Durmiendo en el aire; el peculiar descanso para alpinistas

Cuando el sueño entra a kilómetros de altura, los montañistas tienen la opción de dormir en una cama portátil con el vacío como compañero

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CIUDAD DE MÉXICO, 5 de mayo.- Era 1980, en el Valle de Yosemite, un sitio turístico de la Sierra Nevada en Estados Unidos que le encanta a los escaladores. Hacía frío y oscurecía apuradamente cuando Mike Graham, un alpinista profesional, decidió experimentar con su propio cuerpo. Estaba en El Capitán, una tremenda mole de granito monolito cuando clavó firmemente en él la punta de su bolsa de dormir. Fue el primero en cerrar los ojos para descansar al vacío con su invento.

A partir de ahí empezó una febril revolución de los alpinistas por dormir verticalmente a alturas que además de vértigo, “dan miedo. Eso es imposible de quitar. He llegado a dormir colgado sólo de mi cama elástica a 150 metros de altura y es una sensación increíble. La primera vez que echas un vistazo hacia abajo sientes un tirón en el estómago y ganas de llorar. Después te acostumbras hasta que lo disfrutas”, menciona Yvon Chouinard, montañista de 76 años que además practica kayak y cetrería.

El espectáculo para aquellos que escalan es brillante. Tras un esfuerzo consumado quedan rendidos ante sus ojos valles interminables y lagos, rocas y montañas que se convierten en obstáculos derribados para los humanos que nunca olvidarán aquellos paisajes.

El director del parque turístico Kent Mountain Adventure Center, Harry Kent, que vive en Denver, Colorado, describe vía electrónica, la familiaridad que tiene con este tipo de camas para dormir pegado a una roca y con nada debajo de los pies:

“Se crea un vínculo entre la montaña y la persona. El trabajo de llegar hasta un punto se transforma en una sensibilidad que alcanza un clímax a la hora de descansar. En el parque tenemos el atractivo para cualquier persona que desee probar dormir de forma vertical”.

Las montañas son una caja de sorpresas. Las personas que se acercan a ellas son capaces de vencer sus miedos y atreverse a cosas infinitas. La exigencia física sin embargo, es importante porque no es sencillo escalar hasta una altura de emociones fuertes. Sin más remedio que descansar, es inviable bajar de nuevo a tierra firme, así que no queda otra solución más que dormir arriba.

Entonces, con gran habilidad, se colocan los arneses y se clava la hamaca que en muchas ocasiones tiene un techo para combatir los malos climas. El peso que pueden soportar estas camas, que principalmente produce PortalEdge en Estados Unidos, es de 250 kilogramos, para poder incluir todo el equipamiento que cargan, pero todo depende también de la forma en que se coloque contra el muro. En ese proceso no hay mucha ciencia, son sólo dos clavos de alpinismo perfectamente anclados que sostendrán al montañista para descansar.

“La verdad es que no es difícil de realizar. Normalmente nosotros en el parque ponemos un guía, pero el aficionado hace su labor casi siempre solo”, comenta Kent en Colorado. “La idea es que los principiantes tengan un fin de semana inolvidable viendo todo el paisaje de las Rocallosas de nuestro estado. Definitivamente no hay que ser un montañista, sólo se necesita un nivel físico básico y perder el miedo. Si de cualquier forma uno de nuestros invitados decide no dormir al aire, podemos bajarlo por medio de una cuerda. Lo importante es que la gente no pierda el apetito por la aventura”.

Se pueden distinguir entre dos tipos de reposo suspendido: la de tienda de campaña y la de hamaca. El primero es un capullo, cubierto en su totalidad, que tiene un reforzamiento en su base y dos arillos para ponerlos en los clavos. La hamaca es simplemente una tela descubierta de aproximadamente dos metros de longitud para arropar perfectamente el cuerpo, impidiendo el rodaje y la caída. De cualquier forma, el montañista debe dormir asegurado por un arnés que se sostiene sobre un enjambre de cables que están posicionados a un costado, para tener mayor seguridad.

“Muchas personas no evitan sentir el miedo todo el tiempo y les cuesta dormir, pero una vez que descansas y respiras, sientes que algo está cambiando en el mundo.Observas las cosas desde otra perspectiva. La belleza del paisaje es un narcótico suave. Poco a poco, instalado en la altura, empieza a pasar tu vida por la cabeza y reflexionas de lo que has hecho bien o mal, así como también agradeces lo hermoso que es el mundo”, confesó en su experiencia el veterano montañista Yvon Chouinard.

En 1985 se fundó la compañía A5 Adventures, dirigida por John Middendorf, un ingeniero mecánico graduado en la Universidad de Stanford. A5 se dedicó a fabricar camas portátiles para alpinistas con tejidos altamente resistentes a la intemperie y diseñados para ser estructuralmente estables y fuertes. Las camas A5 fueron las primeras que soportaron las severas condiciones climáticas en áreas remotas como el Himalaya.

Un aventurado californiano, Dave Turner, seducido por las camas y hamacas de A5 Adventures, decidió pasar un mes en las Torres del Paine en Chile, donde uno de sus cerros alcanza tres mil metros de altura y durmió colgado cada día.

“Fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Además lo hice solo, sin compañía ni ayuda de nadie. Ver el atardecer o el amanecer es algo que cautiva, pero particularmente, estando al vacío, me gustaba más el silencio de la noche, era algo que calmaba cualquier estrés”.

Harry Kent asegura que este tipo de cosas nunca se deben hacer en solitario. “Por ejemplo, el principal problema a los que se enfrentan los montañistas en cualquier lugar son las tormentas eléctricas. Nunca está demás tener la charla y las opiniones de otra persona. Si hay nubes encima del lugar en donde se va a dormir, es preferible buscar otro sitio o moverse. Además, es bueno que haya turnos para vigilar el sueño del compañero”.

Cuando el alpinista ha decidido que es momento de pausar y descansar, saca de su mochila un cuadro plegable que extiende sutilmente. La cama de alpinismo PortalEdge pesa alrededor de diez kilos, y lo más recomendable es adquirir una práctica para clavarla cuanto antes a la pared rocosa.

Hecho esto, lo mejor es atarse con una cuerda la cintura y entonces subir poco a poco a la hamaca. “La sensación es como si te pusieras en una tabla. La cama es tan resistente que no sientes que se mueva. Una vez que se ha tenido una firmeza para descansar, hay alpinistas que disfrutan del atardecer leyendo, tomando un té y sacando fotografías. He visto a parejas de enamorados que celebran su aniversario haciendo una semana de escalada. Entonces cuando llega el momento preciso, descorchan un vino y brindan ante un paisaje maravilloso”, relató Harry Kent, el director del parque de aventuras montañosas más conocido de Denver, Colorado.