Trump y la eliminación del DACA
Una noticia preocupante fue, sin duda, el anuncio en la Casa Blanca de una nueva orden ejecutiva suscrita por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que pretende poner fin al Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, mejor conocido por sus ...

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
Una noticia preocupante fue, sin duda, el anuncio en la Casa Blanca de una nueva orden ejecutiva suscrita por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que pretende poner fin al Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, mejor conocido por sus siglas en inglés como DACA.
Dicho programa fue implementado en el año 2012, por el entonces presidente Obama para decretar la suspensión de cualquier acción de deportación a cierto grupo de niños y jóvenes que ingresaron a Estados Unidos —de una manera irregular— antes de cumplir 16 años y que han vivido allá, es decir, aquéllos que llaman dreamers.
La decisión de Donald Trump pretende poner fin a los beneficios obtenidos por más de 780 mil jóvenes —además de detener su deportación— como son: permitirles trabajar de manera formal, brindarles una identificación oficial, así como seguro médico, los cuales quedarían eliminados a partir del 5 de marzo del año 2018, si antes el Congreso no emite alguna ley en contrario.
La medida es relevante para México por varias razones, ya que del total de los jóvenes afectados por la cancelación del DACA, 77% son hijos de padres mexicanos, es decir, alrededor de 600 mil dreamers.
Confío en que esta iniciativa insensible y violatoria de los derechos humanos de los migrantes, del inefable mandatario estadunidense, le va a representar una nueva derrota jurídica y política.
Existen datos que demuestran que 46% de los jóvenes que podrían ser deportados, son estudiantes, y que 83% de la totalidad de los dreamers, actualmente se encuentra trabajando y pagando impuestos, es decir, generando riqueza a ese país.
Además, según datos ofrecidos por el Center for American Progress, la deportación de cada persona le costaría al gobierno norteamericano la cantidad de más de diez mil dólares, que incluyen los costos de la detención, la espera durante el procedimiento, los gastos judiciales ante las instancias de inmigración y, finalmente, su transportación. De tal suerte que la deportación de los 600 mil jóvenes supondría un gasto de más de seis mil millones de dólares a las arcas federales.
Con esta acción discriminatoria, Trump da cumplimiento a una de sus promesas de campaña más populares y deja en manos del Congreso la responsabilidad de legislar para consecutir o frenar esta barbaridad.
La medida ha causado conmoción dentro de aquella nación, así como en la comunidad internacional, propiciando que diferentes y representativas voces se hayan pronunciado en su contra, de forma inmediata y contundente.
México debe estar preparado para enfrentar este problema, el cual, a pesar de lo doloroso, tiene un aspecto positivo y optimista. Estados Unidos se estaría desangrando al expulsar de su territorio a un capital humano de esas características.
La posible llegada de estos jóvenes soñadores requeriría esfuerzos extraordinarios en muchos renglones, pero en el fondo nuestra nación se enriquecería con el arribo de jóvenes calificados, preparados académicamente y con experiencia en el mercado laboral.
Ante la locura e insensibilidad humana de Trump, espero que los pesos y contrapesos del sistema político norteamericano funcionen y lo vuelvan a poner en el lugar que se merece.
Como Corolario la frase de Michelle Obama: “Nada los va a parar en la búsqueda de sus sueños. Se merecen todos y cada uno de sus éxitos”.