Junto a Excélsior renació la ciudad hace 98 años
El primer ejemplar de este diario vio la luz mientras regresaba la capitalidad con la entrada en vigor de la Constitución de 1917; el centro se recuperaba de ocupaciones militares, hambruna y epidemias; había que hermosearlo
CIUDAD DE MÉXICO, 18 de marzo.- En los preparativos para dotar a México de una nueva Constitución, importaba poco lo que sucediera con la Ciudad de México.
Ante la cercanía de las fuerzas zapatistas en Morelos, el presidente Carranza optó por convocar a la instalación del Congreso Constituyente en Querétaro para inicios de 1916 y declaró a esa ciudad como Capital del país.
La ruta crítica de la instalación del Constituyente y la entrada en vigor de la Constitución era el siguiente: la elección de los diputados sería el domingo 22 de octubre de 1916. El 1 de diciembre se instalaría el Congreso en la Ciudad de Querétaro, con el fin de brindar mayor seguridad a los diputados electos el 31 de enero de 1917 debía estar elaborada, jurada y firmada la nueva Constitución, y esta sería promulgada el 5 de febrero.
Una vez concluidos los trabajos del Constituyente, Carranza retornó a la Ciudad de México con el fin de preparar la entrada en vigor de la Carta Magna, el 1 de mayo.
Con él regresó también de nuevo el estatus de Capital del País a la Ciudad de México, el 12 de marzo de 1917.
El 18 de marzo fue puesto en el mercado el primer ejemplar de Excélsior, con ocho páginas, un profuso recuento de cables noticiosos de los Estados Unidos y de una Europa convulsionada.
Mientras se gestaba la reelección de Carranza y comenzaba la nueva vida constitucional de México, este diario nacía con un compromiso de equilibrio.
“El programa político de nuestro diario apartándose completamente del obstruccionismo que ha elegido hasta ahora la prensa de oposición, y del servilismo de los viejos periódicos gobierno, será –o al menos así lo pretendemos– una voz autorizada, cuyos juicios sean considerados como enteramente imparciales, y en el campo de la doctrina, un representante fiel de las idea de justicia y orden, base y fortaleza de la sociedad y del Estado”, expuso en su editorial Rafael Alducin, fundador de Excélsior.
En aquel México, los teléfonos contaban sólo con cuatro dígitos y el número del usuario dependía de la compañía telefónica; un auto Overland 84-B de cinco pasajeros tenía un costo de 3 mil 300 pesos.
El Cine Palacio daba funciones con las películas El ocaso del amor y La lucha por el derecho.
A propósito de cuando Carranza le devolvió su carácter de Capital, este diario publicó en un editorial: “Querétaro volvió a su sueño legendario y a su recogimiento eclesiástico”. “¿Dejamos nosotros de ser poseedores de la verdadera metrópoli? Porque el cambio de las oficinas de gobierno y de la residencia de los funcionarios más eminentes significa poco”. “No perdió México durante el tiempo que oficialmente fue una ciudad cualquiera alguno de sus atractivos. Ganó quietud por la ausencia de algunos millares de personas”.
Un lugar “triste y monótono”
La ciudad estaba desgastada por los efectos de la guerra; era vista por especailistas como un desierto.
A inicios de 1917 la Ciudad de México era calificada por la propia dirección de Bellas Artes como “triste, gris y monótona”.
Esto debido a que los años de ocupación militar sucesiva por diversas facciones revolucionarias la habían desgastado, la habían lastimado, la sumieron en la hambruna y la habían dejado padecer epidemias.
De acuerdo con las crónicas de la época, unos 20 mil indigentes deambulaban por la ciudad al grado que se tuvo que emplear en varios momentos a la fuerza pública para sacarlos a la periferia de la ciudad.
La capital de México buscaba a toda costa dejar de ser una ciudad devastada por los efectos de la guerra.
A excepción de la Plaza de Armas, hoy llamada Zócalo, el resto de la capital era vista por los propios directivos de Bellas Artes como un desierto.
El Zócalo contaba con un arbolado importante que cubría la actual Plaza de la Constitución y con estaciones para las líneas de tranvías.
“Nadie se ha preocupado por estudiar la arquitectura de sus perspectivas (…) La arquitectura de las vías públicas está por hacerse. De aquí la impresión de una ciudad triste, gris y monótona.
“En México se ha hecho una sistemática campaña contra el árbol. Hay muchas calzadas que desembocan en la ciudad. Que lucen sus desconsoladora desnudez”, explicó en su proyecto de rescate de la ciudad la dirección de Bellas Artes y que se reseñó en Excélsior el lunes 9 de mayo de 1917, apenas dos meses después de haber lanzado su primera edición.


