Morir exhausto…

en lugar de aburrido: la filosofía del mexicano Rafa Ortiz, uno de los kayakistas más reconocidos en el mundo. Big Banana, la Cascada Palouse y las Cataratas del Niágara, entre sus conquistas

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Descender a 200 kilómetros por hora y vivir para contarlo.
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Fotos: Cortesía Red Bull
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CIUDAD DE MÉXICO.

Rafa Ortiz tiene 28 años, la mitad de ellos gastados dentro de un kayak y navegando por las venas de la Tierra. A sus 14 años recibió un kayak, nave inseparable, por parte de sus padres. El ahora ingeniero en Mecánica y Eléctrica de la Ibero no imaginaba que aquel regalo le cambiaría la vida, comerse con los ojos los mapas de geografía, sus ríos y cascadas. Trazar rutas, soñar con descensos a 200 kilómetros por hora. Veracruz, el primer destino. Después, el mundo entero.

Dos cicatrices lleva como trofeos que le dio el atreverse a convertirse en uno de los kayakistas extremos con mayor reconocimiento en el planeta: “Tengo una marca en el párpado tras descender en 2010 Big Banana, en Veracruz, la segunda cascada más alta descendida en kayak (42 metros). La otra cicatriz la llevo en la mano izquierda y me la hice en la cascada del Meco, en San Luis Potosí”.

Para Rafa no existen miedos, sino retos. De hecho una de sus frases favoritas es: “tengo una gran ambición de morir exhausto, en vez de aburrido”. Lo que él traduce como “en lugar de quedarnos sentados, hay que pararnos y salir a buscar lo que sea: aventuras, retos, cualquier cosa que nos haga vivir intensamente”.

Y así, con adrenalina en las venas y un kayak al hombro, el deportista chilango se atrevió al reto más alto logrado por el estadunidense Tyler Bradt: descender los 57 metros de la Cascada Palouse, en Washington, hasta hoy récord mundial en descenso.

“Yo venía de conquistar la Gran Banana y esperaba igualar el récord. Hice el descenso, sólo que la turbulencia fue tal en la Cascada Palouse que al final salí disparado del kayak y la marca no fue homologada. Aún así, tengo los descensos más profundos: Big Banana y Palouse”.

Entre suicidas y atrevidos

A los 23 años, Rafa Ortiz se paró frente a las Cataratas del Niágara. Pretendía lanzarse en su kayak. “Las Cataratas del Niágara tienen infinidad de historias de suicidas, atrevidos que las desafían lanzándose en barriles. Otros locos, incluso, las han cruzado caminando sobre la cuerda floja”.

Muchas vidas se las han llevado las aguas.

A Rafa le llevó tres años invertidos en preparación física, mental y económica. “Todos los días pensaba, leía, me documentaba, platicaba con otros kayakistas acerca de esa caída, que era de las más peligrosas. Había que madurar la idea, conocer posibles consecuencias y entender que, de hacerlo, sería de manera ilegal. Jamás me darían el permiso. Intentarlo del lado estadunidense (existe el lado canadiense)”.

Desde el primer día de aquellos tres años de preparación, Rafa contó con el apoyo de su amigo, kayakista y director de cine Rush Sturges, quien se convirtió en su sombra. De aquella aventura surgió el documental Chasing Niágara (2015). Tres años de preparación y la culminación del sueño de Rafa Ortiz resumidos en 72 minutos.

“El documental ya se exhibió en Estados Unidos y ahora en México. Hay propuestas para hacerlo película”.

Imágenes donde se mezclan la adrenalina, el poder y belleza de la naturaleza, así como el desafío del hombre. “Hay que romper los miedos y los límites”.

En el lugar correcto

Rafa es chilango, pero el kayak lo ha llevado a viajar por países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, la India, Pakistán, Nueva Zelanda y algunas regiones de África. Hace menos de un año que se mudó a Washington “por sus ríos, que son increíbles. Ahí es donde está evolucionando este deporte”.

Dice que alguna vez leyó una teoría “muy interesante. Si tú quieres ser el mejor en algo, debes de estar donde está sucediendo”.

En el caso de la tecnología –explica- no fue casualidad que Steve Jobs y Bill Gates hayan estado en el mismo lugar llamado Silicon Valley, en California.

“El Silicon Valley para los kayakistas es el estado de Washington, está a una hora del este de Portland

y es el paraíso por sus ríos y cascadas”.

Lecturas de un loco

Otras de las pasiones de Rafa son leer y coleccionar frases. Su reto, si el kayak se lo permite, es leer un libro al mes. ¿Qué estoy leyendo? Un libro sobre incentivos económicos, que trata de cómo funciona el mundo en números. Se llama Think like a freak (Piensa como un loco), de Steven Levitt y Stephen Dubner (si admites lo que desconoces, aprenderás lo que necesitas)”.

Reconoce que son los viajes y las lecturas los que hacen de éste un mundo increíble. “A veces, por una extraña razón, lo que estoy leyendo se relaciona con lo que estoy viviendo”.

Se le comenta que a veces el calificativo de loco se puede convertir en un piropo. Rafa ríe y confiesa que a cada rato escucha esa palabra. “Pienso en el tema de la locura y recuerdo el libro de Paulo Coehlo titulado Verónica decide morir. Un loco es alguien que hace algo diferente a los demás. Estamos locos, sí, pero por vivir y hacer cosas diferentes”.

En cuanto a las frases que colecciona, recuerda las siguientes: “Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y se fusionan” (Voltaire). “El río fluye de una edad a otra y las historias de la gente transcurren en la orilla para ser olvidadas mañana y que el río siga fluyendo” (Kundera).

Insiste en que hay que romper los miedos y los límites. “¿Qué va a decir mi epitafio?: Si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina”.