Claroscuros en la OFUNAM en 80 aniversario

Reconocida internacionalmente, la agrupación universitaria cumple ocho décadas, pero festeja sin director y con rezagos económicos y artísticos

thumb
La OFUNAM está integrada por 105 miembros. Foto: Daniel Betanzos

CIUDAD DE MÉXICO.

La Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) llega a sus 80 años entre luces y sombras. Por un lado, sus directores titulares y huéspedes destacan la calidad de su sonido, su oficio y prestigio dentro y fuera de México, una agrupación consolidada que ha rejuvenecido y ha alcanzado escenarios internacionales, como el Cadogan Hall, sede de la Royal Philharmonic Orchestra.

También está el otro lado, donde la agrupación que cuenta con 105 miembros llega a este punto de madurez sin un director titular, con la necesidad de ampliar su repertorio con obras de Bach, Haendel, Haydn, Mozart y Schubert, de estrenar más obras de compositores mexicanos y salir de la sala de concierto; plantearse la importancia de grabar discos con sus conciertos emblemáticos y la inclusión de más solistas mexicanos.

Aunado a esto, la agrupación no puede aspirar a la perfección mientras sus intérpretes alternen su trabajo orquestal con otras actividades académicas o subempleos, sin dejar de lado que los músicos demandan apoyo para la compra de insumos, como mantenimiento y cuerdas para los instrumentos, dado que los costos se han incrementado notable en los últimos años.

Así lo detallan a Excélsior Iván López Reynoso, quien colaboró como director de orquesta entre 2011 y 2013; el violinista Sebastian Kwapisz, concertino de la agrupación y el compositor Federico Ibarra Groth, compositor y autor del libro Orquesta de la Universidad Nacional Autónoma de México. Historia y desarrollo en el contexto cultural del país.

Por ahora, la OFUNAM alista sus festejos con un programa de aniversario que incluirá dos estrenos mundiales. Se trata de Ríos y vertientes, de Samuel Zyman, que se interpretará  el 19 y 20 de marzo, bajo la dirección de Bojan Sudjić; y de Constructores de lo efímero de Federico Ibarra el 21 y 22 de mayo, bajo la dirección de Yoav Talmi y la ejecución del violinista estadunidense Joshua Bell.

Una mano dura

El violinista Sebastian Kwapisz, concertino de la OFUNAM, es el primero en tomar la palabra. “Para mí es un gran orgullo pertenecer a esta orquesta en tiempos donde instituciones están demeritadas. Ésta es una orquesta firme que progresa y da mucho bien a México”, asegura.

Kwapisz se incorporó a esta agrupación en marzo de 2006, luego de que Lorenzo González de Gortari se jubilara. Para obtener el puesto participó en la convocatoria, audicionó y, tras ganar, cumplió su sueño de la infancia: ser parte de aquella orquesta que vio por primera vez en 1986, cuando quedó hipnotizado por el violinista Eugene Fodor que interpretaba el Concierto No. 3 de Paganini.

De estos 10 años, el concertino cuenta una de las anécdotas que más lo ha impactado. Sucedió en julio de 2015, durante la gira de la orquesta por Londres, cuando su Jon Latham Koening le soltó una frase: “Ahora comienzo a entender la cultura mexicana”.

Él supo que en el corazón de aquella simple frase había un aprendizaje y quizá un arrepentimiento por la forma como había tratado a los músicos durante los casi últimos tres años. “Porque al principio Latham Koening tenía un trato ‘especial’ hacia la orquesta,  un trato con mano muy dura, que al final se ablandó y lo cambió como persona”.

¿Qué entender por mano dura? “Él tenía un carácter particular y hasta cierto punto era muy sarcástico, pues hacía comentarios a todos los compañeros de la orquesta cuando algo no le parecía. Así que cuando quería corregir algo, lo hacía de una forma en que parecía burlarse del músico”.

Esta situación impactó en el ánimo de varios músicos, reconoce. “Imagina que estás en un ensayo y durante esas tres horas tienes encima a tu jefe, quien se burla una y otra vez. Eso fue al principio y eso me impactó”.

