La reforma del sector Defensa

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Iñigo Guevara y Moyano 19/01/2014 01:02
La reforma del sector Defensa

A la par de las grandes reformas estructurales que se debaten y aprueban en el Congreso, el sector Defensa ha comenzado una reingeniería que promete transformar a las instituciones armadas mexicanas, modernizarlas y aumentar sus capacidades. El punto central de esta reforma está en la creación de la Política Nacional de Defensa del Estado Mexicano, que permitirá planear el desarrollo de las Fuerzas Armadas a largo plazo y entrelazarlas con las demás instancias que constituyen el poder del Estado.

La política de defensa está en periodo de revisión por los asesores del Presidente y deberá de ser enriquecida, debatida y aprobada en el Congreso (asumiendo que hay madurez) para darle legitimidad. Por lo pronto, la publicación de los programas sectoriales de Defensa nacional y de Marina describen, a manera de libros blancos de defensa, el camino que seguirán las instituciones armadas hasta 2018.

Dichos documentos definen que las Fuerzas Armadas continuarán llevando a cabo dos misiones principales: defensa exterior y seguridad interior, por lo que el regreso a los cuarteles en masa, abriendo nuevamente vacíos de poder, no sucederá en el corto a mediano plazo. Sedena mantendrá un despliegue operativo de 30 mil efectivos en apoyo a las funciones públicas. Sin embargo, su modelo de despliegue sigue una táctica diferente, el principal cambio se nota en la disminución del número de puestos de control (retenes) que ocasionaban fricción con el ciudadano común y habían convertido a México en el “país de los retenes”.

Pero las reformas estructurales propuestas van en esta ocasión más allá de considerar a las Fuerzas Armadas una superpolicía, incluyen una reingeniería del sistema de educación militar, modernización de la doctrina poniendo énfasis en el respeto a los derechos humanos, expansión en las capacidades militares e impulso a la investigación y desarrollo (I+D) tecnológico. La modernización del sistema educativo es el eje principal para la transformación a largo plazo, pues busca formar al militar mexicano del siglo XXI. La ampliación de capacidades militares contempla un incremento y modernización en sistemas de inteligencia, vigilancia terrestre, marítima y aérea, detección, movilidad y poder de fuego, así como impulsar la cuarta dimensión de operaciones militares: las cibernéticas. Los principales proyectos de inversión serán incrementar la vigilancia radar del actual 32% a 72% del territorio nacional para 2018, modernizar las flotas de patrulla marítima y aérea, mejorar la capacidad de transporte, fortalecer los sistemas de comando y control, fusión de inteligencia y el reemplazo completo del armamento de infantería por el nuevo rifle de producción nacional. Queda pendiente la modernización de la flota de guerra, el arma blindada, la artillería y la aviación de combate supersónico, todos los cuales se acercan peligrosamente a la edad del retiro. En términos globales, de acuerdo con el Real Instituto Elcano citado en el Plan Nacional de Desarrollo, México tiene desarrollado su poder militar a 15% de su potencial.

Tanto la inédita política de defensa como los programas sectoriales hacen énfasis —expreso— en que la cantidad de recursos asignados al sector Defensa deberá de aproximarse al promedio latinoamericano que se ubica en 1.31 % del PIB, citando para ello a la Red de Especialistas en Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL). Añado que el promedio mundial (2012) es de 2.5 % del PIB de acuerdo con el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI). El presupuesto militar mexicano consolidado (Sedena, Semar, Estado Mayor Presidencial, Coordinación General de Transportes Aéreos Presidenciales y Gendarmería) para 2014 asciende a 102 mil millones de pesos, cifra que equivale a 0.56 % del PIB. Mediante un ejercicio netamente lineal, elevar el presupuesto de defensa a 1.31 % del PIB requeriría de 138 mil millones de pesos adicionales para 2014. Sin embargo, en el mundo real, este incremento deberá de ser gradual.

Alcanzar este nivel de presupuesto “promedio” le permitiría a las Fuerzas Armadas —por ejemplo— incrementar su número de plazas de 273 mil a 440 mil (cifra similar al número total de policías de los tres niveles de gobierno) y aún así dedicar 51% de sus recursos para invertir en operación, mantenimiento, infraestructura, I+D de tecnología con aplicaciones de uso civil y militar, construcción social y equipo moderno. Actualmente se emplea sólo 28% del presupuesto en estos rubros. De acuerdo con el estudio del más y mejor equipo es necesario para llevar a cabo operaciones militares tradicionales defensa y seguridad interior, proteger las instalaciones estratégicas y apoyar a la población civil en casos de desastres, ya que en todos estas misiones existe déficit. Es importante mencionar la diferencia entre inversión y gasto. México puede cambiar, en relativamente poco tiempo, de ser usuario a dueño y desarrollador de tecnología. Para ello, es necesario dotar a la política de defensa de instrumentos modernos que regulen y transparenten las adquisiciones del sector, lo vinculen con el sector empresarial mexicano, beneficien a la industria nacional —pública y privada— y fomenten la inversión extranjera directa. De esta forma integrando al sector Defensa en el desarrollo económico de México.

                *Consultor sobre Seguridad Nacional

                Universidad de Georgetown

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