Alemania deja huella en México después del Mundial de 1986

El conjunto alemán estrechó su relación con México gracias a proyectos de beneficencia en la ciudad de Querétaro

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CIUDAD DE MÉXICO.

Las seis semanas que pasó la selección de Alemania en Querétaro –su base durante el Mundial de 1986– dieron pie a una historia que estrechó la relación entre la nación europea y México. Una unión que ha resultado productiva para nuestro país y que ha cambiado vidas para bien.

Durante tres décadas, la sociedad alemana ha apoyado distintos programas en territorio nacional que han servido para sacar de la precariedad a múltiples personas. Inició con el aporte de la Fundación Egidius Braun y se reforzó 10 años más tarde con la intervención directa de la Fundación de la Deutscher Fußball-Bund (DFB)... y todo comenzó gracias a la Copa del Mundo.

En 1986, como parte del protocolo del Mundial, el representativo germano visitó las instalaciones del Colegio Alemán y  la Casa Cuna Oasis del Niño, ambas en Querétaro. Suficientes enseñanzas en ambos lugares, duras, para que se originara un compromiso. De ahí que naciera el programa México-Hilfe (Ayuda a México).

El día en el que la selección visitó las instalaciones del Colegio Alemán se dio una pregunta que generó una bola de nieve: Egidius Braun, entonces secretario de la DFB, quiso conocer la situación de los niños que estudiaban ahí y la respuesta, para su sorpresa, fue que algunos tendrían que abandonar sus estudios por la falta de liquidez. La historia la conocieron sus acompañantes Rudi Völler, Jürgen Klinsmann, Lothar Matthäus y Harald Schumacher, además del técnico Franz Beckenbauer.

Braun entonces se comprometió a cubrir los gastos de 14 niños que no contaran con recursos suficientes para seguir sus estudios hasta que concluyeran una carrera universitaria. Desde 1986 todos los gastos originados por sus estudios (matrículas, uniformes, útiles, traslados) fueron cubiertos en su totalidad.

Por si faltara algo, en el acuerdo estaba implícito que cada año viajarían cuatro de ellos a Alemania para reforzar sus estudios y conocer de primera mano cómo se vive en su país benefactor.

En el caso de la Casa Cuna, que es una institución que se fundó tras la Revolución Mexicana como un orfanato, la suerte de los niños que la habitaban tocó fibras sensibles tanto de directivos como de jugadores. De inmediato se generó la intención de aportar para poder encauzar las vidas de la gente que ahí se encontraba. 

El delantero de la selección alemana Rudi Völler fue el primero en apoyar el proyecto de Braun con una aportación que comenzó con cinco mil euros. A él le siguieron sus compañeros en la selección y después gente cercana a ella y a la federación. Comenzó a fluir el dinero. Según cálculos ahora son 5.5 millones de euros los que se reúnen para apoyar proyectos sociales en México.

Porque después de ayudar en Querétaro, la DFB se ha dedicado a incrementar su presencia en el país para desarrollar proyectos similares. Está en Chiapas, Guadalajara, Puebla, el Estado de México e incluso en la Ciudad de México. En años recientes ha sido prioridad acercarse a niños en situación de riesgo por la presencia del narco.

“Los riesgos son enormes, pensamos en los peligros del abuso o maltrato infantil. Así que visitamos e inspeccionamos periódicamente los proyectos”, explicó hace unos días Franz Marcus, integrante de la Fundación México-Hilfe. El apoyo ahora incluye a madres solteras, personas discapacitadas y niños en situación de calle. Y ahí están, presenciales, como desde los primeros días, Völler y Matthäus. Su compromiso no se ha acabado con México, aunque ahora apoyado en una organización que tiene a 330 mil benefactores por año y que se ha expandido por el mundo. Todo gracias a un Mundial de Futbol.

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