Oro comestible, brillante tentación
Luego de aparecer en los alimentos en la Edad Media, el preciado metal está nuevamente de moda para adornar platillos y bebidas

CIUDAD DE MÉXICO.
El oro, uno de los metales más preciados y enigmáticos del universo, se convierte poco a poco en uno de los lujos más exóticos y anhelados de la alta repostería, que cada vez lo incorpora más a sus postres y bebidas de manera decorativa.
Ya sea en forma de polvo, hojuelas o laminillas doradas, los quilates brillantes no añaden ningún valor nutrimental a los platillos, pero sí confieren estatus a los comensales que gustan del acto simbólico de ingerir un material precioso.
Pero, si no tiene sabor ni valores nutritivos , ¿por qué se emplea como ingrediente? La respuesta está en su cualidad estética, que otorga a los platillos un estatus de privilegio.
Estos novedosos aderezos gastronómicos aportan un toque de exclusividad y originalidad a cualquier plato, postre, coctel o bebida”, describe el portal orocomestible.com, especializado en comercializar el dorado metal y la plata comestible.
Aunque suene a una locura, la ingesta de oro tiene una larga tradición en la humanidad, que se remonta a la Edad Media, cuando los alquimistas creían que el oro era benéfico para el cuerpo humano.
En la Biblia se habla de una especie de pan llamado maná, al parecer herencia de los egipcios al pueblo de Israel, que según cuenta la historia “fue confeccionado en una ocasión por un herrero, siguiendo las instrucciones de Moisés”.
El pan era fabricado con oro triturado en un mortero y reducido a polvo.”
Otra prueba sobre el consumo de panes con oro aparece en el Talmud, donde se narra que, a la llegada de Alejandro Magno a Jerusalén, visitó una aldea en la que fue recibido con panes que contenían copos de oro.
Ese metal fue codiciado en todas partes, sobre todo en el Lejano Oriente, en donde además de usarlo como moneda se empleaba como medicina y alimento, espolvoreado sobre las viandas.

El oro comestible se utiliza más que por sus cualidades nutricionales, por cuestines estéticas; le otorga a los platillos un estatus de privilegio.
Igualmente, se creía que al portarlo sobre la piel, el oro confería juventud y potencia sexual.
En el siglo XV algunas personas consumían oro en diversas presentaciones porque creían en sus propiedades medicinales, algo que fue desmentido por los científicos años más tarde.
En el XVI se popularizaron recetas como la del rissoto d’oro con basilica e parmagiano; o el espolvorear el metal sobre las bandejas de frutas, que caracterizaron los lujos del reinado de Elizabeth I de Inglaterra.
India es actualmente el mayor consumidor de oro comestible, con un reporte total de 12 toneladas anuales, en su mayoría para decorar pasteles de bodas.
En algunos restaurantes de China se sirven bebidas salpicadas con polvo de oro, mientras que en países como Francia y Suecia se venden al público trufas de chocolate adornadas con fragmentos de oro, y en Pakistán se consume oro bajo la creencia de que es un poderoso afrodisiaco y estimulante.
En regiones como la Unión Europea y Estados Unidos el consumo de oro está autorizado para la decoración de alimentos, mientras que en nuestro país, con un poco de suerte, se puede encontrar en algunas bebidas de importación que han lanzado ediciones especiales de sus licores con oro, como el vodka Smirnoff Gold o el Martini Gold.

Este metal se usa en la alta repostería de manera decorativa.
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