Gana espacio la informalidad
Ya de tiempo atrás, las cifras del trabajo informal en México le van ganando espacio a los puestos laborales en la llamada economía “formal”, según cifras que proporcionan periódicamente los organismos encargados de realizar las “mediciones” sobre el tema. En ...
Ya de tiempo atrás, las cifras del trabajo informal en México le van ganando espacio a los puestos laborales en la llamada economía “formal”, según cifras que proporcionan periódicamente los organismos encargados de realizar las “mediciones” sobre el tema. En esta ocasión y con motivo de que ayer lunes se celebró el Día Mundial de la Juventud, bien vale la pena reflexionar sobre el empleo entre la población de entre 15 y 29 años, ya sea sin educación completa o, incluso, con un título universitario.
Mi experiencia como profesor universitario me ha llevado a reflexionar en el futuro que les espera a decenas de comunicadores que año con año concluyen sus estudios superiores con la ilusión de incorporarse de inmediato al mercado laboral y, de golpe y porrazo, se enfrentan a las dificultades de colocarse en una empresa.
De acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con motivo del Día Mundial de la Juventud, 62.6% está empleado en la informalidad. De ese total, 44.2% concluyó la preparatoria o una carrera universitaria y un índice más elevado, 85%, terminó la primaria.
Pero a ello hay que sumar la precariedad en la que laboran miles de jóvenes que de ese 62.6% que está en la informalidad. La mayoría (casi 68%) “trabaja” por menos de dos salarios mínimos; es decir, no gana ni tres mil 900 pesos al mes. Uno de cada cinco lo hace por un salario mínimo y uno de cada tres recibe entre uno y dos salarios mínimos.
Otro drama que enfrentan los jóvenes recién egresados de una carrera universitaria (25 a 29 años) y que tuvieron la fortuna de encontrar un empleo, es que casi la mitad de ellos desarrollan una actividad no profesional y, por lo tanto, sus ingresos son igualmente precarios que quienes están en la “informalidad”.
La gran tragedia es que para los jóvenes de hoy pareciera que tener o no tener un empleo digno da lo mismo. Tengas o no “carrera” siempre recibirás “miserias” como salario. Y ya ni qué decir de las prestaciones. Son nulas e inexistentes. Y eso, desalienta al más optimista.
Pero también, otro fenómeno está provocando el desempleo juvenil en la actualidad. Calculan los expertos que 40% de quienes egresan de una carrera universitaria no tienen los conocimientos ni las herramientas suficientes para desempeñar un trabajo, lo que se traduce en despidos de personal que no cumple con el “perfil” para desempeñar una responsabilidad laboral determinada. Es lo que han llamado “desempleo funcional”.
Un factor que ha contribuido a lo anterior es la falta de coordinación entre las instituciones de educación superior y las empresas que requieren de profesionistas con características determinadas y que debido a la falta de transparencia del mercado laboral tampoco los planes de estudios de las universidades responden a las necesidades, incluso tecnológicas, del mundo profesional de hoy.
Por eso, cuando los gobiernos tienen que ajustar a la baja, con el paso de los meses, sus expectativas de crecimiento económico lo que en realidad sucede es que las economías no son capaces de generar los empleos suficientes para dar cabida a quienes cada año se incorporan al mercado de trabajo formal y que, al no encontrar un lugar en él, se van a la informalidad, lo que “engrosa” las cifras que hoy observamos en nuestra realidad cotidiana. Ya no digamos de quienes han sido “recortados” por las empresas que han enfrentado dificultades económicas en los últimos años.
Esa es la tragedia que hoy enfrentan miles de jóvenes en el país y que explica, por sí sola, el fenómeno de la pobreza —por un lado—, pero también el problema de la falta de futuro y el surgimiento del crimen organizado, por el otro.
Hoy se habla de que con las reformas “estratégicas” que se han propuesto para el país y que pronto estarán a debate en el Congreso de la Unión, podríamos comenzar a crecer a ritmos que permitan crear más fuentes de empleo y dar más oportunidades a quienes han estado ausentes del mercado formal, principalmente, en la última década. Ya veremos si los que toman las decisiones se ponen de acuerdo para encontrar soluciones de fondo que permitan mejorar la situación de millones de mexicanos o sigue prevaleciendo el interés de sus “camarillas”.
