La caída del PRI y sus consecuencias

La intención de voto por José Antonio Meade sigue cayendo y separándose de la de Ricardo Anaya. En la encuesta publicada ayer en Reforma, trae 17% de intención efectiva, 13 puntos por debajo de Anaya. Se acabó la ilusión que hasta hace poco aún se oía de una parte de la élite económica, acostumbrada a ver el poder del Presidente de la República en acción, de que éste iba a saber cómo dividir a sus opositores y ganar la elección, como lo hizo con Alfredo del Mazo en el Estado de México. Ya se nos olvidó uno de los miedos de muchos en el 2012: que el PRI no perdiera nuevamente la Presidencia

El PRI, sin embargo, sigue tratando de convencer a sus financiadores de que sólo su candidato puede frenar a López Obrador. Según ello, el votante del PRI no se iría nunca con Anaya. El Frente trata de construir la narrativa opuesta. Su votante busca el cambio y está harto del PRI y la corrupción.

La última encuesta de Consulta Mitofsky parece darle la razón al Frente. De los 20.8 puntos porcentuales de intención de voto por Anaya, 7.0 se van con AMLO, si Anaya no estuviera en la boleta, sólo 1.2 se irían con Meade y 12.6 no declara. De los 16.9 puntos porcentuales de Meade, 2.0 se irían con AMLO y 2.3 con Anaya. El resto no declara (goo.gl/r9FWwz).

Otras encuestas apuntan en el mismo sentido. La de Reforma de ayer, en una segunda vuelta, donde sólo estuvieran Anaya y Meade en la boleta, el primero ganaría con el 44% del voto, frente a 18 de Meade. Otra encuesta muestra que un 40.2% nunca votaría por Meade, mientras que 14.7 no lo haría por Anaya y 21.3 por AMLO (goo.gl/kp8DyX). En cuanto a la pregunta por partidos, un 47% nunca lo haría por el PRI frente a 7% del PAN y el 12% de Morena (goo.gl/8v6X9W). A diferencia de la elección de 2006, pesa hoy mucho más el rechazo al gobierno y a su partido que el miedo a AMLO.

Empiezan a circular rumores de todo tipo de estrategias utópicas, como algún tipo de alianza entre el PAN y el PRI, con lo cual veríamos a todas las fuerzas opositoras a AMLO en un solo candidato. Esta fantasía de las clases medias altas no se va a dar. Meade no se va a bajar de la boleta.

Una parte del priismo lo acompañará hasta el final, como en su momento el 22% lo hizo con Madrazo. La pregunta es cuánto más va a seguir cayendo y si estos votos los logra capturar AMLO o Anaya. También si deja o no de atacar a Anaya por el tema del lavado de dinero. Cuando lo ha hecho tiende a coincidir con aumentos en la intención de voto a AMLO, aunque en nada mejora su propia intención de voto.

Una diferencia con el proceso electoral de 2006 es que el candidato que podría derrotar a AMLO, Ricardo Anaya, ha perdido a una parte de su votante potencial por la salida de Margarita Zavala y posterior construcción de una candidatura independiente. En elecciones pasadas hemos visto cómo los candidatos pequeños van perdiendo apoyo conforme se acerca la contienda. Gabriel Quadri en el 2012 tuvo un buen desempeño en los dos debates y llegó a tener una razonable intención de voto en algunas encuestas. En la elección obtuvo el 2.29% del voto.

Zavala pasó de 5% de intención de voto a 3% en un mes, según Reforma. El debate la dejó maltrecha. ¿Estará dispuesta a bajarse de la contienda, aunque en todo caso su nombre estará en la boleta? ¿O hasta cuándo seguirá cayendo su apoyo si se queda compitiendo? Difícil de saber.

En el caso de los independientes, su situación es aún más endeble respecto a un candidato que proviene de un partido pequeño, como era el caso de Quadri. No hay diputados o senadores urgidos de su apoyo para ganar algunos votos. No hay partido cuyo registro esté en juego.

“Este arroz ya se coció”, dice AMLO. No es cierto. Se está cociendo mucho, pero aún no está listo. El resultado del 1 de julio dependerá del desempeño de los candidatos en las siguientes semanas, donde veremos si AMLO consolida o no los puntos ganados en los últimos meses. Además, en la medida que avanza un proceso electoral, una parte del electorado va optando por su segunda opción, cuando ve que la primera ya no tiene opción de triunfo. Es el llamado voto útil. Esto sucede en el elector más informado.

Pongamos un ejemplo hipotético, Felipe Calderón, quien sabrá muy bien el día de la elección las nulas posibilidades de triunfo de su esposa. De haberse cerrado la brecha entre el primer lugar y el segundo, ¿por quién votará? Hacerlo por Margarita es tirar a la basura su voto. Como éste es secreto, le puede decir que votó por ella con amor e ilusión. Seguramente optará por quien le parezca el mal menor: ¿su enemigo histórico, AMLO, quien nunca lo reconoció como Presidente de la República, o su exsubsecretario de Turismo, Ricardo Anaya, cuyo pecado fue hacerse del control del PAN, algo que Calderón no logró ni cuando era Presidente? ¿Usted ya sabe cómo votará si llegamos el 1 de julio con esa disyuntiva?

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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