Soldados de casco azul
De golpe y porrazo, la Doctrina Estrada que fue columna vertebral de la política exterior mexicana, cuestionable o no, se iba a la basura.
El mes pasado, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida como todos los años en Nueva York, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto soltó de su ronco pecho —efectivamente enronquecido en los últimos tiempos— la idea de que México aportaría seres humanos a los esfuerzos pacificadores del organismo mundial. De golpe y porrazo, la Doctrina Estrada que fue columna vertebral de la política exterior mexicana, cuestionable o no, se iba a la basura. La Doctrina Estrada, como todo mexicano debería saber, se fundamenta en el hecho de que el Estado mexicano no reconoce ni deja de reconocer a los gobiernos que se den de facto en otros países.
Don Genaro Estrada formuló su doctrina, opuesta a la del ecuatoriano Tobar, que en 1907 propugnaba el desconocimiento de los gobiernos que fruto de los golpes de Estado se daban en Sudamérica. Pero más allá del reconocimiento o no de los gobiernos instaurados por la fuerza, la Doctrina Estrada se identifica con el principio de la no intervención en los asuntos de otros países, piedra angular durante los años previos a la alternancia con el PAN de la política exterior de nuestro país.
Si Peña Nieto va a poder enviar soldados con casco azul o no, es cosa que el Senado mexicano tendrá que aprobar. Pero ese es otro asunto, que no se va a dar en un tiempo inmediato.
De lo que nadie ha querido darse cuenta es de que las tropas de la ONU enviadas a poner paz donde la paz es necesaria, no son más que un subterfugio para que la ONU se vista de seda sin dejar de ser mona. Uno de los principales problemas de las fuerzas de paz de la ONU es que sus solados piden aumento de salario. En los últimos años no han recibido un aumento, aunque el presupuesto es de más de ocho mil millones de dólares. Y el asunto es, como dice el dicho mexicano que “with money dances the dog”.
De los 122 países de la ONU que mandan tropas a ponerse el casco azul sobresalen Bangladesh, la India y Pakistán. Resulta una forma eficiente de solucionar el tema de desempleo para un sector importante de sus jóvenes que escogieron el uniforme como salvavidas. Del total de los países miembros de la ONU, Japón, Estados Unidos y Francia son los que más dinero, y menos hombres, dan a los cascos azules.
A este club de conveniencias se quiere sumar el México de Peña Nieto.
Las fuerzas pacificadoras de las Naciones Unidas son 111 mil 512 efectivos bajo el mando del señor Hervé Ladsous, un francés de 63 años de edad.
Según dice la ONU, los cascos azules son un “instrumento único y dinámico desarrollado por la Organización como una vía para ayudar a los países devastados por conflicto a crear las condiciones de una paz duradera”. La asistencia prevista por la ONU va desde los acuerdos para compartir el poder, construir la confianza, apoyo electoral, fortalecimiento del papel de la ley y desarrollo económico. Según la misma ONU, durante la participación de los cascos azules en la guerra de Kosovo, los enviados de la paz se vieron involucrados en 800 crímenes de abuso sexual, 100 latrocinios o extorsiones y 70 asesinatos. Más que en Burundi, Sudán o el Congo antes belga.
Aun así, a la vista de los acontecimientos de Iguala, pido que los cascos azules vengan a México. Chance y tengamos paz.
