Paraíso

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Lucero Solórzano 02/07/2014 00:27
Paraíso

En 2008 la realizadora mexicana Mariana Chenillo escribió y dirigió Cinco días sin Nora. Al inicio de esta cinta vemos a una mujer ya mayor que con esmero prepara una gran comida; pone etiquetas con indicaciones en los contenedores del refrigerador; de manera amorosa organiza una mesa llena de detalles con copas, finos cubiertos, un bello mantel y una vajilla de porcelana.  Después se dirige a su recámara, se toma tres frascos de pastillas, se acuesta delicadamente cual bella durmiente, y muere. Nora, la mujer del título, diseñó con cálculo preciso —que además se enfatiza con la impecable dirección de arte de la película—, su muerte, funeral, entierro, la reunión familiar, el enojo de su exmarido. Se trata de una comedia negra que funciona como una pieza de relojería, partiendo de un guión muy bien escrito, que ya en la pantalla es toda una muestra del talento de Chenillo, que para ese entonces contaba sólo con 29 años.

Mariana regresa con un segundo largometraje muy distinto, que se mueve más en el género de la comedia romántica. En Paraíso, que se estrena mañana jueves a nivel nacional, sus protagonistas son lo que podríamos llamar una “pareja poco cinematográfica”, pero que en la problemática actual de la obesidad en nuestro país se antojan muy necesarios y bienvenidos. Alfredo y Carmen son un matrimonio joven, ambos con severos problemas de obesidad, pero se aman, se gustan, se disfrutan, y comparten una complicidad cargada de sensualidad que los lleva a ignorar sus pesadas carnes, abultados abdómenes, y hasta las dificultades para moverse. Viven en el “paraíso”, Ciudad Satélite.

Alfredo y Carmen están interpretados por una pareja de actores con buena química: Daniela Rincón, joven debutante que aun con cierto sobrepeso, tiene un gran atractivo, dulzura y sensualidad, y Andrés Almeida,  quien ya tiene una larga experiencia en la pantalla y que se enfundó en una muy lograda botarga y sesiones de maquillaje que logran convencernos de que sí, es un obeso “de la vida real”.

El feliz matrimonio busca nuevos horizontes y se mudan a la Ciudad de México, “donde no debes usar los teléfonos públicos, porque les ponen una sustancia en las bocinas que te anestesia y te secuestran”. Visto así, efectivamente estaban en el paraíso.

Al entrar en contacto con un tipo de vida social diferente en el DF,  Carmen se da cuenta de que ambos deben  mejorar su aspecto físico e invita a Alfredo a inscribirse en un grupo de autoayuda y ponerse a dieta. Su consejero es Luis Gerardo Méndez, que es un espléndido actor aunque no era tan popular cuando se filmó Paraíso, y por tanto tiene una participación breve. El punto de quiebre atractivo de la historia sobreviene cuando Alfredo empieza a perder peso, se siente motivado ante esto y además hace ejercicio, mientras por su parte, Carmen lejos de adelgazar gana kilos, lo que trae como consecuencia que la pareja empiece a distanciarse.

El guión de Mariana Chenillo no pretende hacer una disertación sobre las ventajas o riesgos de estar gordo, no juzga a los personajes, ni tampoco busca convertirse en una llamada de atención para personas con sobrepeso. El argumento se limita a contar una historia de amor entre dos seres que encontraban el uno en el otro un espejo que les devolvía la misma imagen, y que no permitía que sufrieran esa sensación de “no encajar o no pertenecer” por el hecho de ser diferentes. Cuando Carmen encuentra dificultades para adelgazar empieza a ver que Alfredo se aleja, pero a fin de cuentas es ella misma la que marca la distancia, y es de su propio viaje personal del que tratará una buena parte del argumento. El primer acto funciona de manera muy fresca y espontánea, pero hacia la segunda parte el giro argumental de las clases de cocina y el concurso altera el ritmo y nos despega un poco del relato.

Como espectador uno se encariña con los protagonistas pues prevalece ese prejuicio del gordito simpático o buena onda, y esto se refuerza por la simpatía que  ambos actores proyectan en la pantalla.

Aunque no de los alcances de Cinco días sin Nora, Paraíso es una película sobre personas comunes y corrientes, que explora un tema muy actual y que atinadamente no incluye ningún mensaje aleccionador. Si acaso deja bien claro que “ni tú ni nadie, nadie, puede cambiarme”.

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