Bellas Artes se viste de ‘mariposas’ amarillas para despedir a Gabo

Música clásica, flores amarillas y nutridos aplausos recibió la urna con las cenizas del escritor colombiano Gabriel García Márquez

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22/04/2014 05:54 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de abril.-El palacio de mármol, máximo recinto cultural de la Ciudad de México, se tiñó de amarillo; el de las rosas que colorearon el vestíbulo alfombrado para recibir la urna con las cenizas de Gabriel García Márquez, que fue despedida por más de 50 mil personas, según informó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Fue el homenaje póstumo al Premio Nobel de Literatura 1982, quien falleció el 17 de abril a los  87 años de edad, luego de permanecer ocho días hospitalizado en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, y diez más convaleciendo en su casa.

Por la puerta de la Sala Principal, Mercedes Barcha, esposa del autor de Cien años de soledad, y sus hijos Gonzalo y Rodrigo, entraron alrededor de las 16:16 horas, acompañados por María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, y Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, quien colocó la urna sobre un pedestal.

Tras un minuto de aplausos de los invitados, entre amigos, escritores y editores, la familia formó la primera guardia de honor con Tovar y de Teresa y García Cepeda, al tiempo que el Ensamble Clifton interpretaba Danzas Rumanas y Rapsodia Rumana.

Siguieron en las guardias las nietas del autor colombiano y su hermano Jaime García Márquez, y tal vez la escolta más emotiva fue la de sus asistentes Mónica Alonso y Genovevo Quiroz, con personal de servicio de la casa de Gabo –como le llamaban sus amigos cercanos– quienes recibieron un aplauso de los asistentes.

Cerca de 20 minutos después, las puertas del palacio se abrieron para que el público general entrara luego de esperar en la explanada hasta más de cuatro horas para despedirse de su escritor, de su Gabo.

Sin detener el paso, los lectores, principalmente jóvenes, pasaron frente a la urna, y desde ahí depositaban las flores a una caja negra colocada en las escalinatas. Algunos lograban tomarse una foto, y otros apenas dejar ramos de rosas sobre las escaleras.

Lo que en algún momento parecía un acto solemne, tuvo tintes de fiesta colombiana con la entrada de un grupo de músicos populares que, formados en la fila del público, interpretaron canciones de vallenato, género autóctono del Caribe que el autor de Noticia de un secuestro disfrutaba escuchar y bailar.

Fue cuando los nietos del escritor e incluso su esposa, a quien llaman en honor La Gaba, aplaudían y dibujaban una sonrisa en su rostro, en medio de pésames, abrazos y besos que amigos y funcionarios les ofrecían en muestra de cariño.

Diez minutos después de las 19:00 horas las puertas del recinto se cerraron para esperar la llegada del presidente Enrique Peña Nieto y su homólogo colombiano Juan Manuel Santos, acompañados por sus esposas Angélica Rivera de Peña y María Clemencia Rodríguez de Santos, respectivamente.

Luego de saludar a la familia García Barcha, el mandatario Colombiano dijo que su visita al recinto era para dar cuenta de que Gabo, el más colombiano de los colombianos, seguía vivo, y celebró que se le recordara entre los murales de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

“Hoy venimos a la tierra de Rulfo y de Reyes, de Fuentes y de Paz, a traer nuestro brazo solidario a La Gaba, esta gran mujer que llevó el mundo sobre sus espaldas para que su esposo escribiera; a Rodrigo, Gonzalo, a toda la familia de nuestro Gabo, y venimos a dar testimonio de que Gabo sigue vivo”, expresó.

En seguida, Peña Nieto resaltó la fortuna de que fuera México el país que el autor colombiano eligió como segunda patria a donde llegó en 1961; aquí, dijo, fortaleció su familia, escribió su novela máxima Cien años de soledad, e hizo amigos entrañables.

“Aquí los mexicanos vimos crecer con admiración ese árbol frondoso y eterno que es García Márquez, los mexicanos lo quisimos y lo habremos de querer siempre. Su inspiración y su ejemplo estarán siempre con sus amigos”, dijo.

