Alfonso Cuarón, un éxodo que rindió frutos

El ganador del Oscar dijo en una entrevista de 1998 que dejó México porque no tenía opción

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04/03/2014 06:10 Raquel Peguero
Emmanuel Lubezki y Alfonso Cuarón ganaron al mismo tiempo el Oscar el domingo pasado.
Emmanuel Lubezki y Alfonso Cuarón ganaron al mismo tiempo el Oscar el domingo pasado.

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de marzo.- Alfonso Cuarón debe amar a alguien para hacer una película. Sólo con tu pareja es un canto de amor para Claudia Ramírez, su compañera de entonces y La princesita, para su hijo, en ese momento, niño Jonás. “Es la única manera. Imagino que debe haber más, pero yo no sé hacerlo, si no hay esa excusa o al menos algo parecido”, confesó en una entrevista con esta reportera en 1998.

Era otoño y estaba por estrenar su tercera producción Grandes esperanzas, su segunda producción hollywoodense. Mirando el hermoso mar de la Concha en San Sebastián, a cuyo festival había acudido como jurado, se apoltronó enfrente de un café, mientras su pelo se revolvía más por el viento. Su cordialidad era la misma de siete años atrás, cuando debutaba en el cine mexicano con éxito de público, aunque no de crítica.

Sonrió cuando se le mencionó la ironía de lo que había logrado a pesar de haber sido junto con Emmanuel Lubezki El Chivo y Luis Estrada, El perrito, corrido del Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC) por hacer un corto en inglés, a principios de los años 80. “Ya pasó, terco sí soy y en aquella época, éramos unos mamones, sin duda”, se carcajeó.

Pero su risa se opacó como su mirada cuando contó su salida de México. “Fue una historia muy bizarra. Después de levantar mi ópera prima de una forma poco ortodoxa, me fui porque no tenía más opción. Tuve problemas con el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) —entonces dirigida por Ignacio Durán Loera— y hacer otra película iba a ser muy difícil, desde una perspectiva de financiamiento. No era un favorito en ese momento”.

El problema se dio por la distribución de la película, sobre todo en el extranjero. Cuarón había invertido más de lo presupuestado, de su propio peculio, y le interesaba recuperarlo. “Lo que oía en el Imcine era que no fuera tonto, porque el cine mexicano no le interesaba a nadie afuera. Que eso viniera de la institución que se supone apoya al cine mexicano me puso de mal humor”, contó.

Había interés de las grandes distribuidoras estadunidenses, pero Imcine se aferraba a distribuirla.

“No estaba de acuerdo, una cosa es que se pusieran a mi disposición y otra que se impusieran de manera bastante agresiva, al grado de que me decían que yo era uno de los estúpidos que si no fuera por el Imcine no estaría haciendo películas”.

 Tras muchos jaloneos le permitieron moverla y lo hizo, pero a sus espaldas el instituto comenzó a hablar con las mismas compañías que él, lo que afectó cualquier posible compra. La película se iba al Festival de Toronto y al tiempo se cerró un trato con Miramax, pero un día antes de irse a Canadá, supo que la distribuidora se había echado para atrás.

“Al principio no me preocupé mucho porque había cuatro distribuidoras más interesadas, pero empezó una guerra de abogados tan tremenda, que Miramax llegó a Toronto diciendo que ellos tenían la película para que nadie más la pidiera. Fue una cosa bastante horrible”.

La película se presentó con gran éxito y Cuarón comenzó a recibir tarjetas de agentes que desechaba porque “pensaba que eran abogados”, además tenía un mal sabor de boca por todo el asunto con los gringos y no quería saber nada de ellos. Pero necesitaba dinero. Se había ido a Toronto con su hermano Carlos, coguionista de Sólo con tu pareja y con El Chivo Lubezki, su fotógrafo, ya que iban a celebrar que serían ricos porque habían vendido la película.

“De ricos nos convertimos en absolutamente pobres, sólo teníamos el boleto de regreso y ni un quinto más, al grado que nos íbamos al hospitality suite, de los hoteles a comer zanahorias y las cosas que ponen ahí. Empecé a aceptar lunches y dinners con los agentes para poder pedir el doggy bag y llevarle comida a mi hermano”.

La película al final se quedó sin verse en el extranjero mas que en festivales y Cuarón consciente de que “había hecho enojar al Imcine” comenzó a hacer contactos con los agentes estadunidenses, pues “me había quedado como el perro de las dos tortas, había quemado mis barcos y sabía que hacer otra película en México sería muy difícil”.

Así que sin más aceptó que lo “volaran” a Los Ángeles, empezó a mostrar su película y a las pocas semanas tuvo una reunión con Sidney Pollack, quien le ofreció un proyecto, La familia Pérez, que no necesariamente iba a hacer, pero le pagó un sueldo. Salió del proyecto poco después junto con Pollack, porque no les dieron los recursos que querían.

Comenzó entonces a desarrollar otro proyecto con los estudios Warner y en ésas estaba cuando le cayó en sus manos el guión de La princesita.

 “Cuando llegué a la página 15 supe que era la que quería hacer”. Se lo dijo a su agente quien le aseguró que era imposible porque estaba en otra producción, “renuncio” le dijo Cuarón, “pero no significa que te lo den”, le respondió el otro. Así que se la jugó y ganó.

A partir de ahí comenzó a volar. En su tercer largometraje logró un sueño largamente acariciado: trabajar con los actores Robert De Niro y Anne Brancroft, quienes llegaron, “me olfatearon y tienen tantas tablas que saben en manos de quién están, por lo que dicen: ‘todo tranquilo’ y se entregan, relató, no sin orgullo.

