El americanismo
Como todo imperio, ha caído en decadencia por abandonar la esencia de sus más elementales ideales.
Mucho se ha hablado del americanismo, pero hasta ahora nadie ha encontrado una verdadera definición de lo que significa para el club pionero y el más ganador en la historia del futbol mexicano. Para tratar de descifrarlo, hay que repasar su trayectoria desde que apareció en el balompié de primera fuerza, máxime que está por cumplir 95 años de fundación.
El club América estuvo integrado en un principio por jugadores mexicanos, la mayoría estudiantes. En 1924 se le escapa la oportunidad de ganar el primer título gracias a un acto de honestidad deportiva, hoy llamado fair play. En juego vital contra el RC España, el capitán Rafael Garza le preguntó a García Besné si había anotado con la mano.
El Fofo dice que sí, se anula el tanto, ganan los hispanos que a la postre se coronan.
Un año después, en 1925, el conjunto crema arrasa y pone fin al reinado extranjero iniciando una hegemonía de cuatro años. Base de la primera selección nacional en 1923 y columna vertebral de la expedición a la primera Copa del Mundo en 1930, pero esa grandeza y solidez se transforma en soberbia.
En 1959, Emilio Azcárraga Milmo fue el primero en visualizar el gran negocio del futbol espectáculo a través de la televisión. Para ello, compra la franquicia que había sobrevivido al descenso. Comienzan las grandes inversiones con la filosofía de que en el América deberían jugar los mejores, tan es así, que a nada estuvieron de convencer a Pelé.
Así, luego de 37 años de sequía, el club vuelve a conseguir dos objetivos, el campeonato de liga y acabar con la hegemonía del Guadalajara.
El título cumple ahora un ciclo de cada cinco años: 1966, 1971 y 1976. Después, apuestan a la flamante Escuela de Futbol y, apostando a la paciencia, la defensa vuelve a ser producto de las fuerzas inferiores, pero siguen contratando a los mejores futbolistas de medio campo y ofensiva para dominar en la década de los años 80.
En los 90 cambia radicalmente la política del equipo. Deja de trabajar con un secretario técnico que observaba, visualizaba y decidía la contratación de refuerzos. Ahora, esa responsabilidad la tienen los promotores. Disminuyen las inversiones, lo que provoca que juegue cualquiera y no los mejores.
Se apuesta por ex jugadores para la dirección técnica y puestos directivos sin arrojar ningún resultado.
El éxito de los 20 se debe a la capacidad individual y el futbol práctico. En 1966, 1976, 1984, 1985, 2002 y 2005 lucen como una máquina defensiva combinado con un ataque demoledor, en cambio, en 1970, 1983, 1987 y 1988, ofrecen un futbol versátil, vaivén constante anotando más goles de los que reciben, lo que muchos llamaron espectáculo.
Parece que la grandeza del equipo no está relacionada con la diversión que ofrezca, sino con los niveles de calidad que lo han llevado a la obtención de títulos, ése es el verdadero americanismo que, como todo imperio, ha caído en decadencia por abandonar la esencia de sus más elementales ideales y filosofías de origen.
