El juego de los artistas; reviven su memoria infantil
La muestra Piedra, papel o tijera invita al espectador a hacer un paréntesis creativo y a evocar, a través del dibujo, la pintura, el grabado o la instalación, su infancia y sus deseos; el curador Juan Coronel Rivera propone un acto de libertad
CIUDAD DE MÉXICO, 27 de marzo.- El curador Juan Rafael Coronel Rivera invitó a medio centenar de artistas mexicanos a hacer un paréntesis en su creatividad “seria”, para abrevar en su memoria infantil —personal o social— y volcarla en un objeto lúdico cercano al juego, como un acto de libertad, de inocencia, de fantasía y de recreación.
Del ejercicio resultaron 69 piezas de 48 artistas que, si bien su soporte es el lenguaje de los adultos, presentan un abanico de posibilidades para divertirse con los recuerdos, los deseos y el entorno. Los objetos —en soportes como la fotografía, el dibujo, la pintura, el grabado o la instalación— integran la muestra Piedra, papel o tijera: El juego de los artistas, que se inaugura hoy en el Museo Mural Diego Rivera.
“Convocados en esta exposición a relacionarse con su infancia, los artistas retornan en el tiempo y, desde allí, relatan, repiten, trastocan, gozan o padecen. Confirmamos, pues, que si el arte es una acción lúdica, el juego fue, a su vez, una acción artística”, afirma Elisa Ramírez Castañeda, narradora y socióloga, en el ensayo que forma parte del catálogo de la colectiva que se presentó el año pasado en el Centro de las Artes de San Agustín Etla, Oaxaca; en San Pedro Museo de Arte de Puebla, y el Centro Cultural Clavijero, de Michoacán.
La propuesta parte de la idea del juego como una acción de alegorías sin reglas, una entera libertad de elección que se pierde en la vida adulta; por lo que los artistas podían retomar su juguete preferido, sugerir un recuerdo específico o simplemente representar lo que para ellos significó la infancia.
Aunque no acostumbrados a estos “juegos” estéticos, participaron artistas como Alberto Castro Leñero, Arnaldo Cohen, Abraham Cruzvillegas, José Luis Cuevas, Yvonne Domenge, Andrea Garza, Roger von Gunten, Daniel Guzmán, Graciela Iturbide, Perla Krauze, Dr. Lakra, Vicente Rojo, Betsabeé Romero y Francisco Toledo, entre otros.
“Las obras de esta muestra son una declaración de principios. Las veo como un corte de caja. ¿Se conectaron con su infancia? Algunos reclamaron al ser sacados de su cotidianidad para ligarse con un tema específico y en muchos casos lejano de sus objetivos plásticos”, detalla Coronel Rivera en la introducción de la muestra, donde explica que el título es una referencia al juego de manos antiguo.
En el recorrido, lo mismo hay juegos y juguetes que requieren de habilidades físicas o destrezas mentales, como los que son meras ilusiones. Entonces, se establece un diálogo entre diferentes reinterpretaciones de resorteras, coches de madera, trompos, rompecabezas, pelotas y globos de artistas de generaciones y disciplinas diversas, que en otro tipo de curadurías no se encontrarían.
Por ejemplo, Daniel Lezama (Cd. de México, 1968) presenta la pintura en óleo sobre lino El sueño del balero, que muestra a una pareja de niños durmiendo y sosteniendo entre los dos un mismo balero. Mientras Rogelio Cuéllar (Cd. de México, 1950) produjo la imagen El juego que todos jugamos, una fotografía en blanco y negro de un niño sentado en la base de una escalera con canicas.
Junto está el armable de madera Juguete activo, de Vicente Rojo (Barcelona, 1932), los Cubos rompecabezas, una serie de cajas pequeñas con letras, animales y números impresos a manera de sellos, y la fotografía Niña en los caballitos, de Los Olvidados, presentada por Gabriel Figueroa Mateos.
Lo que Coronel Rivera describe como una pluralidad visual que, además de discutir el concepto de juego, hace también una revisión de las técnicas, lenguajes y propuestas de los artistas mexicanos en activo.
“Hay dos juegos que son el eje de esta exhibición, metáfora de nuestros tiempos: el trompo y el rompecabezas. El primero con su zumbido sin vértigo y la belleza de su giro sufí. El segundo, totalidad quebrada y revuelta que debe reconstruirse con paciencia, y a pesar de la dificultad, da esperanza a la posibilidad de recuperación”, apunta Ramírez Castañeda.
El proyecto se promovió desde la Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Infantil, Alas y Raíces, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con la idea de sensibilizar a los niños en la apreciación del arte a través de objetos familiares, aunque, a decir del curador y la socióloga, en el presente el juego de infancia está contenido en una pantalla o consola.
“Se han perdido también los espacios donde antes se jugaban canicas, avión y carreras al aire libre. Ya no hay calles para los niños. Los juguetes cada vez se complican más, la industria del juego invierte el proceso natural donde el juguete necesita jugadores; ahora, el juguete, no el jugador, es quien determina el juego”, lamenta la investigadora.
Al final, el mosaico de objetos apuntan a una memoria colectiva, pues aun cuando su leiv motiv es la infancia de cada creador, el espectador podrá proyectar sus propios juegos, afirma Coronel Rivera: “Podríamos simplemente divertirnos, dejarnos llevar por la liviandad del trompo, hipnotizarnos con el golpeteo de la traca-traca, mirarnos en el vaivén del yoyo”, invita.
- Título: Piedra, papel o tijera: El juego de los artistas.
- Autor: Juan Rafael Coronel/Elisa Ramírez Castañeda
- Editorial: Conaculta, México, 2014, 134 pp.
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