías y cientos de volúmenes que tienen que ver con el quehacer de la administración pública de la capital.
“De los rincones perdidos de la ciudad o poco conocidos pero el espacio está abierto de 9 a 1 y media. Todos los vitrales son del siglo XX”, concluyó Jenny.
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