Obama cambió discurso nuclear

El joven negro que llegó a la Casa Blanca con el lema de Esperanza y Cambio, y que ganó el Premio Nobel de la Paz, ya no parece el mismo

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CIUDAD DE MÉXICO, 18 de octubre.- Las nuevas revelaciones de por qué Barack Obama dio marcha atrás en las promesas de desarme nuclear que lo hicieron acreedor al Premio Nobel de la Paz han sacudido a muchos. Después de todo, el joven negro que llegó a la Casa Blanca con el lema de Esperanza y Cambio ya no parece el mismo.

El video de su discurso de aceptación del galardón y el aplauso de tres minutos que rubricó su compromiso de hacer de la no proliferación nuclear “la pieza central de su política exterior” se fue al archivo de las promesas no cumplidas.

Hoy su gobierno promueve una ambiciosa “revitalización” del arsenal nuclear estadunidense.

Para algunos es resultado de la ingenuidad política de Obama. Para otros, como The New York Times, de la necesidad de negociar y hacer concesiones para llevar adelante sus propuestas. The Washington Post calificó a Obama como “el decepcionador en jefe”.

La Luna de Miel que Obama y el presidente de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, emprendieron tras la firma de su Declaración Conjunta del 1 de abril de 2009 para negociar de buena fe y hacer realidad el cese de la carrera armamentista nuclear, terminó convertida en espejismo.

“La era en que nuestros países se veían a sí mismos como enemigos hace mucho que terminó”, dice la Declaración Conjunta, hoy ampliamente desmentida por el conflicto de Ucrania y la creciente tensión entre ambas potencias.

Ahí quedan los elogios que Thorbjørn Jagland, el presidente del Comité Noruego del Nobel de la Paz, ofreció en diciembre de 2009 al primer presidente negro de la historia durante la ceremonia de premiación por su “audacia para albergar esperanzas y por su tenacidad para hacerlas realidad”.

La audacia de Obama tropezó con un obstáculo que le resultó imposible de superar: la bancada republicana en el Congreso de Estados Unidos, como afirma su “ami-enemigo”, el Nobel de Economía y periodista Paul Krugman.

En un reciente artículo para la revista Rolling Stone, Krugman consideró que “Obama fue realmente un ingenuo” toda vez que “desde el primer día enfrentó una política corrosiva a fuego lento, sin embargo, tardó años para empezar a enfrentar a esa oposición de manera realista”.

No contaba con que una ciudadanía estadunidense preocupada por la economía y la falta de alivio inmediato, saldría a votar en las elecciones intermedias del 2 de noviembre de 2010 para propinar al Partido Demócrata su peor derrota en más de 60 años y entregar a los republicanos la mayoría en la Cámara de Representantes, la mayoría en las legislaturas de los estados, la mayoría de las gubernaturas y aumentar su minoría en el Senado.

La ausencia de cálculo político de Obama quedó también evidenciada en la fallida promesa de obtener rápidamente la ratificación del congreso estadunidense al tratado New Start de distensión nuclear, como ofreció y quedó consignado en la Declaración Conjunta que firmó con Medvedev sin saber que el documento estaba destinado a convertirse en letra muerta.

Ciertamente no ha sido un presidente fallido. Pero tampoco es probable que sea considerado como grande ni como un ícono. A diferencia de (predecesores como) FDR (Franklin D. Roosevelt), JFK (John F. Kennedy) e incluso LBJ (Lyndon B. Johnson), no habrá ningún BHO”, decretó el equipo editorial de The Washington Post.

De su radical cambio de rumbo en la política nuclear da cuenta un reportaje de William J. Broad y David E. Sanger que el diario The New York Times publicó el 21 de septiembre y relató la profunda metamorfosis que sufrieron las promesas de desarme nuclear de Obama hasta quedar convertidas en el ambicioso proyecto de “revitalización” del arsenal nuclear estadunidense.

