En México 86, ardió Ciudad Neza

Con goles de Elkjaer, los daneses tunden a Uruguay; y luego beben, fuman y se desvelan

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Elkjaer se convirtió en una pesadilla para la zaga uruguaya, con tres anotaciones. El delantero danés sumaba cuatro anotaciones y era el rey del gol en la primera fase del Mundial en México 86. Foto: Archivo Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.

Los habitantes de Ciudad Neza tenían un nuevo héroe: Elkjaer, goleador, vikingo y líder de una tribu nórdica acostumbrada a conquistar territorio enemigo y luego a fumar, beber alcohol y convivir con sus mujeres.

Así se asomaron al estadio Neza 86, primero venciendo a Escocia con gol de Elkjaer-Larsen, mismo personaje que daría tres puñaladas al selectivo uruguayo en la mayor goleada hecha a los campeones del mundo en  Uruguay 30 y Brasil 50.

¿Cómo prohibirles las noches de fiesta y mujeres a un grupo de futbolistas que se habían convertido en una máquina brillante, cuyo accionar en la cancha hacía pensar en el retorno del llamado futbol total?

El futbol belleza y espectáculo estallaba en el césped de un estadio edificado en Ciudad Neza, cuyos habitantes festejaban, con cerveza en mano, abrazados a los aficionados daneses que habían llegado hasta territorio mexicano con el ánimo de soñar con llegar a la final en una Copa del Mundo.

John Sorensen, intérprete de la delegación danesa, dijo en aquella ocasión que “ésta ya no es Ciudad Neza, es Ciudad Da-neza”.

En la cancha, de la mano del técnico alemán Sepp Piontek, se encontraba un equipo conformado -en su mayoría- por jugadores que actuaban fuera de su país. Entre ellos sobresalía la dupla de Elkjaer y Michael Laudrup, jóvenes que militaban en los conjuntos italianos Verona y Juventus, respectivamente.

Elkjaer se convertiría en el goleador de la Dinamita Roja, cuyos cuatro goles en dos partidos, lo hacían soñar con el liderato de goleo. Los últimos reyes del gol (Kempes y Rossi) se coronaron en Argentina 78 y España 82, respectivamente, con seis anotaciones. Y el danés estaba a tan sólo dos tantos de alcanzarlos.

Elkjaer marcaría aquella tarde a los minutos 11, 67 y 80. Los tres goles restantes los firmarían Lerby (41’), Laudrup (52’) y Olsen (88’).

El gol charrúa caería en un dudoso penal cobrado de manera limpia por Enzo Francescoli. El conjunto sudamericano sufriría la expulsión de Miguel Bosio al minuto 19 y el silbante en cuestión sería el mexicano Antonio R. Márquez.

El equipo se había ganado el mote de Dinamita Roja y hacía suspirar a propios y extraños, quienes recordaban a la otrora Naranja Mecánica del holandés Johan Cruyff.

Ello por el despliegue constante para ocupar posiciones en diferentes lugares del campo. Por los cambios de ritmo y aceleración de la mitad de la cancha hacia adelante.

Un equipo sensación que se permitía los placeres mundanos, mientras sus oponentes sufrían concentraciones sin visitas y sin bebidas embriagantes.

Después de golear a Uruguay, su estratega Sepp Piontek diría en conferencia de prensa: “vamos a celebrar esta noche”. Al cuestionársele sobre cómo era posible que permitiera la fiesta, las mujeres, el cigarro y el alcohol entre sus muchachos, el entrenador alemán argumentó: “Son gente madura”.

Además, eran líderes en el llamado Grupo de la Muerte, sobre los selectivos de Alemania, Uruguay y Escocia.