De algo nos vamos a morir

En este planeta hay muchas formas de morirse: de hambre, de sueño, de amor...

Humanos, con estas lluvias resulta más sencillo encontrar pretextos para quedarse en la cama y prender la televisión mientras se transmiten esos programas mañaneros tan cotorrones que tanto les gustan. Incluso a nosotros los mikos nos da por la depre, la flojera de salir a la calle a mojar nuestra frondosa cabellera, que termina pesando el triple cada vez que nos enfrentamos a uno de los tremendos aguaceros que caen por acá en estas épocas.

En la sociedad terrícola desde chiquillos les enseñan que eso de ayudar a los demás es cosa de tontos, que el que no transa no avanza y frases por el estilo, que lo único que logran es humanoides preocupados únicamente por su propio bienestar. Eso no está bien, un montón de gente necesita ayuda, que nos pongamos tantito buena onda y salgamos a los centros de acopio a dejar lo que podamos.

En este planeta hay muchas formas de morirse, morirse de hambre, de sueño en el trabajo, de amor en la secundaria o morirse a secas, ahí es donde puede radicar la diferencia, morirse a secas, sin haber intentado nada o morirse después de ser un humano de esos que valen la pena en su paso por la Tierra.

Es el caso de una amiga mía, que hoy se nos dejó ir para otros lares mejores y menos mojados. Bertita fue mi amiga desde hace tiempo, desde cuando apenas era un mikito adolescente con aspiraciones periodísticas; ella me animó cuando todo parecía no tener futuro en esta misión, me consoló y me empujó a seguir luchando. La voy a extrañar mucho, porque fue una gran humana de esas que casi no hay.

Con ella tiro por viaje me moría de la risa, y estoy seguro que esto, como a mí, le hubiera provocado una de sus clásicas sonoras carcajadas.

Resulta que un hombre allá en Florida, Estados Unidos, se armó un coche al que tuvo a  bien llamarle “vehículo extraterrestre” y lo puso a la venta en una de esas páginas de subastas donde se puede comprar prácticamente cualquier cosa.

Michael Vetter tardó más de medio año en terminar su locuaz creación y ahora la está tratando de vender en cien mil dólares por esta página de la supercarretera de la información. Cabe aclarar que el gabacho le puso a su cacharrito todos los lujos humanos habidos y por haber, ya que trae desde luces, plasma, hojalatería y pintura que costaron por ahí de ocho mil dolarucos, un motor de cuatro cilindros y otras monerías.

Y no titubeó, ni un segundo, al aventarse su última puntada diciendo: “ No dudaría en usar este vehículo a toda velocidad, por su forma e ingeniería, mientras más rápido vas, menos se siente”.

Así que la próxima vez que ande por el segundo piso del Periférico y se percate de que una cápsula como las que usaban los Supersónicos en sus afamadas caricaturas lo rebasa, no se espante, quiere decir que algún compatriota humano mexicano se gastó todos sus ahorros en el invento del gabacho.

Y como de algo nos hemos de morir, mejor que sea de la mezcla de risa y corajes que provocan la investigación de sus acciones, las cuales pueden seguir y enterarse de todas las barbaridades que descubrimos semana a semana en su planeta, a través de nuestra emisión televisiva todos los domingos a las 22:30 horas Tierra, y su repetición a la

1:00 de la madrugada por Cadenatres.

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