El gobierno dijo al Pentágono que hiciera planes para 12 nuevos submarinos de misiles balísticos, hasta para 100 nuevos bombarderos y 400 misiles de tierra, nuevos o renovados”, informaron Broad y Sanger con datos de un estudio reciente del Monterey Institute.

La postura rusa no ha sido tampoco pacifista y de hecho inició en 2008 un programa que para 2020 habrá llevado a la total renovación de sus fuerzas nucleares estratégicas, según declaraciones atribuidas al viceprimer ministro Dmitri Rogozin.

Negociando con el diablo

¿Por qué dio marcha atrás? El reportaje de Broad y Sanger—ganadores de dos Premios Pulitzer— relata cómo el proyecto original de Obama comenzó a cambiar desde el momento en que debió negociar con los congresistas republicanos el apoyo que necesitaba para hacer realidad el tratado New Start de reducción de armas nucleares que firmó el 8 de abril de 2010 en Praga con su homólogo ruso.

“Los republicanos pusieron reparos al tratado (New Start que Obama había prometido a Medvedev) a menos de que el Presidente estuviera de acuerdo con una ‘agresiva rehabilitación’ de las fuerzas nucleares y de los sitios de manufactura estadunidenses. Jon Kyl, el senador republicano por Arizona, encabezó la oposición y comparó el complejo de bombas con un taller mecánico venido a menos.

Su descripción fue catalogada como fidedigna por algunos miembros del gobierno, dice el reportaje de Broad

y Sanger.

Un artículo de opinión publicado por el propio The New York Times al día siguiente —el 22 de septiembre— relata que la resistencia fue tan grande que a final de cuentas el joven presidente optó por hacer lo mismo que hizo Fausto, el mítico personaje de la novela de Goethe: firmó un pacto con el diablo.

Porque a final de cuentas prometió a los republicanos gastar 84 mil millones de dólares para renovar el arsenal nuclear a lo largo de la década siguiente.

Según esto a Kyl no le bastó que el presidente prometiera 14 mil millones de dólares a lo largo de una década para sellar un acuerdo. Fue entonces cuando Obama y el senador demócrata John Kerry —que promovió el esfuerzo de negociación— se pusieron en campaña con un número creciente de republicanos hasta que por fin lograron la ratificación del tratado New Start con un mínimo margen histórico.

Los resultados son considerados por pacifistas y algunos científicos como opuestos al compromiso de limitar el armamento nuclear a 1,550 armas atómicas cada uno, planteado por Obama al inicio de las negociaciones con la Federación Rusa.

El reportaje de Broad y Sanger revela ahora que “la revitalización” nuclear costará a los contribuyentes estadunidenses por lo menos un billón de dólares (Trillion en inglés) a lo largo de 30 años.

El Departamento de Defensa planea comprar cinco submarinos estratégicos, 72 bombarderos de largo alcance y 240 misiles balísticos intercontinentales que, en caso de ser aprobado, alcanzará su apogeo de 2024 a 2029”, dice la investigación de Broad y Sanger.

Este asunto también puso en acción a un grupo de científicos estadunidenses, la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados) que en octubre de 2013 hicieron sonar la alarma de lo que sucedía con su estudio “Making Smart Security Choices. The Future of the U.S. Nuclear Weapons Complex”, actualizado en marzo de 2014.

Ahora la carrera armamentista mundial es que Estados Unidos trata de mantener su supremacía frente al creciente reto de potencias en ascenso como Rusia, que heredó el arsenal de la extinta Unión Soviética; India y China, así como Corea del Norte y Paquistán, que no firmaron el Tratado de No-Proliferación y también buscan incrementar sus arsenales.

La prensa internacional informa que India está a punto de lograr lo que se conoce coloquialmente como “la Triada Nuclear”, un arsenal “disuasivo” compuesto de aviones bombarderos de armas nucleares, misiles balísticos intercontinentales y de proyectiles balísticos disparados desde submarinos.

China, por su parte, construye un arsenal del que se especula podría competir relativamente pronto con los de Gran Bretaña y Francia.

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