En su participación, Tovar y de Teresa señaló que al novelista se le debe la creación de un continente: Latinoamérica. “La literatura de América Latina se volvió universal en el siglo XX gracias a una generación de escritores encabezada por García Márquez que recurrió a la realidad para inventar la vida del hombre. El realismo mágico no es más que la naturaleza realzada, vocabularios y expresiones enriquecidas”.

Así, el presidente de Conaculta definió al autor de La hojarasca como un descubrir de mundos. “Al igual que Juan Rulfo, Gabo fue un nuevo descubridor, un bautizador de un nuevo mundo, se dio a la tarea interminable de darle nombre a América. Aquí Gabo pudo sin celos, en perfecta concordancia, ser colombiano y mexicano”.

Entre los asistentes, estuvieron los escritores Homero Aridjis, Jorge F. Hernández, Ángeles Mastretta, Silvia Molina, Héctor Aguilar Camín; los periodistas Jacobo Zabludwsky y Guillermo Angulo; los editores Carlos Ramírez, de Santillana, y Marcela González, de Alfaguara y Taurus.

También Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno del Distrito Federal; el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, el político Porfirio Muñoz Ledo,  Jaime Abello, director de la Fundación Gabriel García Márquez; Carmen Miracle, esposa de Álvaro Mutis, y Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes.

Conforme la tarde avanzó, y se escuchaban melodías como Sueño de amor, de Liszt y Va Pensiero, de Paganini  llegaron Homero Aridjis, Adolfo Castañón, Felipe Garrido y Miriam Moscona.

Tras los discursos, ambos mandatarios realizaron la última guardia de honor, y con ello concluyó la ceremonia. A la salida de los presidentes, la puerta del Palacio de Bellas Artes se volvió abrir para recibir a la gente que aún esperaba entrar; se estimaban que eran 200 aún formados.

El recinto cerró hasta que la última persona se despidió de Gabo, aunque de manera figurada, pues la familia retiró la urna de las cenizas al terminar los discursos.

Al final Gabo se despidió de sus lectores con remolinos de mariposas amarillas de papel que en la explanada del palacio se elevaron gracias al viento de la noche.

Más tarde, el INBA difundió un comunicado firmado por Mercedes, Gonzalo y Rodrigo en la que la familia reconocía los excelentes cuidados en el Instituto Nacional de Nutrición y su agradecimiento con esa entidad y con todos sus médicos, enfermeras y trabajadores no sólo por sus esfuerzos sino también por su discreción. “Un particular saludo al Dr. David Kershenobich, y al médico de cabecera de Gabo, Jorge Oseguera”.

La familia indicó que fue difícil este proceso tras la convalesencia y muerte del escritor a la luz de las cámaras, pero reconoció que en general ha habido moderación y respeto por parte de los medios, así como una franca expresión de afecto por Gabo como persona, escritor y periodista.

Pero –concluye– lo más conmovedor, por supuesto, ha sido la infinidad de gestos, comentarios y mensajes de admiradores y lectores del mundo entero. “Gente de todas las edades, extracciones y culturas ha expresado su amor por Gabo más allá de la tristeza de perderlo. Nos han hecho sentir que no lo han perdido sino ganado para siempre”.

“Paso a pasito llegamos”

El Palacio de Bellas Artes se convirtió en una fortaleza de mármol para que sus lectores tuvieran un momento de cercanía con las cenizas de Gabriel García Márquez. Hacia el mediodía ese palacio ya era un castillo donde miles de lectores hicieron fila para decirle adiós al creador de Macondo, el autor en lengua española más popular del planeta.

La fila de lectores nace en el Hemiciclo a Juárez. Es inmensa y se mueve como un río de sudor y carne, un caldo de lectores que bien pudo inundar el Estadio Azteca. A lo lejos sus figuras son las de tortugas que portan libros, mariposas y flores amarillas en las manos. Y ahí permanecen horas, estoicos al clima de un Macondo chilango que atraviesa tres estados: sol, lluvia y viento.

