Las cuentas de la elección

No tendremos resultados definitivos hasta que concluya la etapa de impugnaciones. A pesar de esta incertidumbre, ya están claras las cuentas de la elección intermedia.1. Por vez primera tuvimos candidatos transparentes. Transparentes por la publicidad de sus datos curriculares, su trayectoria política y el carácter público de sus declaraciones patrimoniales, fiscales y de intereses.

Maria Amparo Casar

Maria Amparo Casar

A juicio de Amparo

Ocho entidades tendrán a un gobernador transparente. Sólo el de Campeche, curiosamente un estado sin competencia fuerte y sin alternancia, seguirá en la opacidad. La ley no obliga a ser transparente así que, siempre y cuando no resuelvan regresar a la oscuridad durante su mandato, en cualquier momento cualquier ciudadano podrá evaluar la evolución de su patrimonio.

2. También por primera vez se adquirió el derecho a competir sin etiqueta partidaria. De los más de 16 mil candidatos sólo 127 optaron por la vía de las llamadas candidaturas ciudadanas. De ellas destacó la de El Bronco. Un expriista de cepa que abandonó a su partido y supo canalizar el descontento de la mayoría de los regios con los dos partidos que se habían alternado en el poder. Entre las consecuencias de su triunfo están la demostración de que el hartazgo de la población con los políticos tiene consecuencias y que se puede llegar al poder sin patrocinio de los partidos.

3. Los fantasmas del abstencionismo y el voto nulo fueron derrotados. La participación alcanzó el promedio de las tres elecciones intermedias previas (47%) y superó el de las últimas dos (43%). El voto nulo fue igual al de la elección de 2012 (4.8%). Por cierto, las consecuencias —para mí negativas— del voto nulo quedaron patentes en el porcentaje de votos del PT. Contando los votos nulos y aquellos por candidatos no registrados, el PT hubiese perdido el registro con 2.8% de la votación. Al restar estas dos categorías el PT alcanzó el 3% y, por tanto, el registro.

4. Las elecciones 2015 fueron las más caras de la historia. Sin contar el presupuesto de los organismos locales, pero incluyendo el de las autoridades electorales (INE, TEPJF y Fepade) y financiamiento a partidos y campañas, los recursos públicos destinados a la elección alcanzaron los 21 mil 700 millones de pesos, o sea, 55% más que en 2009.

5. Aunque la jornada electoral no registró mayores incidentes (un exalcalde asesinado), el proceso comicial fue el más violento de la historia. Se registraron 22 homicidios en el periodo de precampañas y campañas.

6. Fueron las más acechadas por amenazas de todos tipo: advertencias de boicot, quema de locales partidistas, toma de juntas distritales, quema de material, privación de la libertad de funcionarios, espionaje telefónico. Es de celebrar que la maquinaria electoral haya funcionado de manera ejemplar. La pregunta es: ¿qué lectura hará el partido del Presidente?

7. No se sabe qué tantas elecciones terminarán impugnadas en tribunales, pero hasta el día de la jornada electoral fueron las más litigadas. Las impugnaciones ante el TEPJF pasaron de mil 578 a 14 mil 566, un crecimiento de ¡820%!

8. Pero fueron también las más competidas. Nunca antes se había vivido la incertidumbre sobre el ganador en ocho de nueve gubernaturas o en ocho de 16 delegaciones en el DF.

Quizá mas importante que todo lo anterior es el cambio que ocurrió en el sistema de partidos. Aparentemente todos, menos el Humanista, mantendrán el registro, pero si antes (1997-2012) teníamos un sistema tripartidista en el que los tres partidos más grandes se repartían entre 85 y 95% de la Cámara de Diputados (91% en promedio), ahora habrá dos partidos grandes con 50% de la votación, tres medianos con 25% y cuatro con 25 por ciento. El sistema de partidos sufrió un mayor fraccionamiento multiplicando el número de coaliciones posibles para la legislación secundaria.

El fraccionamiento de la izquierda cobró su peaje o factura. No obstante, habría que explicar el crecimiento de los votantes de esta filiación. Si en la elección intermedia previa (2009) los tres partidos que se autodenominan de izquierda (PRD-MC-PT) sumaron 18% de la votación, en estas elecciones los cuatro (incluido Morena) sumaron 29.7 por ciento. Prácticamente la misma votación que el PRI.

Además, se rompió la tradición de los tres últimos sexenios, en los que el partido del Presidente perdía un porcentaje importante de la votación y asientos en la Cámara de Diputados. El PRI de Zedillo perdió 12% de la votación y 61 asientos, el PAN de Fox 7% y 58, y el PAN de Calderón 5% y 63. En el peor escenario, el PRI de Peña perderá 1% de la votación y 16 diputados y es probable que, con sus apéndices, retenga la mayoría.

Aquellos que pensábamos en que habría un voto de castigo al partido en el gobierno por un mal desempeño, nos equivocamos. Ni el mediocre crecimiento económico ni la violencia que no cede ni Tlatlaya o Ayotzinapa ni los escándalos de corrupción como la Casa Blanca o el terreno de Malinalco se transformaron en un castigo al PRI. Esta fue una elección de las maquinarias partidarias o el voto duro.

Twitter: @amparocasar

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