El poder de la mentira
Los británicos enfrentan ahora la posibilidad de desintegración y de que su isla vuelva a dividirse entre las diversas nacionalidades.
El referendo que sacudió al mudo y llevó a muchos de los vencedores a lamentar de inmediato su triunfo ocurrió el jueves y estuvo basado, sobre todo, en mentiras.
Pueden hacerse especulaciones con el futuro de una Unión donde al menos cinco movimientos nacionalistas de derecha promueven referendos para la separación y el retorno al predominio de los estados nacionales.
Gran Bretaña, quinta economía del mundo, representaba más o menos la sexta parte de la economía de la UE (unos 18 millones de millones de dólares), donde Alemania se ve obligada a asumir un papel de liderazgo a pesar de sus propias dudas.
Pero puede especularse también sobre el futuro de Gran Bretaña. Los británicos, que por siglos han tenido un sentimiento de excepcionalismo y creen que pueden mantenerse al margen del mundo, enfrentan ahora la posibilidad de desintegración y de que su isla vuelva a dividirse entre las diversas nacionalidades que la componen, o al menos entre ingleses y escoceses: el voto del referendo sobre la membresía en la UE, o Brexit, fue ganado por 52 por ciento de los sufragios: Pero en Escocia más del 60 por ciento votó por permanecer en la Unión.
Ahora, el gobierno escocés, por gusto y por presión popular, analiza la posibilidad de llamar a un referendo propio, otra vez, sobre la permanencia en Reino Unido.
Peor aún, la gran mayoría de los que votaron por permanecer en la Unión y fueron derrotados fueron jóvenes: 75 por ciento de los votantes entre 18 y 24 años, 54 por ciento entre 25 y 50 años.
El impacto está por verse. Al principio los mercados han resultado agitados y los políticos han hablado mucho, tal vez de más.
Por lo pronto, sin embargo, queda algo en claro. El liderazgo de los opositores a la Unión, triunfador en el referendo, no puede cumplir las promesas que hizo o que sugirió, como entregar la contribución británica a la UE al Servicio Nacional de Salud.
Pero a menos de 24 horas del triunfo ya hablaban de que esa promesa había sido un error.
Peor aún, los problemas del servicio de salud británico no son debido a la carga de los inmigrantes o los europeos que se dirigían a la isla, sino de las limitaciones impuestas por las políticas domésticas de los gobiernos ingleses.
De hecho, relatan las noticias, para el viernes los términos más buscados por internet en Gran Bretaña se referían a lo que era la Unión Europea y ya había un ilustrativo hashtag: ¿qué hicimos?
Para el domingo, una propuesta para realizar un nuevo referendo llevaba más de 2.6 millones de firmas, lo que de hecho obliga a que por lo menos el Parlamento deba abordar el tema.
Si los europeos están dispuestos a ser racionales y aceptar las bofetadas y las disculpas es otra cosa.
Pero eso no quita que el hecho ya pasó y que los británicos votaron, a sabiendas o no, por cortar su asociación con el resto de una Europa que hoy, como persona abandonada, demanda un divorcio exprés en vez del arreglo pausado y racional que ahora proponen los británicos.
Al margen de todo, las consecuencias aún están por verse y si bien pueden estar lejos del armagedón anunciado harán que europeos y británicos suspiren por el paraíso perdido.
