Ceteris paribus

La frase latina alcanza sentido en diferentes actividades. Si un conocedor en economía o finanzas preguntase a una persona qué sucede si se le añaden tres cucharadas más de azúcar al café y ésta respondiese que estaría más dulce, la respuesta sería incorrecta. El ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

La frase latina alcanza sentido en diferentes actividades. Si un conocedor en economía o finanzas preguntase a una persona qué sucede si se le añaden tres cucharadas más de azúcar al café y ésta respondiese que estaría más dulce, la respuesta sería incorrecta. El café sería más dulce si todas las demás circunstancias —el significado de ceteris paribus— fuesen iguales. Si añade tres o cinco cucharadas de café a una olla de tres o cinco litros de agua o leche, acaso ni siquiera se percibiría el sabor dulce del azúcar. Pero las circunstancias en la vida cambian a cada instante, día tras día, hora tras hora. Siempre igual y siempre diferente. El filósofo alemán Emanuel Lásker, amigo de Albert Einstein, afirmaba que el ceteris paribus “es tan real (en la lógica) como el oro”.

Es altamente probable que en las primeras horas del sábado, en el horario de la Ciudad de México, se destruya en Viena el muro de las 2 horas en la prueba de maratón y que el keniano Eliud Kipchoge, de 34 años, logre uno de los objetivos más altos y preciados en el universo del atletismo; siempre y cuando, ceteris paribus… Se ha reunido la tecnología de punta, el escenario, un circuito de 9.6 km, dos rectas de 4.3 km, cercano al famoso Parque Prater, en Viena, a 103 m de altura sobre el nivel del mar, 41 conejos, rabbits y pace-makers, marcadores de ritmo, que, además de servir de guía, crearán un entorno competitivo de alta clase, un automóvil adelante del atleta que ayudará a romper la resistencia del aire y acaso el keniano puede favorecerse con la brizna o estela de succión que producen los vehículos en movimiento; contará, además, con una línea verde en la que se le va a indicar, tal vez con un rayo láser, el ritmo que debe sostener y, además, le señalará la ruta para que no corra un centímetro más de los 42,195 m; Kipchoge ni siquiera se desviará para dirigirse a la mesa donde, en Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales o en cualquier prueba de maratón, hay botellas de agua u otros líquidos, pues domésticos en bicicleta le entregarán en su mano lo que deba beber.

Llevará cinco liebres extraordinarias: el ugandés Cheptegei, 26.49.94 en 10,000; los kenianos Kiprono, 7.28.76 en 3,000, y Kamworor, 58.54 en media maratón; el suizo Wanders, 59.13; Chelimo, de EU, 13.03.90 en 5,000; los mediofondistas noruegos, los hermanos Ingebrigtsen, Henrik, Filip y Jakob, especialistas en 1,500 y 5,000.

Hay muchos factores más, el estado de ansiedad del competidor, que se preparó en Eldoret. El pasado 29 de septiembre, el etíope Kenenisa Bekele sufrió una dolencia en la pierna derecha y quedó a dos segundos de romper la marca mundial de Kipchoge (2:01.39). Potencialmente, Bekele, de linaje superior a Kipchoge, podría romper las dos horas en maratón, pero no se cumplió el ceteris paribus…

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