Oye dummy

Incluso el más neófito tiene alguna idea vaga de la existencia de la Fórmula 1, si bien no sabe bien con qué se come. Al decir que es un deporte, se le deja como categoría vaga. Si se le considera espectáculo masivo, es apenas una verdad parcial. En cambio, si se le ...

Incluso el más neófito tiene alguna idea vaga de la existencia de la Fórmula 1, si bien no sabe bien con qué se come. Al decir que es un deporte, se le deja como categoría vaga. Si se le considera espectáculo masivo, es apenas una verdad parcial. En cambio, si se le pone en el lugar exacto, cual la expresión óptima del arte tecnológico, ya se le entiende en su dimensión correcta. Así lo es para el mecánico del pueblo rabón y también para el director del gran banco en la ciudad.

Explicada como para que la entiendan hasta los dummies, se ve que es hija real de las gruesas rupturas de la sabiduría de la especie. El primer fuego, la rueda inicial y el uso de la numeración son sus cimientos.

Es cuando nacen los motores de combustión interna que se da el pistoletazo de salida a un frenesí que acabaría en locura, por la sicosis planetaria que trajo el fluir de tantos automóviles y terminaron por convertir a los hombres en sus apéndices.

Dime en qué coche andas y te diré quién eres, insinuaría hoy Sancho Panza a don Alonso Quijano. Luego, estaría muy aguzado Lucian Freud para añadir: a qué velocidad se desplaza tu auto y adivinaré por dónde corre tu libido para pintarte un violín.

El hombre y sus máquinas que ruedan, como piedras que ruedan, son una y la misma ancheta. Móviles y computadoras, mandos a distancia, medidores de todo tipo de variables o la electrónica llevada a consecuencias inauditas son considerados como prodigios inherentes a la supervivencia, y se vuelven los hermanos ilustres de la categoría exquisita del automovilismo de competición de la gama más alta.

En sus circuitos, se volvió asunto del diario aplicarse con nuevos materiales hasta antes impensados. En especial, con la fibra de carbono. Océano de posibilidades puesto al servicio de este juego muy serio. Y ya después, para otras prácticas industriales.

Alumbramiento

Nació como un fruto más de la añeja costumbre milenaria de correr desaforados para alcanzar una meta. La evocación de Filípides yendo a las volandas a Atenas para dar el aviso del resultado de una batalla, 500 años antes de Cristo; o apenas como la alusión de las celebraciones de mayor importancia en la antigüedad.

Homero da cuenta de que, además de los sacrificios para ser gratos a los dioses, se jugaban carreras casi casi con cualquier pretexto.

La manía de persecución fingida ha dado el origen a los primeros Grand Prix. En el Viejo Continente empezó esa hebra y poco después, ya en América, junto a la gestación de la gran industria de Detroit, se discurrió la versión aborigen mucho más naive con el Indianapolis Motor Speedway.

La organización de la Fórmula 1, desde la mitad del siglo XX, deja ver pronto a su inventiva transformada en el laboratorio de pruebas más refinado para la innovación en los autos.

México también se hizo presente en tal circo humano con su Carrera Panamericana. Venían a enfrentarse los ases más afamados de la F1, como: Juan Manuel Fangio, Karl Kling, Piero Taruffi, Umberto Maglioli o Luigi Villoresi.

Sucede un accidente de fatales consecuencias en Silao, Guanajuato, en 1953. Se mata Felice Bonetto y el pueblo, siempre cáustico en su sabiduría, determina con el doble juego oral que: “por Taruffi, Bonetto se dio en la Maglioli” y, con ello, nace esta afición sin fin adicta a las carreras.

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