Discapacidad intelectual; una integral reinserción

Saraí, de 26 años, tiene una discapacidad intelectual y fue víctima de violación; ahora cuenta con trabajo formal   

thumb

CIUDAD DE MÉXICO.

En México hay cinco millones 739 mil 270 personas con discapacidad intelectual, de acuerdo con el censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2010 de ellos, 483 mil 45 viven en la Ciudad de México.

De este sector de la población, la única persona inscrita en un programa pionero de inclusión a la comunidad es Saraí de 26 años.

Actualmente el DIF local  brinda apoyo económico a 23 mil 39 personas con algún tipo de discapacidad intelectual; 10 mil 277 son hombres y 12 mil 762, mujeres.

De ese total 89 personas llevan programas de salud y rehabilitación y sólo 57 personas con discapacidad intelectual son viables para recibir cuidados alternativos, 36 son hombres y 21 son mujeres. 

Saraí es originaria de San Luis Potosí, presenta una discapacidad intelectual leve y durante toda su vida, desde muy pequeña había estado privada de cuidados familiares”, explicó Gamaliel Martínez, director del DIF capitalino.

Saraí juega nerviosa con sus manos mientras describe las manos y los pies de los bebés. “Me gustaría trabajar en una guardería, me gustan mucho los bebés, son curiosos, o me gustaría ser maestra de kinder”.

Ella vivía en un lugar llamado Casa Hogar Esperanza, el cual, luego de descubrir varias irregularidades en su funcionamiento fue clausurado. Saraí fue abusada sexualmente dentro de dicho lugar y actualmente la Procuraduría General de Justicia capitalina mantiene una investigación abierta por estos hechos y busca a

varios responsables.

El DIF capitalino propuso a Saraí para ser incluida en un programa pionero realizado por la Fundación Inclúyeme. Se trata de reinsertar a la persona en un hogar, el principal objetivo es la inclusión social de adultos con discapacidad intelectual.

Buscamos que eso que hacemos todos todos los días, desde levantarnos, prepararnos para ir a trabajar, salir, y regresar, lo podamos hacer mediante actividades aquí, también salir con amigos, ir al cine o de viaje”, explicó Angélica Cuevas Contreras, coordinadora de programas de la Fundación Incúyeme.

Destacó que la idea es que puedan contar con un presupuesto. “Nuestra meta es que todas las personas dentro del programa de vida independiente tengan acceso a una vida como la tenemos todos”, indicó.

El programa trata de que hombres y mujeres vivan en departamentos con un facilitador y lleven una vida lo más normal posible, incluso, cuentan con trabajos formales.

Dentro de este programa Saraí trabaja haciendo figuras de foami.

Para ir a mi trabajo me levanto a las seis de la mañana, y tengo que estar lista ya bañada, con la cama tendida y desayunada a las ocho de la mañana”, dijo.

Saraí a las nueve ya está en el trabajo, una fundación que se llama La Casita de San Ángel, donde realiza figuras como árboles de navidad, figuras geométricas, números y letras mayúsculas y minúsculas de foami.

Ella prefiere no hablar mucho de lo que le sucedió en la Casa Hogar Esperanza. “Me maltrataban y me decían cosas y la comida estaba grasosa”, se limitó a decir.

Una estrategia que implementamos en el Sistema DIF fue la vinculación con un espacio que le permitiera acercarse a esa vida en comunidad para poder desarrollar sus capacidades.

Gamaliel Martínez detalló que Saraí ahora está en un espacio en el que la activan para esa vida independiente. “Muchas de las fortalezas que nos dimos cuenta que tenía, las está poniendo en práctica”, detalló el director del DIF local.

Actualmente son 26 inquilinos, más o menos estamos mitad y mitad en cuanto a hombres y mujeres, tenemos departamentos para hombres y departamentos para mujeres en diferentes zonas de la capital”, destacó Angélica Cuevas, de la fundación.

Indicó que no es un programa de residencia, y tampoco asistencialista, sino que “es un modelo en el que se busca la inclusión plena, social, comunitaria, recreativa de los chicos en su vida cotidiana en la comunidad”.

Saraí vive con tres mujeres más y su facilitadora en un departamento en la colonia Del Valle. Entre todas preparan su comida, su favorita son los chilaquiles rojos. Los sábados sale de paseo, a veces al cine, a veces también a museos. Los domingos son “de flojera”, así les dice ella.

A veces me levanto hasta las dos de la tarde y ya no hago nada porque el lunes debo despertar a las seis de la mañana para trabajar”, detalló.

La Fundación Inclúyeme busca consolidar su modelo de inclusión para que cada día más personas con discapacidad intelectual pueda beneficiarse de él.

En su pagina www.incluyeme.org hay espacios para contactarse y poder ayudar con fondos o también en especie.