La violencia cambia las rutinas en Cuautitlán Izcalli

Los habitantes dejan de salir en la noche y modifican rutas de traslados; usan doble cartera y celular por los asaltos; vecinos reportan extorsiones en retenes policiacos

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20/03/2014 08:32 Claudia Solera
Los vecinos de Cuautitlán Izcalli deben someterse a extenuantes requisas de diversos retenes de la policía estatal.
Los vecinos de Cuautitlán Izcalli deben someterse a extenuantes requisas de diversos retenes de la policía estatal.

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de marzo.- El viernes pasado, mientras doña Teresa esperaba formada afuera del salón de clases del kínder de sus nietos para recogerlos, a tan sólo 200 metros hubo una balacera contra una camioneta Hummer en la zona escolar que obligó a alumnos y padres de familia a arrojarse al piso para refugiarse, desatando una sicosis.

Este hecho no ocurrió en aquellas entidades que se tienen identificadas desde hace un sexenio por la violencia del crimen organizado, sucedió en Cuautitlán Izcalli a tan sólo 30 kilómetros del Distrito Federal y en plena hora de salida de los niños: 12:55 de la tarde.

Primero, doña Teresa escuchó tres detonaciones que atribuyó a cohetes, pero cuando siguieron los disparos, donde también colindan una primaria y una secundaria, y volteó a ver a los padres de familia despavoridos que entraban al kínder, reaccionó sobre el peligro que se vivía en Exhacienda de San Miguel.

“La mayoría de la gente entró llorando, desesperada”, contó doña Teresa a Excélsior.

Pero la violencia armada no es la única de la que se tienen que cuidar los residentes del Estado de México, la delincuencia común ha obligado a modificar la rutina de las familias.

Antes de subirse al transporte público, los pasajeros se esconden el celular más costoso y la cartera con mayor dinero y dejan a la vista sólo un celular viejo y barato y un monedero con 20 o 30 pesos, esperando siempre perder el menor valor ante el próximo delincuente que los vaya a robar, mientras se dirigen a la escuela o al trabajo. Al menos, varios alumnos de la secundaria Técnica número 73, Octavio Paz, es la estrategia que usan antes de salir de casa.

Otros padres de familia de jóvenes de preparatoria, definitivamente, han optado por juntar sus recursos y alquilar su propio transporte, por el incremento de asaltos en los autobuses, para que lleve a sus hijos de Cuautitlán Izcalli hacia el CCH Azcapotzalco, en El Rosario, y así evitar que sus hijos crucen esa ruta sobre la autopista México-Querétaro en transporte público y dejen de exponerse ante la inseguridad que azota a ese municipio.

Sobre la avenida Huehuetoca; la misma donde el pasado 7 de marzo se presume que Areli Hernández Estrada, se subió a un taxi hacia el Tren Suburbano antes de ser asesinada; Excélsior comprobó una queja común entre los vecinos, que existen combis y taxis circulando sin placas.

Sólo dos día antes de morir, Areli Hernández, de 22 años, dijo sentirse alegre y amada en Facebook, felicidad que le arrebataron sus asesinos. Hoy todavía no hay algún detenido por este homicidio y las autoridades siguen buscando más detalles sobre el recorrido que hizo Areli de su casa al taxi y del último vehículo que la transportó, de acuerdo con su familia.

También, en varias primarias como la Juan Escutia de Jardines de la Hacienda, rompieron la tradición de la kermés por la inseguridad. Las autoridades del turno vespertino dieron permiso a los estudiantes de presentar sus bailables, porque ya los tenían estudiados desde meses atrás, pero no de que los padres de familia llevaran su comida para vender y convivir, pues se tenía calculado hasta las cuatro de la tarde para cerrar las puertas y que todos los alumnos a esa hora estuvieran fuera de la institución antes del anochecer, ya que el viernes pasado en la esquina de la escuela se desataron dos balacera, una a las ocho de la mañana y otra a medio día.

Muy pocas instituciones vespertinas fueron las que se negaron a cancelar sus eventos como la secundaria Técnica 3 y en ese caso, una empleada que vive en Infonavit Norte, estaba muy asustada por salir de la escuela una vez que oscureció, porque el viernes atendió a unas vecinas que llegaron orinadas del susto (literal), al quedar atrapadas en un enfrentamiento.

Ahora, los vecinos, además, deben someterse a extenuantes requisas de diversos retenes de la Policía Estatal. A lo largo de la semana Excélsior ha visto los retenes en al menos tres colonias, en Infonavit Norte, afuera de la Plaza San Marcos y sobre avenida Huehuetoca.

Y aunque lo normal sería que los vecinos se sintieran más seguros por la presencia policial, la esquivan, como lo hace Isis Orrico, vicepresidenta vecinal de Ameyal, debido a que esta organización civil ha recibido reportes de extorsión por parte de los policías, pues les piden cuota con cualquier pretexto: que si los vidrios están opacos o multas que únicamente le corresponden a Tránsito.

Las salidas a las tiendas de noche también son parte del pasado. Una doctora del Hospital Jardín rompió esta regla que ella misma se había impuesto y saliendo del trabajo se cruzó la avenida Jardín del Alba, manejando su camioneta Siena para comprar pan en la pastelería Ledi, ni siquiera se había terminado de estacionar cuando uno de sus tres agresores ya le estaba apuntando detrás del vidrio de la puerta.

Esto sucedió justo a unos metros del puente peatonal donde el cártel del Golfo dejó un narcomensaje, con leyendas dirigidas a la población de Izcalli, expresando su solidaridad por la inseguridad que padecen y prometiendo a la población la limpieza de la zona para acabar con los robos, secuestros, violaciones, extorsionadores y malos funcionarios.

La doctora, lo primero que hizo fue entregar las llaves, pero los delincuentes también la querían a ella, así que la aventaron hacia el asiento posterior, donde le pidieron que se agachara y fuera entregando cada una de las alhajas que llevaba puestas, el NIP de la tarjeta de crédito que los delincuentes habían encontrado en su bolsa y el teléfono de un familiar para pedir su rescate.

Por fortuna, les explicó que debía regresar a urgencias, porque un paciente tenía hemorragia y su vida dependía de ella, así que decidieron bajarla sobre la autopista frente a Perinorte con la condición de que hasta el día siguiente fuera a levantar la denuncia y los secuestradores se escaparon hacia la desviación de la avenida López Portillo.

La doctora contó lo aterrorizada que estaba en ese momento, porque a una de sus pacientes también se la llevaron con todo y camioneta en Cuatitlán Izcalli, pero que la liberaron sólo después de haber entregado cuatro millones de pesos.

Cuando la doctora llegó ante el Ministerio Público para dar su declaración, sólo anotaron lo del robo de su camioneta, el hecho de que los delincuentes la retuvieron por más de una hora ni siquiera se mencionó en el acta, porque para las autoridades eso no era un secuestro.

Entre las referencias que constantemente se repiten entre las víctimas de robo de vehículo en Izcalli, es que los encañonaron en algún estacionamiento de la tienda OXXO, como el abogado Israel Contreras Velázquez.

“Me subo al carro después de comprar y al querer cerrar la puerta, el asaltante mete el pie para impedirlo y de inmediato saca un revólver para apuntarme y quitarme las llaves”, dijo.

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