Está lejos de la excelencia

La reflexión que se desprende de la anécdota entre Latham Koening y el concertino, muestra que la mayoría de las veces los directores que provienen de Europa, Asia y Estados Unidos, llegan a México sin conocer la cultura ni al músico mexicano.

“Y aunque sabemos que la OFUNAM necesita un director de renombre internacional que le dé impulso extra a la orquesta, no estaría de más que comprendiera que estamos en México, un país culturalmente distinto”, asevera el intérprete que utiliza dos violines: un Julio Cesare Gigli y un Johannes Uberlicus Eberle.

¿Qué necesidades tiene hoy la orquesta? “Por ejemplo, las económicas, porque los sueldos siempre son castigados cuando llega la crisis. Además de esto, los insumos para los instrumentos no se hacen en México y el de las cuerdas y el mantenimiento del instrumento cuesta en dólares, que corre a cuenta de cada músico”.

Otro problema es el sueldo, asevera, lo cual ha propiciado que los músicos busquen otros trabajos o actividades para completar su ingreso. “Obviamente entre mejor sea el sueldo menor necesidad existe de buscar trabajos fuera de la orquesta.

“Aquí llegamos a un punto importante: el músico no busca un trabajo por fuera por gusto, sino por necesidad. Pero si uno quiere tener una orquesta del mejor nivel,  le tienes que pagar para que no tenga la necesidad de buscar algo más. Y si queremos tener una agrupación de un alto nivel, se debe empezar por ofrecer un sueldo digno al músico”, asevera.

¿Qué panorama de la música clásica observa en México? “Veo dos versiones. Por un lado tenemos un país con orquestas que han tenido un repunte increíble. Por el otro están los problemas sociales, donde las clases más bajas no tienen la forma de acercarse a esta sala y, a veces, ni siquiera saben de su existencia”.

Falta más repertorio

Para el director de orquesta Iván López Reynoso, la OFUNAM es una orquesta que en los últimos años se ha consolidado dentro del panorama nacional, porque se trata de una agrupación que ya está fundamentada y consolidada, con una plantilla que ha rejuvenecido en los últimos años.

Cabe señalar que López Reynoso creció profesionalmente en esta orquesta, a su paso entre 2011 y 2013, ejecutando cerca de 80 conciertos. “Pero ahora, la orquesta se encuentra a medio camino entre el legado de Latham Koening, su más reciente director artístico, y la búsqueda de su siguiente director artístico, por lo que al parecer este año tendrá temporadas llena de directores huéspedes y solistas importantes”, explica.

Por otro lado, considera que éste es un buen momento para que la orquesta y su administración definan su repertorio. “Considero que la OFUNAM podría tener, a partir de ahora, una mayor flexibilidad en su repertorio, abriendo su búsqueda a la oportunidad de hacer más Bach, Haendel, Haydn, Mozart y Schubert”.

¿La agrupación se ha centrado demasiado en el repertorio del siglo XX?, se le cuestiona. “Faltaría el repertorio antiguo y no sólo abordar del clasicismo en adelante. Es momento de que la orquesta haga un análisis de cómo quiere llevar las temporadas venideras, sobre todo ahora que no hay una cabeza artística en la batuta para tomar esas decisiones”.

Por último están las palabras de Federico Ibarra, quien desde 2011 ya alertaba sobre el peligroso descenso del público universitario que asiste a los conciertos, aunado a la falta de revisiones sobre autores y obras raramente ejecutados en México.

Asimismo, destaca que en el rubro del repertorio programado “en la actualidad las orquestas en México –incluida la OFUNAM– han dejado de programar obras y compositores del periodo barroco, con algunas excepciones (como el oratorio El Mesías de Haendel”.

Y derivado del análisis que realizó en la historia completa de OFUNAM, revela que en las últimas cuatro décadas de música, el siglo XX ha tenido supremacía sobre el repertorio antiguo, sin dejar de lado que los compositores vivos de 1970 a la fecha no han conseguido un lugar digno.

Temas: