La “condición humana”

Cuando Darwin se subió al legendario Beagle, en 1831, se propuso reflexionar y sustentar ideas que, con el tiempo, generarían su teoría de la evolución de las especies. Le tomó cinco años de travesía en alta mar, pensaba que sólo serían dos. Sus estudios fueron ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Cuando Darwin se subió al legendario Beagle, en 1831, se propuso reflexionar y sustentar ideas que, con el tiempo, generarían su teoría de la evolución de las especies. Le tomó cinco años de travesía en alta mar, pensaba que sólo serían dos. Sus estudios fueron documentados en cartas que, en manos de su familia y amigos, dieron forma a un diario del que se han publicado varias ediciones, todas ellas en inglés. Ahora, el Fondo de Cultura Económica ha editado una versión en español basada en la que alguna vez realizó Frederick Burkhardt, un gran estudioso de la filosofía darwiniana que fundó un centro dedicado a la investigación de todo lo que hay detrás, lo que se entiende y observa en los documentos que Darwin escribió.

Darwin es una autoridad cuando hablamos del ser humano y las especies. Al menos, los primeros sabemos que provenimos del mono y creemos ser conscientes de ello. O creemos, más bien, estar conscientes de todo. Tras los cientos de miles de años que la humanidad ha pisado la tierra, nos hemos autoproclamado como una especie superior, la más inteligente de todas, aunque en el cotidiano estemos llenos de historias que contradicen esta soberbia tesis.

Enrique Peña Nieto decía hace unos días, al darle banderazo al Sistema Nacional de Transparencia: “Lo que estamos haciendo —a lo mejor le voy a dar con ello material a más de un caricaturista— pero el Estado mexicano y su sociedad, lo que estamos haciendo es domar auténticamente la condición humana”. Asumiendo que la corrupción es parte de nuestra naturaleza y no un mercado de derivados culturales amasado durante siglos. ¿La corrupción se alojará en el cerebro reptiliano, que es el que define las funciones de sobrevivencia? ¿O en el límbico, en el que se forman las emociones? Porque, difícilmente, nacerá y se replicará en la corteza cerebral, en la cual se aloja la llamada “racionalidad”.

Condición humana. ¿Cuál? A las mujeres nos ha costado mucho que nos traten igual que al hombre. Es 2015 y el movimiento feminista sigue teniendo asuntos que resolver. Como si nuestras virtudes hubieran comenzado a ser reconocidas hace apenas unos años. ¿Cuánto tiempo tenemos votando en elecciones? ¿En cuántos países las mujeres siguen siendo obligadas a vivir bajo la máxima de Fray Luis de León: “Porque así como la naturaleza […] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”? ¿Por qué el hombre siente que hay lugar para su falsa superioridad? Una superioridad que ha costado cientos de años derribar. La historia universal cuenta que el primer ser humano registrado como literato fue mujer, Enheduanna, nacida en 2285 aC., y tantísimos años después, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo que ingeniárselas para acceder a una formación académica. Y peor aún, hace un par de años el Talibán atentaba contra la vida de la niña Malala Yousafzai, que lo único que pedía era hacer valer su legítimo derecho a estudiar y aprender... De no creerse.

¿Condición humana? ¿Cuál? ¿La de los sicópatas empleados maltratando y violentando a los cachorros de la tienda Maskota en Pachuca, Hidalgo, de una forma mucho más agreste de lo que unos cavernícolas harían? ¿O la del Estado Islámico matando o masacrando a quien no comulgue con sus interpretaciones de un libro sagrado que escribieron otros hombres citando a un supuesto dios?

¿Condición humana, cuál? En estos días tuvimos otro ejemplo —de superioridad y contradicción— en Xalapa, cuando el arzobispo de aquella ciudad dijo que las madres solteras eran una “plaga”. Luego corrigió diciendo que en realidad quiso decir “epidemia”, como si ello cambiara el sentido de la frase. Una “epidemia” de la que ellos también son responsables, ¿acaso no son ellos quienes condenan el aborto? ¿Cuántas mujeres son obligadas a tener a un bebé que termina condenado a una vida de posibilidades inciertas porque la Iglesia y organizaciones las obligan? Sí, las obligan, porque, incluso, son capaces de llevarlas a la cárcel.

Ejemplos de barbarie nos sobran. Basta leer cualquier periódico del mundo para asegurar que esa es nuestra “condición humana”: la atrocidad. Las redes sociales están infestadas de imágenes crueles, en donde evidenciamos que, como especie, habremos evolucionado por la selección natural de Darwin, pero tan poco en nuestro comportamiento. Acaso sería momento de empezar a decirnos la verdad: que nuestra condición humana es la condición de las bestias.

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