El gabinete de Mancera

Será interesante ver cómo actúa el jefe de gobierno en este escenario, libre ya de las cuotas o compromisos.

La decisión de Miguel Ángel Mancera de pedir la renuncia de su gabinete no sólo es atípica en nuestro país (aunque es un mecanismo que se suele usar regularmente en la mayoría de las democracias occidentales, hace unos pocos meses lo utilizó en Chile la presidenta Bachelet) sino también es una salida inteligente en un contexto marcado por la necesidad de renovación del gobierno capitalino, del inicio de una nueva etapa marcada por los resultados de la elección y también para reforzar el perfil que el propio Mancera quiere imponer en su gestión de cara a la segunda mitad de su mandato y a sus aspiraciones respecto al 2018.

Hay quienes han dicho que no era necesaria una medida de este tipo, que era preferible realizar los tres o cuatro cambios que serían necesarios y que con ello se podría haber saltado el trámite sin necesidad de una medida tan mediática. Se equivocan. Pedir la renuncia a todo el gabinete quiere enviar otra señal: quiere decir que el gobierno capitalino, ése que surgió de una amplia serie de compromisos y acuerdos resultado de la elección del 2012, con condiciones políticas y partidarias que sencillamente ya no existen, debe cambiar y adaptarse a la nueva situación. Por supuesto que hay funcionarios que repetirán en sus posiciones, pero también hay otros que seguirán en el equipo de Mancera en nuevas responsabilidades y los habrá que lisa y llanamente se irán.

La decisión, también, le ha servido a Mancera para ver, en los escasos días que van desde ese anuncio hasta hoy, en dónde están las lealtades de muchos de sus colaboradores. Aunque no es su caso, porque en términos estrictos no es miembro de su gabinete, una de las respuestas que más le han llamado la atención, obviamente para bien, a Mancera, es la de Cuauhtémoc Cárdenas, un político que sabe ser leal y que conoce, porque las ha vivido, las deslealtades en la vida partidaria y de gobierno.

En los hechos lo que hará Mancera, presumiblemente antes de que concluya el mes, es una reingeniería de su gobierno, mismo que en las próximas semanas tendrá que gobernar la ciudad con minoría en la Asamblea Legislativa (donde puede construir mayorías sólo por medio de un amplio abanico de acuerdos) y con un alto porcentaje de delegaciones manejadas por Morena, que ha decidido, como objetivo político público, obstaculizar los principales programas de gobierno de la administración capitalina. Y todo ello enmarcado en una batalla política para tratar de construir, precisamente en contraposición con Morena y cambiando inercias en el PRD, una opción de centroizquierda en el país.

Además, pedir la renuncia a todo su equipo le permite librarse, o aminorar, las presiones sobre cambios específicos (el caso de Héctor Serrano como secretario de gobierno o de Rosa Icela Rodríguez en la secretaría de desarrollo social) para contemplar una renovación mucho mayor. Y también, aunque esa no sea la intención de fondo, le presiona con los tiempos al presidente Peña, que debe decidir en estos días qué cambios realizar y en qué tiempos.

Al respecto, hubo una expresión equívoca el jueves en el discurso de Mancera cuando habló de terminar la evaluación y hacer los cambios en su equipo antes de su Informe de Gobierno que es en septiembre, y fue tomado como que hasta entonces se realizarían esas modificaciones. En realidad, los mismos se efectuarán cerca del 15 de julio y antes de que concluya el mes. De otra forma el efecto buscado se perdería e incluso podría ser contraproducente.

Será interesante ver cómo actúa Mancera en este escenario libre ya de las cuotas o compromisos derivados de su elección y de la correlación de fuerzas del 2012. En esta decisión, en esta renovación, se comenzarán a observar, en este nuevo terreno, el estilo, las formas y las ambiciones del jefe de Gobierno.

GRECIA Y El PILOTO

Los resultados del referéndum griego, más allá de que era previsible, dejará huellas muy profundas en ese país que estando al borde del abismo decidió dar un paso al frente. Un tuit reflejaba muy bien lo que ha sucedido en Grecia: es como el caso del piloto suicida de Germanwings, pero con el pasaje aplaudiendo. No hay responsabilidad externa en la crisis griega, sólo pésimas administraciones internas, corrupción y populismo, de un gobierno que se dice de izquierda, pero que alcanzó su mayoría, y logró sacar adelante el referéndum, apoyado en un partido de la derecha ultranacionalista y otro pronazi.

Es populismo puro y será un desastre, no para la Unión Europea que podrá capear el temporal financiero más temprano que tarde, sino para una Grecia que tardará años en salir del profundo pozo en que será hundida. Que nadie se sorprenda: la decisión griega sólo ha sido aplaudida por el gobierno de Maduro, la formación española Podemos, por el frente de ultraderecha de Le Pen en Francia…y por López Obrador en México.

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