Enfrentan legado de Fuentes y Cortázar

La narradora y ensayista Luisa Valenzuela publica un libro en el que muestra las coincidencias y divergencias entre el autor mexicano y el argentino

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La ensayista Luisa Valenzuela. Foto: Archivo FIL Guadalajara
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CIUDAD DE MÉXICO, 15 de octubre.- Carlos Fuentes y Julio Cortázar, dos monstruos de la literatura en lengua española que intentaron decirlo todo. Dos autores poco comparados entre sí, pero en cuya actividad literaria tuvieron insospechados puntos de contacto, dice a Excélsior la narradora y ensayista Luisa Valenzuela, quien publica Entrecruzamientos, un ensayo con las coincidencias y divergencias entre El Águila Azteca y el Gran Cronopio quienes, a la postre, se convertirían en dos contrabandistas culturales.

Para empezar, ambos admiraron el trabajo de Pierre Alechinsky y de Luis Buñuel, comenta la autora, se inclinaron por el deseo y el erotismo como una suerte de caballos desbocados, escribieron cuentos similares: Chac Mool y El ídolo de las islas Cícladas, cada uno creó una obra maestra: La región más transparente y Rayuela, y sus restos fueron sepultados en el mismo cementerio.

Al final, Fuentes y Cortázar son dos autores que han aportado una enorme libertad a la escritura, dotados con un enorme estilo y un gran conocimiento del idioma, afirma Valenzuela, quien participará en una mesa redonda dedicada a Cortázar en la FIL de Guadalajara e impartirá una conferencia magistral dentro de la Cátedra Julio Cortázar, en la Universidad de Guadalajara.

Es claro que no volveremos a escribir como lo hacíamos antes de estos dos grandes autores, aunque no los conozcamos, porque su literatura es un salto cuántico por su libertad y profusión en su escritura, explica.

En su idea original, este libro quería compilar algunos textos que la autora había escrito sobre ambos autores, incluso barajeó la posibilidad de titularlo Abrazos, incluiría algunos encuentros entre ambos autores.

“Pero de golpe, empezaron a saltarme los temas y las personas que uno no espera, como la devoción de Cortázar por Buñuel y la amistad que éste sostuvo con Fuentes, al punto en que quiso filmar un par de cuentos de ambos”, explica.

Otro dato de coincidencia es que ambos tuvieron una hermana, y esto resulta curioso porque en Argentina no tenemos mucha noción de Ofelia, la hermana de Julio; y creo que en México tampoco se habla mucho de Bertha Fuentes, quien ya ha publicado un par de novelas.

Pero el punto de partida de este cruce que Valenzuela presenta, inicia con la palabra imaginación. “La imaginación fue el caballo de ambos, a todo galope. Uno de ellos parecía galopar por las pampas del lenguaje en pos del inalcanzable horizonte, el otro trepaba montañas al tiempo que las rocas se desprendían a su paso y construían ciudades”, escribe.

Sin duda, la imaginación fue un punto de convergencia, “y poco a poco aparecieron más, como el hecho de sus dos libros póstumos y otros puntos de estos dos escritores tan disímiles, en apariencia, pero que se admiraban mutuamente”.

También están las divergencias, por ejemplo, el hecho de que Cortázar era introvertido y Fuentes mucho más extrovertido e histriónico. Por un lado, Carlos hacía públicas sus opiniones, de viva voz y por escrito, y Julio no menos demostrativo con la obra que lo entusiasmaba, lo decía todo en voz baja, en privado.

Además, la obra de cada uno responde a una distinta música de fondo y a una diferente latitud de la geografía y del deseo. Sin embargo, Cortázar excava en busca del secreto escondido, mientras que Fuentes apila estratos para tratar de acceder a la inalcanzable altura.

“Julio Cortázar moraba en lo lúdico como en su propia casa. Porque la casa de lo lúdico tiene también sus sótanos y mazmorras, como toda mansión que se precie; tiene sus zonas de sombra que Julio no se privó de recorrer hasta el punto de ponerlas al descubierto en medio de la risa”.

“En cambio Carlos Fuentes, el otro jugador de esta partida, entra de pleno en lo oscuro sacudiéndose las tinieblas del lomo, dejándolas donde pertenecen, en el texto, para abrirle a quien lee las puertas del horror”.

En el fondo, asegura, ambos tuvieron esa especie de enorme culto por el conocimiento literario profundísimo, dos vidas entregadas a la literatura y a la ficción, cada una desde su lugar.

¿Qué aportaron estos entrecruzamientos?, se le cuestiona a la autora de novelas como Cola de lagartija y Cuidado con el tigre. “En este entramado confluyen mareas subterráneas de toda índole, que uno puede ir descubriendo, es lo que permite una constante relectura de las obras de ambos, cada uno en su estilo y con una voz muy propia y una intensidad particular”.

Cada uno tuvo su maestro. Fuentes viene de Alfonso Reyes y Cortázar de Vicente Fatone, aunque Borges planea sobre ambos en la depuración del idioma, expone. “El aporte es riquísimo y creo que nuestra literatura le debe mucho a los dos, aunque no se hayan imitado las voces, sino simplemente por la comprensión de los mundos que se imbrican”.

Puede ser que mucha gente sea fuenteana o cortazariana, unos más inclinados por el estilo barroco o clásico, añade, pero lo único cierto es que ambos enriquecieron nuestra literatura de una forma excepcional.

Al final, Luisa Valenzuela reconoce que “Fuentes es a la novela lo que Cortázar al cuento: un ferviente enamorado”. Y aunque ambos podrían nos ser encasillables, “estoy segura que nadie me reprochará enmarcarlos a cada uno en un género”, concluye.

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