¿Cómo te sentiste de trabajar con actores, digamos, mayores?, se le preguntó entonces y su respuesta se acopla muy bien a lo que ahora le sucede a él.

“No son mayores, sino simplemente son más famosos; te cobran muchísimo dinero, y por ende, tienen mucho poder.

Curiosidades

  • Varios famosos se unieron a un boicot, negándose a hablar en la alfombra roja con aquellos medios que compran fotos de sus hijos a los paparazzi.
  • Bradley Cooper evitó las fotos de él con su novia, la modelo Suki Waterhouse, entrando solo por la alfombra roja.
  • Lupita Nyong’o dijo que se probó literalmente 400 vestidos para llegar al Oscar con el diseño de Prada.
  • Además pudo festejar a lo grande, pues el cumpleaños 31 de Nyong’o  había sido el día anterior a la entrega del  Oscar.
  • Julia Roberts también contó que probó más de diez vestidos antes de elegir el Givenchy que portó.
  • Sandra Bullock usó unos tacones que la destacaban como la más alta de la alfombra roja.
  • Matthew McConaughey eligió su traje hasta que su esposa Camila se decidió por el vestido rosa de Dolce & Gabanna, para usar al mismo diseñador.
  • A Jonah Hill no le importó cobrar el mínimo salario de actor (dos mil 500 dólares por semana) cuando Leonardo DiCaprio lo recomendó con Martin Scorsese.
  • George Clooney no fue a la ceremonia porque estaba trabajando en Londres.
  • Jessica Biel fue sin su esposo Justin Timberlake.
  • En la misma sala estaban Sandra Bullock y Penélope Cruz, exnovias de Matthew McConaughey. 
  • Ellen Degeneres recaudó 320 dólares entre los famosos... para pagar la pizza que repartió en las primeras filas.
  • Bette Midler fue aplaudida de pie cuando la televisión ya había ido al corte comercial, después de haber cantado por primera vez en una ceremonia del Oscar.
  • Durante la canción de la película Frozen, en el escenario había 24 gigantes adornos con un total de 164 mil cristales de Swarovski.
  • Jared Leto, de 42 años, era el más “viejo” entre los nominados a Actor de Reparto.
  • Cate Blanchett confesó que llegó a la ceremonia llena de nervios.

Con El Chivo se entiende bien

Alfonso Cuarón  y Emmanuel Lubezki son más que amigos, han hecho una carrera a la par.

Compañeros de correrías cinematográficas desde que estaban en la escuela, Emmanuel El Chivo Lubezki y Alfonso Cuarón han trabajado siempre juntos y ahora reciben a la par el Oscar. Su complicidad llega al hecho de que al filmar se comunican “casi de manera telepática”, relató el director en entrevista con esta reportera en 1998.

“La manera como hablamos de las luces, por ejemplo, es con sonidos, si la luz es más pshhh, o más shhh, o khsss y sabemos a lo que nos referimos. Disfruto mucho trabajar con él y creo que él disfruta mucho también. Nos volvemos locos el uno al otro; no nos soportamos de pronto”, rió.

Juntos se la pasan moviendo cámaras y objetos para arreglar el cuadro. Al principio cuando el color verde aparecía de manera obsesiva en sus películas, algo que inició en Sólo con tu pareja, El Chivo no estaba muy convencido y como Cuarón estaba más preocupado por otras cosas, casi manda al diablo el color, que el fotógrafo mantuvo y funcionó muy bien, como se dieron cuenta a las dos semanas de estar viendo rushes, como sucedió con su experimento de usar la cámara de manera subjetiva para mostrar un único punto de vista, el del protagonista.

“Cuando estábamos haciendo Fallen Angels, nos hablábamos en español siempre; Rodrigo García estaba de operador y veía dos tipos enojados gritándose todo el tiempo y diciendo uno: ‘tu encuadre es una mierda”, y el otro respondiendo: ‘mi encuadre es bellísimo, es tu luz lo que es una cagada’ y los actores viéndonos sin entender nada”. El productor, parado en una esquina, harto de verlos pelear se acercó y le dijo a Cuarón: ‘ you mexicans are so slow”, a lo que éste le respondió; “we mexicans, are not so solw, we are lazys, that’s diferent”, y la diversión reinó, a partir de ahí, en el rodaje, un elemento que es fundamental cuando ambos trabajan, aseguró.

Jugar, experimentar, intentar cosas nuevas es algo que le gusta, pero “sucede que a mitad del rodaje me harto, porque me siento claustrofóbico al ponerme yo mismo limitaciones. Por eso es importante tener un colaborador como El Chivo, al que le digo ‘vamos a hacer esto’ y él responde, ‘no, acuérdate que vamos a hacer esto’. Eso es algo admirable en un fotógrafo que, aunque puede hacer algo más fácil, más bello para él, dice: ‘ni madres, la idea es otra’”.

Todo ello, en el proceso es muy hartante, confesó, “y es hasta el final de la película que se le encuentra cierto sentido, porque la gente no es consciente cuando la está viendo, pero inconscientemente va recibiendo cierta información y no sé si seguiré con el verde (no lo hizo después de Harry Potter, pero sí con la cámara subjetiva). Lo que me quedó claro es que en el proceso de cada película, ha sido como ir aprendiendo a hacer cine para a la larga hacer una buena película”.

 

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