Las soluciones mágicas de Rick Perry
Al ciclo político estadunidense se le agotó el tiempo para el humanitarismo y la buena voluntad. Las palomas han callado para que hablen los halcones. Ayer por la tarde, al grito de nadie se mete con Texas, el gobernador republicano Rick Perry, echó mano de sus ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Al ciclo político estadunidense se le agotó el tiempo para el humanitarismo y la buena voluntad. Las palomas han callado para que hablen los halcones.
Ayer por la tarde, al grito de nadie se mete con Texas, el gobernador republicano Rick Perry, echó mano de sus facultades y convocó a mil de los 19 mil miembros de la Guardia Nacional de su estado para reforzar la vigilancia de su frontera con México, en concreto el tramo conocido como Valle del Río Grande, a fin de enfrentar la oleada de menores migrantes centroamericanos que intenta atravesarla.
El anuncio de Perry se produjo luego de varios días de especulaciones sobre la militarización de la frontera y unas horas después de presentarse ante un grupo de veteranos en Iowa, a donde acudió el mandatario estatal el domingo para dar fuerza a sus intenciones de ir por la Casa Blanca en 2016.
El tema fronterizo ha revitalizado a la derecha estadunidense, que actualmente mantiene una disputa política con el presidente Barack Obama por la petición de éste de solicitar fondos extraordinarios al Congreso para el funcionamiento de las cortes de migración, que se han visto rebasadas por el aumento en el número de aprehensiones de menores migrantes.
Los sectores republicanos extremistas agrupados en el Tea Party han exigido a Obama que cualquier ampliación presupuestal se destine para reforzar a la Patrulla Fronteriza y no para el trabajo de las cortes de migración, pues, afirman ellos, gastar esos fondos como lo pretende la Casa Blanca significaría un incentivo para la llegada de más migrantes indocumentados.
El gobernador de Texas se ha colocado al frente de ese debate desde que recibió a Obama en Dallas el 9 de julio pasado.
Perry, quien urgió entonces al Presidente a viajar a la frontera para conocer de primera mano los efectos del incremento en el número de migrantes que buscan quedarse en Estados Unidos, también pidió que el gobierno federal desplegara a la Guardia Nacional en la ribera del río Bravo. “De otro modo —dijo unos días después—, Texas tendrá que actuar para llenar el vacío”.
Esa postura ha catapultado a Perry en su búsqueda de la candidatura republicana para la Presidencia, dos años antes de que ésta se defina mediante las elecciones primarias y asambleas de delegados que caracterizan al sistema electoral estadunidense y que siempre arrancan en Iowa.
Si se concreta, será la segunda vez que el político texano, de 64 años de edad, vaya por la nominación. En 2012 se retiró de la contienda luego de quedar en quinto lugar en Iowa.
Pero no sólo Perry se ha montado en el debate migratorio. El senador Ted Cruz, también texano, dio a conocer el domingo pasado que impulsará una legislación que desincentive la migración de menores y “elimine el imán que ha significado la amnistía del presidente Obama”.
Cabe recordar que los republicanos responsabilizan a Obama de la actual crisis, por su insistencia en una reforma migratoria, que creó, dicen ellos, la ilusión de que habría una amnistía.
Lo cierto es que la reforma migratoria, que ya fue aprobada por el Senado estadunidense el año pasado, está atorada en la Cámara de Representantes… y lo más seguro es que así se quede, al menos hasta que pasen las elecciones legislativas intermedias del 4 de noviembre.
En esa misma fecha, por cierto, los texanos votarán por un nuevo gobernador. Además de impulsar sus propias aspiraciones, Perry busca que su sucesor sea el republicano Greg Abbott, exprocurador de Justicia del estado, quien compite con la legisladora local demócrata Wendy Davis.
Como se ve, hay demasiado en juego en los próximos meses en la política estadunidense, como para que el tema migratorio sea abordado con seriedad al norte de la frontera.
Eso significaría asumir la migración indocumentada, y la ola de menores no acompañados, como lo que son: un fenómeno transnacional, que requiere de la atención coordinada de los países involucrados para controlarlo y darle cauce.
Como documenta un reportaje difundido ayer por la agencia Prensa Asociada, la migración es también un negocio que genera unos seis mil 600 millones de dólares anuales, dinero que, en una buena proporción, se queda en Estados Unidos.
Es necesario preguntarse si el envío de mil miembros de la Guardia Nacional a la frontera servirá para desarticular esa lucrativa actividad criminal o sólo para alimentar ambiciones políticas a costa de la buena vecindad y de devolver a los niños migrantes como si fueran costales de basura.
Hace tres años, Rick Perry se dio a conocer mundialmente por querer resolver la sequía en Texas mediante jornadas de oración (no bromeo, puede usted buscar la información en internet).
Las muestras públicas de devoción del gobernador no sirvieron de mucho, pues no sólo no llovió ese año sino que, de acuerdo con los expertos meteorólogos, el de 2011 fue el verano más seco en la historia del estado.
Hoy, convertido en aspirante presidencial, Perry busca otro tipo de solución mágica. Si ayer no pudo engañar a las nubes, hoy tampoco podrá engañar a la economía… aunque se conformaría con convencer a un número suficiente de incautos que le den la candidatura presidencial en 2016.