El dilema de Claudia

Claudia Sheinbaum enfrenta uno de los dilemas más complejos de su carrera política: definir su propio liderazgo y estilo de gobierno, o permitir que Andrés Manuel López Obrador siga dictando la agenda. Este dilema no es trivial, ya que las consecuencias pueden ser ...

Claudia Sheinbaum enfrenta uno de los dilemas más complejos de su carrera política: definir su propio liderazgo y estilo de gobierno, o permitir que Andrés Manuel López Obrador siga dictando la agenda. Este dilema no es trivial, ya que las consecuencias pueden ser significativas, tanto para su administración como para el país. Los recientes temblores bursátiles provocados por el anuncio de la mayoría calificada de Morena de acelerar la aprobación de un paquete de 20 reformas de AMLO antes de que Sheinbaum asuma la Presidencia en octubre próximo son un claro indicativo de los riesgos que ella enfrenta y enfrentará.

Desde su nacimiento, Morena ha girado en torno a la figura de López Obrador. Su liderazgo carismático y su capacidad para movilizar a las masas han sido pilares fundamentales del movimiento. Sin embargo, antes o después, Sheinbaum deberá trazar la línea entre lo que aún podría ser influenciado por AMLO y lo que deberá ser definido exclusivamente por ella. Este proceso no será sencillo, ya que requiere de una redefinición de las órbitas políticas dentro del partido y del país.

Sheinbaum ya ha comenzado a marcar su propio camino. Su llamado al diálogo y apertura a la pluralidad del país son señales claras de su intención de diferenciarse. Además, su rápido mensaje sobre la reforma al Poder Judicial, indicando que deberá estudiarse y debatirse en modo “parlamento abierto” y no aprobarse en fast track en septiembre, es una muestra de su deseo de establecer un estilo de gobierno más incluyente y deliberativo, pero, sobre todo, ahora mismo, de no permitir que esta incertidumbre ponga en jaque, en términos económicos, el arranque de su propio gobierno.

Este enfoque contrastante con la tendencia de López Obrador de imponer reformas de manera rápida y a menudo controversial, puede ser una estrategia efectiva para Claudia. Si logra desde ahora posicionarse como una líder abierta al diálogo y a la construcción de consensos, puede ganarse la confianza de sectores que han sido críticos de la administración actual. No obstante, esta postura también conlleva riesgos. La resistencia de los seguidores más leales de AMLO y la posibilidad de fracturas internas en Morena son desafíos que la nueva Presidenta deberá ir calculando y resolviendo.

El equilibrio entre mantener la base electoral de Morena y al mismo tiempo ensanchar sus áreas de maniobra y gobernanza será clave para el éxito de Sheinbaum. Su capacidad para navegar estas aguas turbulentas determinará como arranca y cómo definirá desde el principio el tipo de gobierno que quiere encabezar.

En este sentido, Claudia Sheinbaum deberá ser astuta y estratégica. Su liderazgo tendrá que ser firme, pero flexible, capaz de adaptarse a las cambiantes realidades políticas y económicas no sólo del país, sino del mundo. La habilidad para gestionar las expectativas de sus aliados y oponentes será crucial para establecer su legitimidad y autoridad.

En conclusión, el dilema de ser o no ser amloista en muchos temas no es sólo una cuestión de lealtad política, sino una prueba de su determinación para construir su anunciado “segundo piso”. La redefinición de las órbitas dentro de Morena y del país dependerá en gran medida de su habilidad para equilibrar las influencias de AMLO con su propia visión y estilo de gobierno. Si logra hacerlo, Claudia Sheinbaum podría no sólo continuar con el legado de la transformación, sino también llevarlo a nuevas y quizá más elevadas alturas con un enfoque renovado y más eficiente.

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