Entre ‘El Santo’ y Torrijos; ‘Manos de Piedra’ Durán está en México
El excampeón Roberto Durán recuerda una infancia con máscaras mexicanas y la amistad de un paisano que soñaba con ser el presidente de Panamá
CIUDAD DE MÉXICO.
Amigo del expresidente panameño Martín Torrijos (2004-2009), admirador de el Santo, hijo de un mexicano que un día desapareció, cuatro veces campeón del mundo y rival de Sugar Ray Leonard, Roberto Durán se asoma a la Ciudad de México para asistir a una gala del CMB, cantar La vida no vale nada de José Alfredo Jiménez, su favorito, tomar tequila y recordar los tiempos cuando se subía al ring con tal de ganar las monedas que la gente lanzaba a los atrevidos.
Roberto Carlos Durán Samaniego (16 de junio de 1951/Panamá) dejó de ponerse los guantes y desafiar a Sugar Ray Leonard, Tommy Hearns,
Marvin Hagler y Pipino Cuevas. Pero cada vez que charla, las manos se siguen moviendo, ahora al ritmo de sus palabras. Muestra las manazas de concreto, aquellas que le hicieron ganar títulos y el apodo de Manos de Piedra, pero su rostro ya no tiene la fiereza de antes. Hoy es un tipo bonachón, dispuesto a platicar, dar autógrafos y abrazar a quien tenga tiempo para escuchar su pasado.
“Yo vivía a unos pasos de donde se dio la invasión al cuartel de Panamá y muy cerca había un gimnasio. Tenía 10 años cuando mi hermano Toti me llevó a ver a unos hombres que se ponían trapos en las manos y unos guantes gastados. Yo pesaba unas 89 libras (40 kilos) y me quería poner los guantes, pero nadie me hacía caso. Quería pelear gratis en el ring para que la gente me tirara plata y poder comer”.
Lo suyo era el box.
No te creas. Primero aprendí a luchar porque quería ser como los ídolos que mirábamos en los teatros (cines) de Panamá: El Santo, Black Shadow, Blue Demon, el Enfermero, el Médico Asesino. Yo tenía máscaras y me las ponía para luchar con mis amigos en la calle, pero en la lucha no había plata y yo necesitaba llevar dinero a la casa.
Bueno para las peleas callejeras.
Yo soy un hombre peligroso en la calle. Cuando vino la fiebre de Bruce Lee vivía en Miami, así que un maestro de kung-fu y yo intercambiamos artes de combate. También judo y malas mañas del box callejero.
Tiene influencia mexicana.
Mi papá se llamó Margarito Durán y era mexicano. Murió en Arizona. No sé si tengo familia en México, pero sí en Texas y Panamá. A mí me pusieron Roberto por un hermano suyo que murió joven. A mi padre lo conocí hasta los 21 años de edad. Un día, él llegó a ver a mi mamá, me hizo y se fue. Luego, 21 años después, entrenaba en el hotel alejandría para una pelea y llegó una pareja para conocerme; él dijo: ‘pero si es igualito a su padre, no lo puede negar’. Al día siguiente se asomó mi padre, temeroso. Pensó que le iba a decir algo.
Pudo haber peleado por México.
En una ocasión, familiares de Estados Unidos me pidieron que así lo hiciera. Por lo menos esa vez, en Los Ángeles, me vistieron de mexicano antes de la pelea, con revólver y toda la cosa. No puedo negar que tengo sangre mexicana en las venas.
Y amigo del presidente Martín Torrijos.
A Martín Torrijos lo conocí cuando era un peladito, se hizo teniente de la guardia y luego presidente de Panamá. Yo le enseñé a pelear de chamacos. Él me decía que un día sería presidente y yo no le creía. Luego, yo le decía que un día sería campeón del mundo y él se reía. Con el tiempo, yo me quedaba en su casa
de la playa y nos poníamos una borrachera de madre. Al otro día, él tomaba el helicóptero y se iba al cuartel de Panamá. Yo a entrenar.
En su infancia existió un indigente llamado Chaflán.
Era un loco, 10 años mayor que los niños. Bailaba en las cantinas para pedir plata que luego repartía con los peladitos. Decía: ‘les voy a dar plata a los peladitos que se pongan a luchar’. Todos le hacíamos caso. Con el tiempo sacó a muchos niños de las drogas.
Una infancia difícil.
Fui vendedor de periódicos, bolero, plomero, barnizador de muebles y tapicero. También calentaba la brea para cubrir el techo de las casas.
Y, por poco, enmascarado.
Llegué a México a los 17 años para pelear en la Arena México. Más que por el box, mi ilusión era mayor porque iba a pelear en el cuadrilátero en el que lucharon El Santo, Huracán y Black Shadow. No lo podía creer.
A usted se le recuerda por las peleas ante Pipino Cuevas, Thomas Hearns, Marvin Hagler y sus 12 defensas del cinturón ligero, antes de subir de categoría. Pero más por los combates ante Sugar.
El primer combate lo gané y le arrebaté el título welter a Sugar, en 15 asaltos. Ahí mirabas al mejor Roberto Durán de todos los tiempos.
Volvieron a enfrentarse y usted abandonó en el séptimo asalto.
Las otras peleas con él fueron papelillo, él lo sabe y los americanos también.
Se habla de que usted sufrió calambres en el abdomen, en el combate. Que la noche anterior usted se fue de juerga con unos amigos panameños.
Ya te lo dije. Las demás no cuentan (perdió en dos ocasiones con Sugar), lo único que puedo decir es que hubo cosas malas... y ahí le voy a dejar. Él sacó un video titulado ‘No más’, refiriéndose al momento en que le di la espalda en la segunda pelea. Todo el mundo le dio la espalda a él. Todos saben que ése no era Manos de Piedra Durán.
Ahora son amigos.
Nos vemos muy seguido. A veces me consigue contratos para firmar autógrafos en Estados Unidos. Ahora está por hacer una fundación infantil llamada Four Kings (cuatro reyes) y quiere que yo sea uno de ellos.
Usted viaja mucho.
Me la paso en Londres, París, Estados Unidos y otras partes del mundo firmando autógrafos y en convenciones de box. Mira, mi hermano, ahora estoy en México para una gala del CMB.
¿Cómo lo trataron anoche?
No sé dónde me metieron. Lo que sí sé es que comí pasto como un caballo y tomé tequila como el diablo.
Con todo y mariachi.
Me encantan las canciones mexicanas, aunque no me las sé todas. Ayer canté La Vida no vale nada de José Alfredo Jiménez, mi favorito. En Panamá se oye poco, pero ya hay mariachi panameño para los cumpleaños.
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