“Dejé de ser Dolores Padierna”

La senadora del PRD dijo que el episodio de los videoescándalos no se supera, pues durante más de un año fue “la esposa de...”

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CIUDAD DE MÉXICO, 6 de septiembre.- A más de una década de distancia, la senadora Dolores Padierna reflexiona sobre el impacto que tuvo en su vida, personal y pública, el capítulo de los videoescándalos que involucraron a su esposo, René Bejarano, en actos de corrupción. Y sostiene: “Yo creo que no se supera”.

Nunca se supera, porque no es aceptable todavía que en esa época yo haya perdido mi nombre propio. Yo dejé de ser Dolores Padierna por un año casi o no sé cuánto tiempo más, porque me llamaban ‘la esposa de...’, dijo en Entre Mujeres/La Entrevista, que conducen Fabiola Guarneros, Jessica Pacheco, Yazmin Jalil y Paola Virrueta, en Excélsior Televisión.

Nunca había sido ‘la esposa de...’ Yo fui siempre Dolores Padierna. Y durante ese tiempo perdí mi nombre propio. Es algo muy injusto, porque entonces te suplantan por otra persona, en tu vida no eres tú, sino que te ponen encima a otra persona. En este caso a mi esposo”.

Dolores Padierna Luna afirmó que conoce a fondo el tema de los presuntos sobornos que su esposo recibió de manos del empresario Carlos Ahumada, por lo que “tengo una clarísima explicación de todo lo que ocurrió y no me cuesta trabajo superar el hecho o entenderlo, incluso defenderlo con el alma”.

Agregó que “tuve que defender a mi esposo por convicción, porque estaba completamente clara de que era una terrible injusticia”.

No obstante, aseveró que en muchas ocasiones le fue imposible. Y relata: “Como diputada federal o como legisladora, una procura subir a la tribuna, con temas preparados, con cosas importantes, entonces cuando subo a tribuna —después de los videoescándalos— fue prácticamente imposible hacerlo. Los del PRI y PAN se levantan a callarme, es una escena que aún la recuerdo. Nunca más pude subir a la tribuna en toda la legislatura”, acotó.

Padierna Luna inició su carrera a la par de los sismos de 1985 haciendo trabajo social con la gente y, en su calidad de maestra de primaria, cuenta que su primera angustia era si los niños tenían donde guarecerse, porque “acordémonos que nos quedamos muchos sin vivienda; había que buscar leche, cobijas, para mí era como muy angustiante, si los niños tenían frío, si no tenían agua y en ese tiempo conocí lo que para mí era desconocido, el movimiento feminista”.

Me vinculé con ONG, con mujeres impresionantes, que me enseñaron un rostro, que tenemos todos los derechos como los demás, haciendo talleres con mujeres, formamos algo nuevo, que en México no se conocía y era el feminismo popular, es decir, que el feminismo era para las mujeres elitistas y no para las de sectores populares y como no había, nosotras lo fundamos”.

En 1989, Cuauhtémoc Cárdenas los invitó a fundar un partido. “Nosotros éramos de un movimiento, yo decía economicista y cuando nos hace la propuesta, nos dijo vamos a ganar el poder, porque vamos a ganar la Presidencia. Tomamos la decisión de fundar el PRD, un PRD que no es el de ahora, lamentablemente”.

—Dolores, además de todos tus  logros profesionales, tienes un matrimonio larguísimo, ¿cómo lo haz conseguido, tener a tus hijas, educarlas y al mismo tiempo tus largas jornadas? — Se le preguntó.

—Bueno, porque René es un hombre extraordinario. No es cualquier persona, es una gente que realmente vale mucho como persona. Además de que compartimos carrera, es como compartir, no el sitio pero sí el universo donde nos movemos. Él siempre ha tenido sus espacios, yo los míos, él me respalda, yo lo respaldo; no competimos por lo mismo, él me apoya en mis sueños, yo lo apoyo en los de él. Es como buscarle siempre el lado posi-

tivo a la vida. Si le buscas el lado negativo, te vas a estar peleando por nimiedades.

Cuenta que como ella era alumna de René, “un día estábamos en una reunión de profesores y alumnos. Él traía una paleta de dulce y me la dio y ya desde allí. Nunca nos casamos, hasta muy adelante, ya que nuestras hijas crecieron”, concluyó.

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