Terapia shock electoral

El sistema electoral, cuyo corazón no son los partidos políticos sino la voluntad ciudadana expresada en las urnas, mostró una vez más fibra y energía. Si no podemos decir del sistema político que los muertos que vos matasteis gozan de cabal salud, sí se puede afirmar que tiene salud para rato y conoce y usa la terapia shock para curar sus males. Los ciudadanos con su voto han puesto a los partidos políticos en su lugar: desde el hartazgo por el PRI y el PAN en Nuevo León con el triunfo del candidato independiente Jaime Rodríguez El Bronco, castigo a partidos en el gobierno en varios estados y derrota de buenos candidatos y candidatas por la división de sus partidos, especialmente el PAN y la izquierda dividida como nunca.

A pesar de los partidos y por la terquedad de ciudadanos como Jorge G. Castañeda, que llevó hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la imposibilidad de que se cumpliera el derecho constitucional a ser votado por la vía independiente, se abrió una rendija que los ciudadanos arrebataron y ampliaron en Nuevo León. El triunfo de un candidato independiente, El Bronco, acompañado de Fernando Elizondo, quien abandonó las filas del PAN en protesta por la tolerancia a la corrupción dentro de sus filas y quien abona conocimiento y experiencia a un candidato que las necesita a raudales, es una terapia shock de miles de voltios al PRI y al PAN. Los electores tienen memoria y ésta no es de corto plazo como se pensaba. 

El triunfo del candidato independiente a Nuevo León no se quedará en ese estado. Desde ya exigirá cambios en la legislación electoral que faciliten la participación de candidatos independientes y ampliará la competencia para la elección presidencial. El memorable spot de El Bronco en el que, en el cuadrilátero, dice que “le entra”, pese a que las condiciones para participar eran casi imposibles de satisfacer, muestra la intensidad del rechazo ciudadano a los partidos que los gobernaron recientemente: Jaime Rodríguez logró las firmas, los representantes, los voluntarios y el financiamiento. Los partidos políticos tendrán que pensar mucho mejor sus candidaturas, tanto las locales como la “grande”: si rechazan a buenos candidatos por sus pequeños intereses, éstos ya tendrán la vía de escape de las candidaturas independientes.

Para la izquierda, sean las que fueren las cifras que conquiste, se trata de casi una tragedia. Unida pelearía cómodamente el segundo lugar nacionalmente, atomizada retrocede y facilita la recuperación del PRI y una probable mayoría simple en la Cámara de Diputados. La lección que este último partido da, especialmente a la izquierda, es la de la importancia de la unidad en torno al objetivo natural de un partido político: ganar, ganar y ganar bien.

Las derrotas —con la excepción de López Obrador, que nunca las admite— deben servir para renovar la vida de los partidos de izquierda, en especial del PRD, para prepararse para 2018 porque, aunque ya le toca al país experimentar la opción de izquierda, con una propuesta económica y de desarrollo social superior a las del PRI y del PAN, no sabemos si el PRD está listo para dar ese salto.

En política no hay zona de confort. En el momento en que un partido se instala en la zona de confort por triunfos consecutivos y prolongados, como es el caso del PRD en grandes zonas de la Ciudad de México, se vuelve vulnerable a sus adversarios políticos. Lo que permitió los triunfos del PRD en la mayoría de las delegaciones y distritos locales en elecciones pasadas fue la combinación de sus políticas sociales de avanzada y candidatos con arraigo. Pero la ciudadanía no da su bendición para siempre; no lo ha hecho con la Iglesia católica, como lo muestra el crecimiento de los cristianos evangélicos, menos lo hará con un partido político, por más heroico que haya sido su origen.

El PRD debe y puede prepararse para ganar eN 2018: tanto el Congreso como la Presidencia de la República. Juntos, con partidos como Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo e incluso Morena, debemos evaluar si vale la pena pulverizar los votos de la izquierda e indirectamente ayudar a fortalecer el bipartidismo. El PRD tiene la gran oportunidad de renovarse, oxigenar su vida interna y enriquecer su miltancia con jóvenes y ciudadanos de nuevos perfiles. Si algo de lo que dijo Carlos Navarrete es cierto, aunque sea un 5%, es la hora de cambiar. Nos vemos en @twitter: @ceciliasotog

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