La idiotez como estrategia

“La libre y ética competencia —enigualdad de condiciones y derechos, yejercida en una sociedad democrática,justa y solidaria— es una fuerza motrizque estimula a las personas, incentiva a las empresas y genera riqueza,cultura y progreso.”José Luis Rodríguez Jiménez

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

El lunes de esta semana fuimos testigos de una estrategia única en el capitalismo global. Tiene mucho que ver con el capitalismo corporativista (en el mal sentido de la palabra), de compadrazgo y provinciano, al que estamos acostumbrados. 

Como ha sido del conocimiento de todo el mundo, los taxistas han decidido dar la batalla a lo que consideran su competencia para evitar perder a sus clientes. Pero no

lo van a hacer compitiendo al tratar de igualar las condiciones de Uber o similares mediante la mejora de sus unidades, la inversión en aplicaciones que faciliten su

uso o en mejores vehículos; no, lo van a hacer a la mexicana.

La competitividad a la mexicana implica tomar de rehén a tu cliente y someterlo mediante la presión a las autoridades en tiempos electorales, para que la autoridad prohíba el funcionamiento de la competencia. Es un modelo innovador en el cual haces enojar más a tu cliente potencial, mismo que has tratado como basura durante los años en que fuiste un monopolio. Tiene mucha lógica. Parece que piensan “me vas a odiar, pero me vas a tener que usar, porque afortunadamente para mí, las autoridades siempre ceden ante la presión de grupos organizados”.

Hasta hoy, el Gobierno del DF ha mantenido una postura medio inteligente. Y digo medio, porque siguen permitiendo que quien junte 15 personas y tenga un pliego petitorio pueda cerrar la calle que le dé la gana, afectando a una ciudad entera y generando pérdidas enormes al comercio establecido, que es quien le paga los impuestos. Pero, al menos, no ha cedido en una supuesta intervención para regular o limitar las obligaciones de Uber. Debemos reconocer que el movimiento de los taxistas se ha presentado en Europa con cierto éxito, aunque allí no se les permite cerrar las calles que quieran por el tiempo que quieran y en el horario que les da la gana.

Uber, como todos los que lo usamos sabemos bien, es un servicio de transporte eficaz, eficiente, limpio y seguro. Los taxis de la Ciudad de México difícilmente reúnen dos de estas características. Sin embargo, lo que convirtió a Uber en un interruptor del negocio, es la aplicación que se instala en el teléfono celular que facilita su llamada, la identidad del chofer y el cobro a la tarjeta de crédito. Adicionalmente, el servicio puede usarse en cualquier ciudad del mundo donde haya Uber.

Un interruptor de negocios es una idea materializada por una empresa que cambia el negocio de un sector hasta renovarlo por completo. Es lo que el capitalismo llama la creación destructiva o la destrucción creativa como parte esencial del ciclo normal de los negocios y de la libertad de hacerlos. Tenemos que acostumbrarnos a ver  interruptores de negocios más a menudo, aunque siempre los ha habido. El coche afectó a los criadores de caballos, como el e-mail afectó a los servicios de correo de todo el mundo (el nuestro no se vio afectado porque de cualquier forma no servía). En años recientes, debido a los avances tecnológicos, han sido muchos los ejemplos de interruptores que son muy interesantes, iTunes cambió el negocio de las disqueras (que deberían llamarse promotoras de artistas), las cámaras digitales afectaron a Kodak (imagínese usted, estimado lector nacido antes de los 90, pensar que Kodak acabaría como está), las cámaras digitales y los relojes despertadores seguramente no sobrevivirán a los teléfonos inteligentes, el internet y los periódicos, Olivetti y las máquinas de escribir, etcétera.

En ningún caso de estos ejemplos, vimos a gente cerrando calles en EU o Europa para evitar la innovación y para forzar a sus antiguos clientes a comprar algo menos eficiente, eficaz, limpio o seguro. Como consejo para los taxistas de México: no se compite perjudicando y tomando como rehén al cliente, se compite mejorando, invirtiendo e igualando el servicio.

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