Ok, perdón... ¿y luego?
Se esperaban desde hace varios meses, y todo hacía pensar que si no se ofrecieron entonces, no se ofrecerían ya nunca. Pero ayer Enrique Peña Nieto pidió disculpas por el asunto de la Casa Blanca misma que Angélica Rivera regresó a Higa en 2014, según se informó: ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Se esperaban desde hace varios meses, y todo hacía pensar que si no se ofrecieron entonces, no se ofrecerían ya nunca. Pero ayer Enrique Peña Nieto pidió disculpas por el asunto de la Casa Blanca (misma que Angélica Rivera regresó a Higa en 2014, según se informó): “En noviembre del 2014, la información difundida sobre la llamada Casa Blanca causó gran indignación (...) este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza del gobierno, en carne propia sentí la indignación de los mexicanos, la entiendo perfectamente, por eso con toda humildad les pido perdón por la Casa Blanca, les reitero mi entera y más sincera disculpa...”, dijo. Claro que insistió en que él no hizo nada malo, que todo estuvo dentro del marco de la legalidad, tal y como lo aseguró Virgilio Andrade, quien horas antes presentaba su renuncia como titular de la Función Pública. Las disculpas fueron acompañadas por la promulgación del SNA. Tal vez lo dicho por EPN obedece a los resultados de la elección del 5 de junio. Las urnas hablaron de nuestro nivel de indignación. Bueno, no sólo las urnas, los índices de aceptación también. Tal vez al ver su principal logro (las “reformas estructurales”) tan atacado desde varios frentes, EPN se puso a pensar cuál sería el legado sexenal en caso de que aquellas no rindan (no en el corto plazo, al menos) los resultados esperados. Y decidió entrarle al tema más caliente de estos últimos años: la corrupción. Dice el dicho que “más vale tarde que nunca”. Y viendo el vaso medio lleno, EPN se compromete a luchar contra la impunidad que esperan ya no tenga oportunidad con el SNA promulgado.
Es muy pronto para predecir cuál será el alcance (en términos de opinión pública) de la disculpa. Por lo pronto, a la ciudadanía lo único que le puede significar algo es que las palabras se completen con los hechos. ¿Qué pasará con todos los personajes que hoy tienen sobre ellos señalamientos de enriquecimiento ilícito? ¿Qué sucederá con esos gobernadores que se han servido con la cuchara grande de la cazuela del erario? Porque aunque las disculpas eran algo que habíamos dado por y para siempre omitidas y ayer (aunque a destiempo) nos tomaron por sorpresa, algo tendrá que pasar y pasar pronto.
Lo curioso es que llegan después de algunos cambios que ya hemos observado en la narrativa de EPN: tanto en el discurso como en su operación política. Tras la salida de Beltrones del PRI, Enrique Ochoa llegó para hablar de “autocrítica”. Las urnas obligaron a los priistas, al menos, a anunciar la intención de cambiar, ya veremos. Al mismo tiempo, el anuncio de la PGR contra los pretendidos blindajes de los próximamente exgobernadores Roberto Borge, César Duarte y Javier Duarte (quien, por cierto, ya prepara su exilio en EU, según leíamos ayer). Ayer, EPN firmó, por fin, ese necesario acuse de recibo. Esperemos que tenga claro que las palabras huecas quedarán a menos que veamos una ejecución del SNA impecable, un nombramiento de fiscal impecable y una depuración de la clase política en donde paguen consecuencias, al menos, aquellos que ya son completamente impresentables.
Las disculpas fueron un buen principio, pero no estará completo hasta que veamos las acciones concretas derivadas de este anuncio. Celebro que Peña Nieto comience a hacerle caso a los asesores que sí entienden cómo funciona la democracia, la rendición de cuentas, los premios y los castigos en las urnas. Los que se preocupan por el “qué” y el “para qué” de su imagen —y la de su gobierno— y no solamente por el “cómo”, el “en dónde” y el “cada cuánto”. Y para que la sociedad perdone, lo más relevante será que ya se dejen de perdonar siempre a sí mismos.