“Paso a pasito y llegaremos, ¿verdad, papá?”, preguntaba Homero tras permanecer dos horas en la fila. “Sí hijo, paso a pasito”. ¿Y para qué quieres ver a García Márquez?, se le preguntaba al niño de cinco años. “Para ver al rey de Macondo. Bueno, no era un rey, pero sí era importante, ¿verdad papá?” “Sí hijo, fue muy grande. Ya casi llegamos”.

A unos metros estaba Genis Jiménez, joven sicóloga de 30 años, nacida en Colombia, que el pasado domingo visitó la casa de Gabo para llevar un ramo de flores. Ahora trae en sus manos un ejemplar de El amor en los tiempos del cólera.

“Sé que es una fila bastante larga y no es para menos. Ha muerto uno de los personajes más importantes de la literatura hispanoamericana y me mueve a estar aquí ese sentimiento de vivir este momento histórico, pues es muy noble del pueblo mexicano este homenaje tan digno en el Palacio de Bellas Artes”.

¿Qué le dirías a Gabo si estuviera vivo allá adentro?, se le inquiere. “Le mostraría mi gratitud con letras mayúsculas, por esa genialidad y esa manera como retrató la cultura latinoamericana.”

Cien metros adelante un grupo de colombiano toca, canta y baila La gota fría. Su líder es Anderson Marbella, quien trabaja en el grupo Cartagena de Marbella, que se dedica a animar fiestas con ballenatos y cumbias.

“Ya tenemos dos horas de estar cantando vallenato y cumbia. Hemos tocado La pollera colorá, Los caminos de la vida y otras de Rafael Escalona, Silvio Brito, Wilson Choperena”. Casi por impulso vuelve a cantar y luego se interrumpe: “Ah, por cierto, no he visto un país que baile más la cumbia colombiana que México en el mundo entero”.

Al pie de la escultura ecuestre de Madero, ubicada en el acceso oriente de la Alameda Central, se encuentra Vladimir Montoya, joven de 30 años que realiza mariposas de origami para obsequiarlas al público que se le acerca.

Asegura que es maestro de origami y que ha expuesto en la galería de la embajada de Japón. ¿Y, por qué las mariposas?, se le cuestiona.

“Ah, es para honrar un poquito la memoria de Gabriel García Márquez con las famosas mariposas amarillas que se dan en el pueblo de Macondo”, dice.

¿Te formarás para ver las cenizas? “¡No!, yo decidí no entrar. Prefiero la fiesta con la ciudadanía que estar adentro con los presidentes”. En ese momento aparece la seguridad de los presidentes de México y Colombia y detiene la fila de lectores.

Hacia las 19.25 horas el cielo se rompe y comienza la lluvia. Sin embargo, los seguidores de Gabo ni se inmutan, continúan bailando, cantando y recuerdan lo que más les gusta de Cien años de soledad o de algunos cuentos. Se mantienen firmes, como Moais en la Isla de Pascua. No ceden su lugar. Y de la nada surgen impermeables, paraguas y la botana para los que ya sienten hambre.

Más allá aparece un nonagenario que bien pudo salir de alguna novela del Gabo. Es don Rubén Banda, quien porta un letrero en forma de paloma donde ha escrito: “Gabo, te veré en el cielo”.

Una hora después inician los gritos de desesperación afuera del Palacio de Bellas Artes. Son casi 300 voces que no se callan: “¡Fuera Peña!”, “¡Viva Gabo!”. Luego vienen los silbidos como si fuera un estadio de futbol. ¡Ábrannos! ¡Ábrannos!

Pocos minutos después la seguridad se retira del lugar y esas voces respiran con alivio. La fila avanza muy rápido, quizá demasiado. Pero al entrar en la boca del palacio descubren el engaño: ya no están las cenizas. Sólo han quedado las flores y el silencio. 

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