Trump, el factor de victoria para Hillary
Entre ella y la Presidencia de Estados Unidos sólo se interpone la posibilidad de un escándalo mayor o que sus propias debilidades desincentiven a los votantes demócratas.
Para Hillary Rodham Clinton, el hecho de ser mujer y ciertamente no ser Donald Trump se ha convertido en ventajas políticas, en una elección que parece estar cada vez más definida.
Entre ella y la Presidencia de Estados Unidos sólo se interpone la posibilidad de un escándalo mayor o que sus propias debilidades desincentiven a los votantes demócratas.
Pero la realidad es que la elección es acerca de Trump y su personalidad. Lo fue desde el inicio de la temporada electoral, cuando la fama y una retórica incendiaria del ahora candidato republicano le permitieron dejar sin aire a sus 16 competidores.
Y en ese sentido, la que hoy luce como cada vez más probable victoria de Rodham Clinton en las elecciones del 8 de noviembre se deberá sobre todo a Trump.
El mayor problema de Rodham Clinton se encuentra en que haya algo tan incriminatorio, tan fuerte que la destruya, en alguno de los más de 40 mil mensajes sustraídos del correo electrónico de su campaña y en poder de la organización WikiLeaks.
Pero eso parece improbable, amén de que el prestigio y los fines de WikiLeaks podrían estar cuestionados por presuntos vínculos con hackers ligados a su vez con el gobierno ruso, según acusación estadunidense, y lo que parece una campaña personal del presidente del grupo, Julian Assange, contra Clinton y los demócratas.
Pero mas allá de esa posibilidad, con todos sus méritos y defectos, con toda la persistencia y capacidad política de Rodham Clinton, la ruptura del “techo de cristal” para las mujeres en particular se deberá al factor Trump.
La vulgar crudeza de Trump, su forma de referirse a las mujeres y sus propuestas políticas de “nacionalismo blanco” pueden apelar a un sector del electorado estadunidense, el de hombres blancos sin educación, pero son repelentes para el resto, incluso para sectores conservadores tradicionales.
Hace una semana, el Deseret News, el periódico más importante del estado de Utah, pidió a sus lectores que no votaran por Trump. Utah es un estado tradicionalmente republicano y religiosamente conservador, pero sus ideas de moralidad hacen que muchos de sus habitantes no puedan con la idea de un Trump en la Casa Blanca.
Ciertamente una victoria de Trump todavía es posible. Podría darse si el sector que lo apoya acude en masa a las urnas y el otro lado fracasa en movilizar a sus propios votantes. Es una posibilidad con visos de realidad.
Pero de la misma forma que los demócratas han dejado que la polilla Trump se acerque tanto a los reflectores que resulte quemado, las declaraciones de Trump en su campaña política y su historia de vida han creado una corriente de rechazo que sobrepasa con mucho a la repulsión que muchos estadunidenses sienten respecto a Rodham Clinton y la imagen que se le ha creado los últimos 30 años.
