Amor por sorpresa
En una árida cartelera que ya suma varias semanas con muy escasas ofertas diferentes, llama la atención una comedia holandesa que claramente busca la internacionalización, como lo podemos ver en su lenguaje cinematográfico, ritmo, actuaciones y premisa. De los Países ...
En una árida cartelera que ya suma varias semanas con muy escasas ofertas diferentes, llama la atención una comedia holandesa que claramente busca la internacionalización, como lo podemos ver en su lenguaje cinematográfico, ritmo, actuaciones y premisa.
De los Países Bajos nos llegan pocas propuestas cinematográficas. Vienen a mi mente Memorias de Antonia, de Marleen Gorris, que ganara el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1995, y Carácter, de Mike van Diem, que también se llevó ese Oscar en 1998. Aquí cabe decir: poco pero sustancioso.
Precisamente la película que hoy nos ocupa, Amor por sorpresa (De Surprise, Países Bajos-Alemania-Bélgica-Irlanda, 2015) es el segundo largometraje de Van Diem que, entre comerciales, programas de televisión y otros trabajos, dejó pasar 17 años para regresar al cine.
Basada en un relato del holandés H. J. Schöenfeld, está coescrita por Van Diem. La sorpresa, que sería la traducción más precisa, es una comedia romántica muy agradable, que se deja ver, sin grandes pretensiones. No sería difícil que Hollywood le haga su obligado refrito, pues además es buen vehículo de lucimiento de la pareja romántica.
La historia se inicia en una mansión impresionante, en medio de grandes bosques y jardines. En ella vive Jacob, interpretado por Jeroen van Koningsbrugge, un actor en sus cuarenta tempranos, lejos de ser galán, pero que por eso mismo es mucho más convincente en este personaje. Jacob es un hombre solitario, inexpresivo, rodeado de empleados y sirvientes, heredero de una fortuna espectacular. Su madre muere en los primeros minutos de la cinta y Jacob se siente, ahora sí, más solo que nunca y sin ningún interés por seguir viviendo.
Por ello acude a los servicios de una misteriosa empresa que, tras la pantalla de una agencia funeraria, ofrece a sus selectos clientes la posibilidad de morir, ayudarlos a suicidarse (no por su propia mano), pero de manera que no se levanten sospechas y la imagen del difunto no quede alterada. La única condición que la empresa pone, además de un jugoso cheque, es que no haya vuelta atrás, pues una vez acordado el “servicio”, el cliente no puede arrepentirse.
En las oficinas Jacob conoce a Anne, la actriz Georgina Verbaan, agradable sin ser una gran belleza, y que hace una buena pareja con Van Koningsbrugge. Anne también está en crisis y su vida no tiene sentido, por lo que va por lo mismo: quiere morir de manera fácil, rápida y expedita, y así es que se reúne esta insólita pareja de suicidas.
El curso de la narración resulta predecible, pero no por eso deja de ser divertida. Tanto Verbaan como Van Koningsbruggen integran una buena pareja romántica, con el sentido del humor de esa zona de Europa, que puede resultar un poco acartonado si lo comparamos con las chick flicks gringas, pero que, sin duda, tiene muchos elementos que la hacen superior a varias.
Es recomendable entre lo poco, muy poco, que tenemos en nuestros cines en estas semanas.
