Contarlo todo
La encuesta ENIGH 2016 muestra dos Méxicos, uno que radica principalmente en el norte y algunas entidades del centro, como la Ciudad de México, con ingresos comparables a ciudades de países pertenecientes a la OCDE, y otro que está sumido en la pobreza.
En esta semana que termina han aparecido dos informes también de dos de las instituciones más reconocidas en nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Afortunadamente ambas instituciones lograron arreglar, más o menos, las diferencias habidas por la metida de pata del Inegi al cambiar los criterios para la captura de los datos y su evaluación sin consultar a nadie, lo que hacía imposible dar continuidad a la comparación que realizaba el Coneval.
Con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016 (ENIGH 2016) publicada, se inicia una nueva serie histórica que, como se menciona, contiene una medición más precisa del ingreso, a la vez que ofrece un modelo estadístico que le permite al Coneval realizar su trabajo.
Dice el comunicado de prensa del Inegi que han realizado la mayor encuesta de su tipo en México, con más de 81 mil viviendas, que, por cierto, en la nota técnica hablan del resultado de las entrevistas y que la no respuesta totalizó 15 por ciento, lo cual no sabemos si es significativa.
Varios de los datos que aporta la encuesta reflejan que ha habido un avance en el ingreso de los dos deciles más pobres y del más rico, mientras que los otros siete no tuvieron mejoría o empeoraron, que son hogares a los que varios analistas ubican en la llamada clase media.
Ahora bien, la mejoría de los deciles más pobres es bajísima, ya que, según el Inegi, el ingreso trimestral promedio del primer decil fue de ocho mil 166 pesos, lo que significa 90.7 pesos por hogar y en términos de los que habitan la vivienda —menos de tres personas— el ingreso es menor a 38 pesos diarios para cubrir todas sus necesidades, lo cual es, a todas luces, imposible e inadecuado. Y en estos 38 pesos ya se incluyen las transferencias de todo tipo, gubernamentales o de las remesas provenientes del extranjero.
En el otro extremo, es decir, en el decil 10, el ingreso diario por hogar es de mil 876 pesos, lo cual representa casi 766 pesos para cada habitante de la vivienda. El coeficiente de Gini que mide la desigualdad no se ha movido y seguimos siendo una de las sociedades más desiguales.
Algunos datos nos obligan a reflexionar y a señalar que es urgente un cambio en la política económica-social, como por ejemplo, el que indica que del ingreso corriente monetario trimestral promedio por hogar, que es de 28 mil 143 pesos, se destinan nueve mil 906 pesos a alimentos, bebidas y tabaco, es decir, 35.2 por ciento del total, y el rubro que le sigue es el transporte, al que se destinan en promedio cinco mil 444 pesos, o sea, 19.3 por ciento del total.
Yo me pregunto si, como hemos mencionado, los hogares del primer decil tienen un ingreso promedio al trimestre de ocho mil 166, ¿cómo le hacen para por lo menos alcanzar los casi diez mil pesos, que es el promedio de gasto reflejado en la encuesta para alimentos, bebidas y tabaco?
Los datos, que por primera vez se presentan por entidades de la República, indican claramente los dos “Méxicos”: uno que radica principalmente en el norte y algunas entidades del centro, como la Ciudad de México, con ingresos comparables a ciudades de países pertenecientes a la OCDE, y otro que está sumido en la pobreza.
Cómo resolver esta desigualdad es uno de los retos más grandes que tendrá el próximo gobierno, sobre todo si consideramos que esta mejoría se refiere a 2014-2016 y hoy ya es ilusoria, porque cuando hagan la próxima encuesta, la pobreza sin duda habrá aumentado y afectado a más deciles debido a un solo dato, la inflación de este año que va a llevar al traste los avances mencionados en la ENIGH 2016.
Por más que digan que para fin de año va a bajar la inflación, los aumentos en los precios de los alimentos, transportes, educación, gasolinas y electricidad llegaron para quedarse y afectar, como siempre, a los más pobres y a las clases medias. Todo en aras de controlar la macroeconomía y la reducción de la deuda, los principales objetivos de la actual administración.
No se trata de contar lo malo, sino de contarlo todo.
