Lanzan campaña para proteger del alcoholismo a los preadolescentes del DF
La primera ingesta alcohólica se da a los 11 años de edad; es la tercera causa de muertes prematuras en la Ciudad de México

CIUDAD DE MÉXICO, 7 de marzo.- Desde los 11 años, apenas entrando a la secundaria o como iniciación al salir de la primaria, los preadolescentes comienzan a probar el alcohol y en tan sólo unos meses, muchos corren el riesgo de convertirse en alcohólicos, advirtió ayer la Secretaría de Salud local.
Con la adrenalina que les produce el hecho de beber y seguir siendo funcionales, el cuerpo de hombres y mujeres de corta edad se comienza a adaptar a esta sustancia tóxica, requiriendo cada vez más consumo.
Sin embargo, dicho hábito, que generalmente se inicia por la presión social y de pares, va acompañado con el respectivo daño al organismo que sólo es evidente cuando la persona crece y el hígado comienza a fallar, el cerebro no funciona igual y una cirrosis a temprana edad puede hasta arrebatar la vida, coincidieron especialistas en adicciones reunidos ayer en el Foro de Prevención del Uso Nocivo del Alcohol, organizado por el Instituto de Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA).
De acuerdo con estadísticas capitalinas, el alcoholismo es la tercera causa de muertes prematuras y es uno de los protagonistas en accidentes que derivan en alguna discapacidad, por lo que debe combatirse desde todos los frentes de la sociedad, siendo autoridades, organizaciones sociales, el Poder Legislativo y las propias familias los que abanderen la batalla, consideró Rafael Camacho Solís, titular del IAPA.
Bajo la premisa de no alcohol a menores de edad, cero alcohol combinado con el volante, y una intensa campaña de promoción al consumo responsable emprenderán acciones para incidir directamente en la población vulnerable.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones, 27 millones de mexicanos, aproximadamente de entre 11 y 65 años de edad, beben con un patrón excesivo, sin que exista autoridad, familiar o institucional que se los impida, por lo que la decisión personal, informada y con una clara conciencia de las consecuencias, es la única salida que ven por el momento.
Dicha fuente revela también que en los últimos años el consumo de alcohol en mujeres se incrementó, en especial en aquellas que cursan la secundaria, registrando hasta el momento 29 por ciento de la población total, que ha probado o es adicta al alcohol.
En la Ciudad de México está identificado el consumo excesivo de estupefacientes, entre ellos el alcohol, en adolescentes de las delegaciones Iztacalco, Iztapalapa, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero. Sólo en la UNAM se reporta que 16 por ciento de sus alumnos de bachillerato ingresa con problemas de alcoholismo, el cual inició desde antes de la secundaria, cifra que podría ser mayor al sumar al resto de los sectores de la población.
La Secretaría de Salud del DF reconoce que el alcoholismo, si bien requiere un gasto en los licores, no respeta clases sociales, por lo que jóvenes que viven en familias de altos ingresos consumen en la misma proporción que aquellos que sólo tienen acceso a licores de baja calidad.
José de Jesús Trujillo, titular de la APS, dijo que han instalado 32 unidades de orientación que se encuentran distribuidas en las 16 delegaciones para atender a los pacientes y al núcleo familiar, además se están realizando pláticas en los planteles escolares, donde se imparte orientación sobre la ingesta del alcohol en edades tempranas y su relación con el inicio de relaciones sexuales sin protección, embarazos adolescentes e incluso la comisión de delitos.
En el marco del foro, el presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Legislativa, Rodolfo Ondarza señaló que anualmente muere 2.5 por ciento de jóvenes, de entre 15 y 29 años, por causas realacionadas con el alcohol, cifra que en la Ciudad de México se ha reducido hasta en 87 por ciento debido a la implementación del alcoholímetro.
En su oportunidad, el presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales (FISAC), Jaime Graña, afirmó que es necesario implementar acciones eficaces que permitan reducir el impacto del uso excesivo del alcohol, como es el prohibir la venta y ofrecimiento de alcohol a menores de edad, ya que en muchas familias es común la frase de “mejor que tome aquí y no en la calle”, lo cual en lugar de protegerlos les afianza la adicción.
El tabaco no tiene barreras
Ante la muerte de seis mil personas al año a causa del tabaquismo, el Gobierno del DF prohibió fumar en espacios cerrados en abril de 2008, mandando automáticamente a los fumadores a la vía pública.
Esta medida, derivada del reglamento de la Ley de Protección a los No Fumadores, pretendía que al restringir los sitios para fumadores indirectamente éstos redujeran poco a poco su consumo, aunado al aumento en el precio de las cajetillas, lo que preveía un escenario complicado para mantener la adicción, la cual, al igual que el alcoholismo, rebasó las barreras de género y aunque anteriormente de cada siete varones que fumaban una mujer lo hacía, actualmente fuman a la par.
De acuerdo con la Secretaría de Salud capitalina, dicha estrategia redujo en 20 por ciento los infartos cerebrovasculares y 10 por ciento los infartos al miocardio, que presentaban los capitalinos cada año.
Pero, pese a las cifras alentadoras, la mayoría de los fumadores activos no han dejado de serlo, encontrando espacios y momentos para satisfacer su adicción, lo que no ha reducido la tasa de mortandad ni de enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco.
Para ellos, la dependencia local creó un programa de atención al tabaquismo, presente en los 32 hospitales y 230 centros de salud de la dependencia local, en el que gratuitamente los ayuda a emprender el combate contra la adicción.
En tanto, los llamados fumadores pasivos, que son personas que por el hecho de respirar el humo del cigarro se exponen a daños en su organismo, han resultado los más beneficiados con la medida restrictiva, ya que según la Secretaría de Salud hubo un descenso en los casos de enfermedades respiratorias de quienes no fuman pero que conviven o viven con un fumador.
EL EDITOR RECOMIENDA



